martes, 24 de diciembre de 2013

Una mano, dos abismo y cientos de pájaros que no saben a dónde irán.


Y cayó en la cuenta; en la cuenta atrás. Como aquellos que no quieren pillarse por nadie, pero que acaban más pillados que aquella pinza del tendedero de su azotea, llena de pájaros que no tenían muy claro a dónde tirar. Y ella, con su pájaro en mano, mientras los cientos volaban, continuando sin saber a dónde partirían.

Pero de golpe comenzaron a escampar, asustados por aquel grito desgarrador, cuando pronto el único pájaro había conseguido escapar. Y la noche volvió a nacer, viendo desde el horizonte como aquellas ilusiones se escapaban junto con el único pájaro que había cabido en su pequeña mano. Y esa mano volvió a cerrarse, a cal y canto, olvidando darle una de arena, llena de cicatrices y tantos mal tragos.

E imaginó como sería volar, cómo cuando tocaba el suelo con los pies, pero el corazón planeaba alto, al igual que todos aquellos pájaros. Y volvió la cuenta, pero acelerada, notando como la noche le alumbraba con pequeñas estrellas; pero la luz de la ciudad las apagaba, con una envidia muy mal escondida. Y ella quería volver a notar la luz, sin llegar a volver a ver el Sol, por miedo a que se convirtiera en aquel alcohol que te escuece porque sana, pero que te da miedo, porque sana.

Pero corrió hacia el punto más alto de aquella azotea, ya vacía de pájaros, ya vacía de sonrisas y pequeñas travesuras. Y corrió, con aquella energía que sólo un loco guarda; porque la locura nunca se pierde, o eso se decía a ella misma. Pero corrió, y se paró al borde del abismo, vislumbrando aquella ciudad muerta, pero, a la vez, llena de vida. Y cerró los ojos y la mano, aquella que había dado de comer a su amor, ya tan llena de cicatrices.

Respiró hondo, y por primera vez dejó de mirar aquel abismo, para mirar otro nuevo; para mirar el abismo que habitó siempre más allá de su cabeza. Y por fin una lágrima cayó del cielo, o ya no sabía muy bien si venía de sus cuencas, pero ella seguía mirando, ya sin saber muy bien si esperando que aquellos pájaros volviesen.

Pero no volvieron, y ella se quedó mirando a su cielo estrellado, o a su vida estrellada, entre tanta muerte a sus pies. Y que quizás ella seguiría inmersa en su locura, en sus ganas de volar más allá, por no quedarse más acá; pero ella seguiría viva, y dejaría a la ciudad morirse entre envidias mal curadas, por no poder ser locura, y por no poder tocar el cielo con una mano llena de cicatrices. Una mano que ahora llora, pero que mañana volvería a abrirse.

Y se abrirá, como una flor que se abre sin temor, aunque sabiendo que, en el fondo, tendrá el mismo final que todas. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Los 6 días.

Y a los 6 días se hizo domingo, quitando los lunes, que era día de odiar que marchabas de nuevo a tu segundo hogar. Que tu hogar estaba cercano a mis (a)brazos, y que no necesitabas mantas en inviernos para calentarte la coraza de metal. 
Porque como me costaba soltarte el alma, cuando de verdad lo que más deseaba era amarrarla al puerto de mi cama. Y joder, que si me preguntas cuánto me costaba soltar tu boca, tendría que poner en venta hasta la soledad, que es lo único que me quedaba de ti; e incluso tu olor, algo dulzón que quemaba mis labios y fosas nasales cuando recorría tu cuello, hasta rozar los límites de la locura. Porque no preguntes por mi cordura, si ni llegaste a conocerla, por yo no haberla tenido jamás. 
Y me quedé para el arrastre en cierta manera, sin llegar a conocer otras maneras de sufrir, por no poder seguir aguantándote la mirada en aquel juego, porque nunca pensé que tú querías mirar más allá.
Y te odio, porque has seguido sin seguir estando aquí. Y porque tampoco se me ocurrió guardar la llave de aquella puerta, de aquel motel barato de carretera; barato, por miedo a poder apostar hasta los dientes de leche, que era lo único que me quedaba de aquella inocencia, ya perdida. 
Y ahora la realidad ha vuelto a poner en mi calendario aquellos lunes que nosotros quisimos arrancar, y ahora tengo 6 lunes más en el calendario, esperando a que los ponga en marcha, sin que exploten, o sin que explote yo. 
Y ahora tengo 7 días para decirle al mundo que ya puede volver a ser mi mundo, aunque creo que va a decirme que lo tengo merecido por haber hecho el cambiazo contigo. 
7 días, que ya no 6, ¿y sabes? Creo que debería acostumbrarme a los número impares, ahora que vuelvo a ser una, y ya no dos.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Levantando pesos vacíos.

Un día te levantas, pero has vuelto a dejar a tu corazón durmiendo, empapando la almohada de sangre, que se confunde con la ralla corrida de esa noche llorando y sufriendo. Late, pero es como un repiqueteo breve, que dura lo que tardas en recuperarte de esa ansiedad, que lleva su nombre, y duele adrede.

Levantas el cuerpo, pero vuelves a dejar el alma, acurrucada en el rincón más hundido del colchón, machacado por sobrecargas de dolor y desazón. Caminas, pero a pasos parece que vuelas, apunto de estamparte con su primer "te quiero", que es lejano y lo sentiste de veras. 

Levantas la vista, pero agachando la mirada, llena de desesperación, que te grita en silencio, como una canción que jamás nadie escuchó. Se pierde en el blanco de las paredes, queriendo ocultar su color, por miedo a que nadie venga, y le robe lo poco que queda en su interior.

Levantas el presente, intentando convencerte de que es ahora lo que importa. Pero el pasado tira fuerte, y echas marcha atrás, sin darte cuenta de que vuelves a ser aquello que menos soportas.

Y es que has levantado una vida, pero se te ha olvidado resucitarla. Y ya no hay tiempo para menos, pero es que tampoco eres capaz de ver que si hay tiempo para más, pudiendo echar el freno, gritándole a la vida al oído: "¡nunca jamás!".


martes, 19 de noviembre de 2013

Orgullos a flor de lágrimas.

Oye, estoy orgullosa por tener el valor de seguir adelante con estas costuras que destilan sangre y dolor, que se desgarran en cada piedra en la que se enganchan sus pequeños hilos. Y no estoy orgullosa por tener el valor de aguantar cada estacazo que me deja clavada en cada golpe de mala suerte. 

Porque no soy capaz de descifrar una acertijo, y sí que era capaz de descifrar cada una de sus sonrisas; y vuelvo a derramar agua de mar. 
¿Recuerdas cuando repetías una vez y otra vez la misma broma, sabiendo que yo me reiría siempre? Ahora mi amor parece eso, algo que yo te recordaba siempre, y de lo que siempre tú te reías. 
La vida ha desenterrado mi peor secreto y mi peor miedo, porque sé más del dolor que provoca el amor, que del amor en sí. Y no puedo respirar hondo, sabiendo que hondo voy a caer yo, mientras una cámara graba en primer plano mis ojos aterrados, porque lo demás ya no importa. 
No era el tipo de chica que esperabas, porque fui yo la que fue a buscarte. Y solo traté de mostrarte que lucharía, ¿pero cómo se puede luchar en una batalla en la que la otra parte ni tan siquiera ha sacado la artillería pesada? 

Oye, estarás orgulloso por mostrarme las más bellas esencias del mundo con tan solo una palabra. Pero no podrás estar orgulloso por estas heridas mal curadas y peor cicatrizadas. 

Créeme, ojalá pudiese irme al rincón de pensar(me), pero todos están mojados de tanto llorar(te). Y créeme, quisiera volver a ser aquella niña que lloraba por nada, porque el amor es muy jodido y era feliz sin saber que existía; sin saber que tú existías, y sin saber que alguien más podría no valorarme.
Porque no duele más el recordarte que amarte, y aún miro en ausencia un reflejo en el que ya ni me encuentro yo. 

Oye, estamos orgullosos de decirle al mundo que un día nos quisimos, o que un día pensábamos que fue así. Pero, hoy, por parte de los dos, yo digo que no podremos estar orgullosos de haber creído que era amor, si no fuimos capaces de mantenerlo vivo en un fuego que ya se apagó. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Siempre la misma reflexión.

Te atreviste a decir que fuimos, cuando ni siquiera tenías intención de ser junto a mí.
Sencillamente te bastó vernos junto al espejo para saber que aquí podías ser feliz.
Pero ya ni las sonrisas serían capaces de apagar tu miedo de sucumbir ante tal desliz.
Y es que ya no bastaba acariciar tu pecho, intentando alcanzar tu corazón, sin temor a sufrir.
Dime, ¿quién abrirá tus puertas hoy, intentado evitar las balas del desamor?
Sabes que en el amor y la verdad ya no puedes confiar, y aún así yo te quise con tanto valor.
Créeme, que en las distancias todo se salva, pero yo no soy capaz de salvar ya todo mi rencor.
Supongo que es cierto que el tiempo todo lo cura, pero lo cura cuando tú vuelves a sentir aquel calor.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Viniste, viste y me venciste.

Respiro tan hondo como puedo, teniendo la certeza de que así me ahogaré lo más pronto posible en este desierto al que llamas cuerpo. 
Ya ni tan siquiera soy capaz de imaginar oasis en los que saciar mi sed, y es que me has arrebatado tu boca en la que yo creía con toda mi fe. 
Mentiras, engaños, dolor y dolor. ¿Por qué doble dolor? Sencillamente porque en tu cama me amaste, pero ahora solo a permanecido tu olor. 
De tu sabor, ya no queda rastro, y de mil veces que he tragado saliva, mil veces que te he perdido aún creyendo que tú me querías. 
¿Sabes?, jamás quise ser perfecta para ti, porque me bastaba con ser de los dos, pero ni así te complací. 
Aquí, donde tú decidiste abrirme antes de piernas que de alma, y donde mi alma salió por patas en cuanto tuvo oportunidad. 
¿Qué pretendes? Viniste, viste y me venciste, en la cama, en el juego, y en la vida. 
Y si no tuviste suficiente, todavía mi corazón, donde quiera que esté, late por lo que fuiste.
Pero ahora creo que mi corazón ha emigrado a mi pie, creyendo que mis pisadas no le harán tanto daño como vivir en el hueco vacío en el que se ha convertido mi pecho. 
Pero ahora que ya no queda nada de lo que eras, creo que va siendo hora de convertir mi retirada en una batalla perdida, porque  a ti, ya te di por perdido hace mucho tiempo.
Estarás orgulloso por tenerme rezando a un Dios que no me escuchó, porque le pedí un alma gemela y me ha traído mil noches en vela, sin ninguna compensación.
He quebrado mis lágrimas en la acera, y es que no podía soportar el tráfico de gemidos silenciosos que dejamos en mi casa. He quebrado mi cabeza en el cabecero, intentando revivir momentos que ya jamás se harán realidad, ni por muchos años que pasaran, porque tampoco pasarán. 
Y he quebrado mi vida para que mi cuerpo no tuviera que soportar tanto dolor, repartiendo mis pedazos, dosificando todo el desazón. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Perder.

Me he perdido en ciudades, porque me cerraste oportunidades para perderme en ti. 

Y joder, como escuecen las lágrimas cuando caen sin paracaídas por mis mejillas, chocando contra mis labios, haciendo que desee saborear de nuevo tu sabor. Pero a mí, que las lágrimas no me hacen más rojos los ojos, si no los labios, vuelvo a querer saborearlos, y morderlos, teniendo en cuenta que antes fueron siempre tu perdición.

Y lo sabes, que estoy perdida en esta ciudad sin tu mano, como cuando recorría cada milímetro de ellas en público, porque en privado no te privabas de recorrerme entera.
Tú, que supiste como romper las barreras, ahora deberías estar aquí recogiendo todo lo que te dejaste, y has sido tan cabrón de dejarme tu recuerdo para quemarme el cuerpo al mirar las cicatrices de tus besos.
Le estuve pidiendo al tiempo un tiempo para seguir perdiéndome en ti, o más bien suplicándole que retrocediera para que tú quisieras seguir perdido en mí.

Dijiste que yo había sido aquello que habías buscado y ahora que te has ido, que supongo que es porque te diste cuenta que no buscaste bien, porque estás, pero sin estar.

Que quisiera seguir perdida en tu boca, que sigue siendo mi abismo más temido, ¿pero no dicen que los miedos se superan afrontándolos? Quisiera seguir perdida en tu pecho, aspirando aromas que ahora ya ni puedo y quisiera recordar, y créeme, podría pedir para navidad tu perfume. Quisiera seguir perdida en tu mirada, que en realidad no era nada del otro mundo, porque ya era mi mundo. Y quisiera seguir perdida en tu interior, que jamás había sentido yo una tormenta de tal calibre, aunque si hablamos de calibres, sigo sopesando con que arma matar tu recuerdo.

He pisado el suelo deseando que se hundiera bajo mis pies y volver al infierno, para sentir de nuevo lo que era estar en tu cama, mordiéndote la seguridad y tratándome mis vergüenzas.
Porque sí, porque estoy deseando correr hacía ti y perderme, para olvidarme, para dejar de llorarte, para dejar de no estar a tu lado, aunque tú sigas en todos mis lados.

Aunque perderme, que si lo piensas, yo ya estaba perdida sin ti.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Que te quedes en este verde.

Yo, 
que podría mirarte simplemente, 
prefiero hablarte desde el alma, 
sin más, 
sin menos. 

Y romperte los esquemas a base de penetrarte sin tocarte, 
sin decirte palabra, 
solo clavándote una pupila en tu pupila. 

Y bebernos en pestañeos, 
que fuesen tan breves como se pudiese, 
porque la vida pasa. 

Pero yo no quiero que pases como ella,
porque quiero que te quedes, 
para clavarme en tu vida. 

Y no sé, 
que si llueve por esta ventana, 
vengas y me beses lo mojado,
por no resbalarte al pasar por aquí. 

Y no sé, 
que te quedes en este verde, 
porque, 
aunque sea otoño,
yo juro arroparte con mi primavera.






lunes, 4 de noviembre de 2013

Porque no has sido el primero.

Nunca quise tocarte en realidad, y es que me daba miedo quemarme.
Ahora me pregunto si no me daba más miedo quemarte y que salieses corriendo. 
Solo supongo que jamás quise acercarme a ti, porque en el fondo sabía que uno de los dos saldría mal parado; y así ha sido, porque yo me he parado en medio de la vida, y de mala manera. 
Porque no has sido el primero, pero sabes que vas a ser el último.
Y cómo jode saber que vas a ser el último en mis pensamientos, y no el último en mi lista de prioridades. Cómo jode querer olvidarte y en el proceso recordarte cada vez más.
Cómo jode el obligarme a olvidar tu cuerpo, sin tan siquiera haber olvidado todo lo que tenías por dentro.
Y cómo jode tener que tenerte, sin llegar a poder hacerlo y sin poder querer que tú lo quieras. 
Aquí, ya no es doler por quererte, porque ya es doler por rutina.
Y yo, que siempre te dije que antes que ser rutina prefería olvidarnos, tú te adelantaste, y ya me has olvidado. 
Y quizás ella te de lo que yo si supe darte y no quisiste, porque sabes que me alegraré por ti, a sabiendas de saber que seré una estúpida más en tu lista de conquistas.
Por un momento llegué a pensar que el conquistado habías sido tú, y como dicen que la confianza da asco, yo me confié asquerosamente de haberte conseguido. ¿"Haberte conseguido"?, bueno, habernos conseguido, y qué ilusa. 
Porque sí; porque me salvaste por un tiempo de mí misma, que a punto de caer de bruces contra la realidad, me devolviste a aquel mundo del que yo quería regresar. 
¿Y sabes? Odio las mentiras, porque sé que siempre soy, y fui, la última para ti; la última en tu lista de prioridades y la última en la que pensarías para cualquier cosa. 
Y duele, porque tú me dejaste ir, y yo todavía no sé como irme de tu lado. 
Que aquí, la rienda suelta se la diste tú a mi corazón y ahora corre, dejando un reguero de sangre por donde pasa, clavándose la mierda del camino y latiendo desbocado detrás de lo que fuiste.
En el fondo, no te escribo a ti, porque le escribo a tu recuerdo.
Supongo que eso es lo único que me hace darme cuenta de que fuiste tan real como las historias de hadas. Y aquí, donde se supone que yo debía de ser la princesa de tu cuento, me he convertido en la música pesada y ñoña. 
Ahora tienes a otra princesa que te come la boca, o cualquier otra cosa.
Una princesa que se viste con bragas vaqueras y con escotes de puta, que enseñan una personalidad más bonita que la mía; una princesa que se pinta los labios de rojo solo por dejarte marca en el cuello, porque no tiene ni idea de como dejarte marca en el corazón.
Y una puta que te calienta la cama y te deja fría la vida, pero una puta, que al fin y al cabo, te tiene para ella sola. 
Porque no has sido el primero que me hizo sonreír, pero si has sido el último que me ha hecho llorar. 
Y sí, me has hecho más fuerte de lo que era, pero yo no quería ser más fuerte, si no ser tuya, ser de los dos.

martes, 29 de octubre de 2013

Lárgate.

Sabes que no te has ido, y podrías hacerlo de una maldita vez.

Mi almohada dice que está harta de que le hinque los dientes, y que me busque una nueva espalda.
Ya no sé como decirle que la abrazo como refugio, o bote salvavidas, pero no sé que intento salvar, si a mí la vida ya me dejó claro que prefería quedarse en la cama antes que vagar entre el frío. Y tonta es, porque sabe que el frío llegó a nuestra cama hace meses. Pero no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, o no quiere sentir, qué más da.

Han atrasado el tiempo, pero a  mí de qué me vale que me atrasen las horas si yo quiero que las adelanten, y que fluyan tan rápido que ni mis ojos sean capaces de seguirle la pista a las agujas del reloj. Que han atrasado una hora la desesperación de que te largues de aquí, lejos, por patas, o por miedo, pero que te largues. 

Mi vida no es capaz de decírtelo y, si te fijas, la verás buscando desesperada tu olor por toda la cama, y en el fondo ya sabe que cambié las sábanas hace mucho tiempo. Solo le faltaría correr hasta la más próxima perfumería y comprar tu colonia, e infectarme la cama de nuevo con tu olor a pasión muerta y asqueada. 
¿Odiarte? Ni se queda corto, pero me paso de largo. Simplemente, ya no eres. Tampoco fuiste, pero ya ni tan siquiera serás. ¿Quererte?, tampoco creas que tu amor dio para tanto, si ya sabes que es un suspiro lo único que pretendías darme, y creíste que yo no te daría suficiente calor como para soportar el incipiente invierno. 

Te escribo con voz de cansada y con letras llenas, en el fondo, llenas de resentimiento. Porque ya me he dado cuenta que no quiero nada, ni por asomo te quiero para nada. Un día si te quise para todo lo que el tiempo me diera tiempo y ya ves, que ahora solo quiero que pase rápido para que tú te largues lo antes posible. Pero no sé cómo decírtelo, si tampoco nos vemos; tampoco nos hablamos. Lo único que me queda es escribirte, sabiendo que me lees o, por lo menos, antes lo hacías. 

Los tic y tac me suena a impotencia y agobio entre libros y escrituras, y juro que si me vuelvo más loca es porque paso de volverme cuerda y ahorcarme queriendo. Tan solo espero que mi vida se muera del asco, que de amor ni yo podría resucitarla, y créeme, demasiado que sé de lo que hablo, y qué lástima.
Ahora sí, ¿te habrá quedado claro qué quiero que te marches? Porque espero que lo hayas entendido, aunque quien espera desespera, pero,...
...por última vez, : lárgate

martes, 22 de octubre de 2013

Abismos hechos boca.

No buscaba inspiración, y es que tampoco te buscaba a ti
que justo en el momento en el que creía que el amor era para dos,
yo volví a encontrarme que ni era para .
Sabes como mata el no quererte, y ya no es morir por el sentimiento, 
si es que he necesitado dos vidas para que se suicide él, y me deje tranquila. 
Y que no voy detrás, porque veo que el abismo se parece a tu boca cuando me tragaba en aquellas noches donde yo reía como una ilusa; pero que gran verdad, si en realidad si lo era. 

Que me toco el corazón, o eso intento, metiendo mi mano hasta lo más hondo de mi pecho. 
Pero salta, y niega con su bombeo, 
exclamando que prefiere esconderse en los recovecos de mi cuerpo, 
más caliente que aquel portazo que diste al salir de nuestras vidas. 

Hablándote, las horas ni eran horas; más bien dedos caminando por mi espalda, 
trazándome tu mapa del tesoro hasta la conjunción de mis piernas. 
O quizás era mapa de tu escondite, que no quisiera yo encontrarte ya nunca jamás,
en aquel lugar donde dicen que los niños no crecen, 
y Peter Pan ha olvidado a Wendy y se folla a las sirenas. 

Supongo que a mí, el tiempo no quiso darme la razón, 
sabiendo que negando la evidencia, no sería menos evidente. 
Y sé que mis sonrisas ya no encuentran la fuerza para salir a flote en un naufragio donde mis lágrimas golpean con furia mis mejillas, intentando limpiar mi existencia, 
que se ha vuelto una furcia buscando nuevos barcos en los que embarcarse

Que si me dijeron ayer que no te quisiera, y hoy lo sigo haciendo, 
espero que mañana me digan que volviste
y que tu recuerdo solo sea un precioso reflejo del olvido. 
Y que si te quise, jamás fue queriendo, porque a querer no me gana nadie, 
y ya me he cansado de ganar todas las partidas, recibiendo como premio el abandono. 

Ahora yo bailo con la soledad y es algo que no me preocupa,
porque puedo pisarle los pies sin miedo a que quiera largarse. 
Y bueno, que si te dijese que no tengo miedo, volvería a mentir, 
porque tengo miedo a que ni la soledad se apiade de
Qué no sé qué es más triste, si que los monstruos de debajo de mi cama se hayan buscado otra donde dejar de oír los llantos, o que yo les busque a ellos para sentirme útil. 

Quisiera partirte la boca
y lo jodido es que quisiera hacerlo a besos mientras me agarras por la cintura y bajas tus manos, clavándome las uñas en las caderas. 
Y gemir, y llorar, y sonreír. Todo en tu boca
Y vuelve a ser abismo donde no quisiera volver a caer. 
Pero de que sirve no querer volver, si jamás quise marcharme
O bueno, que te marcharas. 

Me jode que no me jodas, y ya suficiente es que me jodiste el cuerpo en vida, 
porque no necesito que me lo jodas en estado de coma. 
Pero qué coño voy a saber yo que quiero, si no paro de contradecirme
y bien sería que vieneses mismo a contradecirme en mi propia cama cuando yo te dijese que no, 
y tú me dijeses que sí.

Yo ahora me trago mis palabras, porque me muero por reclamar tu abismo hecho boca
que recordándote, me apetece volver a caer en él, con prisas, con ganas, 
y con saber a derrota. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ya no.

Creo que mi mente quiere entenderte cuando yo decido no esperarte; cuando quiero apartarme y seguir sola hasta Roma. Llegar y plantar mis pies ante el Coliseo, y decirme a mí misma que hasta los edificios más antiguos son capaces de soportar las más pesadas cargas. 
¿Sabes?, no quiero ir a Roma, porque quiero ir a todas partes. Viajar y recordarte, sin destino, ni final; sin armas ni amor, ni tan siquiera dolor. Volver, irme, y volver a irme. Quedarme, marcharme, y jamás regresar. Porque quiero volar, tan lejos como sea posible del cielo, y no sé si es porque las nubes me saben a poco si puedo pisar tu mismo suelo.
No. No estoy haciendo ni diciendo lo que quiero. Y qué contradicción cuando sé que te quiero, cuando al mismo tiempo no te soporto. Qué contradicción fue saber que ya no te necesitaba, y ya no saber, si no sentirlo, que fue más duro. 
¿Qué si he (mal)gastado tiempo de la vida? No. ¿Qué si he ahogado tiempo de mí misma? Quizás.
Y mira, que ya no sé si quiero saber, o es que ya no quiero querer. O quererte. Pero lo dicho, ya no sé. Muero por matar contradicciones que matan mis razones, y continuar creyendo(te), si es que mi razón lo diese por valido. No debería, y aún así viajo entre mis posibilidades de seguir o continuar; seguir esperándote, aún cuando mis pies me arrastran, o continuar mis pasos, si aún ni he marcado huella. 
No digas bipolaridad si tienes claro que no te apetece soñar pudiendo vivir la realidad. Qué no soporto que me digas no puedo más, si siempre te dedicaste a dar menos.
Y vuelvo a no saber, a no querer, y ahora empiezo a no creer. Que hablan de religiones para aferrarse al borde del abismo, cuando yo rechacé quererte por no acabar crucificada. Y que si tú quisiste, yo también podría haber querido. Pero lo dicho, ya no sé, ni quiero. 
¿Sabes?, al olvido le dí todos tus recuerdos, y el muy cabrón me los ha devuelto, diciendo que debo aprender a vivir con ellos yo solita. Que ya lo decía mi corazón, que demasiado capullo había todavía sin abrir para que la abeja no se adentre en su interior. Y hablando de corazones, ¿qué tal late el mío? Porque desde nuestras sábanas aún se le escucha aquella forma de retumbar con cada muestra de amor. Lo jodido es escucharle gritar, porque jamás le dimos atención. 
Volviendo a lo que no fue, no puedo hablar de ello si no llegó a nacer. Así que, que me llamen loca, o poetisa, si me he dedicado a recorrer cada paso de una historia imaginaria que jamás pudo florecer.

Lo dicho, ya no. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Caídas directas a la piscina.

Aún recuerdo su timidez la primera vez que nos miramos a los ojos, y aún recuerdo mi sonrisa inocente cuando por fin le dije "hola".
Yo era más que una simple acompañante en un simple asiento y bueno, él no era más que el simple copiloto de su propia vida; y nadie imaginaba que pronto también lo sería de la mía.
Todo empezaba como empiezan las cosas que no quieren ser empezadas: por el principio. Y como dos niños pequeños, las risas comenzaban a fluir entre suspiros de temprana ilusión.
Oí mil veces aquello de que "las cosas de palacio van despacio", pero aquí no habían princesas, ni mucho menos príncipes.
La vida se sentía bien, distinta, apasionada, ¿pero no es así como se debe sentir una cuando las cosas marchan con extremada fluidez? Solo que él me sentía lejana; quizás porque en el fondo mi desconfianza a lo ajeno y al dolor gritaban a mi corazón que se alejase lentamente, sin hacer ruido.
Yo, que soy más de mirar la piscina desde lo lejos. Ya sabes, que quien no arriesga no gana, pero si te atreves, guárdate un pequeño pedacito para cuando la partida haya acabado.
Besos y caricias, acompañados de confesiones bajo las estrellas, pero sinceramente, un techo también nos valía para seguir queriéndonos sin compromisos, porque entre dos, a mí jamás me había importado el lugar. La verdad, no eran ni sus ojos, ni su picardía, porque más bien no sé que era.
De esas veces que te dices a ti misma que como ha podido suceder, porque sin darte cuenta, los días sin él son más tristes y apagados. Y ese es el más grave de los errores.
Yo es que a veces me levantaba solo porque en mis sueños no le podía tener, y eso que muchas noches me dormía junto a su olor, después de darme un beso de despedida en el portal.
"Me hace ilusión dejarte un día un mensaje en el móvil, diciéndote que bajes, que estoy en tu puerta", y él ya sabía como hacerme sonreír sin grandes frases elaboradas, ni llenas de versos; porque los versos los provocábamos con la boca.
Ya le decía que era el peor hijo de puta que había conocido en toda mi vida, y me era imposible decirle un te odio sin que se me escapase una sonrisa de estúpida. Y bueno, si querer a alguien incondicionalmente es una estupidez, no tengo más que añadir.
Que dicen que un recuerdo siempre viene acompañado de una canción, una película, pero es que sus jadeos en mi boca siguen siendo mi perdición cuando mi memoria los evoca.
Y que triste es pensar que darlo todo solo sirve para perder el doble: te pierdes, y le pierdes.
Que el amor ya no sé si entiende de egoísmo o amor propio; lo único que sé es que a mí me ganan a las dos.
Sí, supongo que la vida está hecha para valientes que deciden tirarse a la piscina. Eso, o para personas que creen que es mejor saltar desde del vagón de un tren en marcha, creyendo que el suelo que pisarán será mejor que un amor que no pide billete, ni de ida, ni de vuelta.

martes, 1 de octubre de 2013

Un crujido tan ensordecedor.

Un crujido. 

Solo se oyó eso cuando saliste por mi puerta.
Y no te engañes, si  ya te has ido.
Porque aquel irritante sonido no procedía de la puerta desgastada que te dejaste abierta.

Un crujido, tan ensordecedor que hasta los pájaros dejaron de cantarle a la nada, volando descontrolados, asustados por instintos animales y con miedo, propagándose por todas sus extremidades aladas.
Un crujido que hasta paralizó el tráfico de esta ciudad muerta, donde cada coche era un recuerdo de nuestra historia, que lentamente había dejado de funcionar sin fuel ni meta.
Un crujido que detuvo las agujas de mi joven reloj, congelando el momento exacto en el cual decidiste que el exterior te haría brillar más que mi propio amor. Sin tener en cuenta que ya ni un relojero lo haría resucitar, porque cuando algo muere, ya ni una inyección le otorgan esas ganas de continuar.
Un crujido que estalló las ventanas de las estancias huecas de esta casa, donde antes solíamos gritar y reír a la vida, como si afuera no hubiera nada más que un callejón sin salida.
Un crujido, que hasta las mismas entrañas de la tierra se sacudieron sin parar, creyendo que por fin llegaría el exterminio de esta sociedad, que muere a cada trago, ebrios por las mentiras y la soledad.

Te fuiste, y te engañaste a ti mismo diciendo que aquel crujido fue un hecho de lo más normal.
Y yo creía que de verdad te habías ido, pero sigues en mis recuerdos, sin ser consciente del dolor que me causas en realidad.

Ahora ese crujido se hace más nítido a cada instante, porque vuelven los recuerdos, ahogándome con todos tus desplantes.

Y joder, ahora lo recuerdo bien.
Que aquel crujido que se oyó, no fue más que mi corazón, rompiéndose en mil pedazos por el dolor y la traición.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Un juego para niños de 3 años.

Hoy me he dado cuenta que me hacen falta canciones de más para poder seguir llorándote a escondidas. 
Supongo que eso no significa que en mi mente ya hayas encontrado aquella muerte prematura que querías, pero el tiempo ha creído saber completar huecos que tú antes solías rellenar sin intención. 

Antes de ayer soñaba que enterraba un cuerpo sin vida, e imaginé que era mi corazón. Hoy me he dado cuenta que era tu amor, o más bien un suplemento vitamínico para que yo no notara la diferencia. 
Y claro que sigo llorándo(te), pero más lloro por los bonitos recuerdos que algún día mi memoria decidió convertir en tesoro. Y lloro, por saber que fui más de nosotros que de mí, porque solo los niños ven la vida como si fuera un juego. Porque eso fue en tus manos: un maldito juego para niños de 3 años.

Sigo prefiriendo tus mensajes de buenos días, pero sin ti, tampoco es que sean malos.
Deseo más una tarde contigo, comiéndonos aquellos helados, que comerme uno dentro de esta soledad. Pero sin ti, el helado no se ha vuelto más amargo, solo más lleno de libertad. 
Añoro esas noches, contigo, en ti, mirando una película, comiéndonos a besos, o la vida, no sé. Pero comprendo que las noches para ti estaban hechas para follarte la vida, o a otra, tampoco lo sé.

A mí, que tu poca madurez me valía de poco cuando te tenía a mi lado; ahora la valoraría más, para que hubieras querido ver y notar aquello que nacía en mi interior. Pero la madurez no entiende de edades, más bien de experiencias. 

Que si me dicen ahora que el amor no está hecho para cobardes, tampoco les daría la razón. Aunque si habláramos de nuestro caso, aquí la damisela en apuros siempre habías sido tú.

¿Acaso buscas tu media naranja? Pues qué pena, porque sabes que la fruta, si no la disfrutas tú, otro viene y se la lleva. 

Antes, era capaz de decirte en dos idiomas totalmente opuestos cuanto me importabas. Ahora mi lengua, que ya no está enredada con la tuya, te diría en cien idiomas lo imbécil que has sido. Pero siendo sinceros, ni tú quieres volver a escucharla maldiciéndote (ya sea aquí, que en tu cama), ni yo quiero malgastar mi voz en oídos que no escuchan y con palabras que no te valen la pena, ni tan siquiera la risa. 

En esta libertad que unos se encargan de llamar soledad, diría que tú has encontrado una nueva escapatoria para seguir con tu vida. Y aquí, lo que menos jode es que sigas tú camino. ¿Lo qué más?, que ni yo seré tu vida, y que otra será tu destino. 

Yo, que quizás comencé este texto teniendo en cuenta mi dolor, acabo teniendo en cuenta más cosas que lo peor. Porque ya sabes que para mí, la distancia no da el olvido, ni el tiempo sirve de rehabilitación, pero por lo menos a cada paso que das más allá de mi corazón, es una brisa nueva para acabar con todo este desazón. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Llena la boca de recuerdos.

Quizás yo me cegué ante la luz que un día trajiste a mi interior,
 pero ya no llega ese resplandor a mi corazón.
Probé a dejarte entrar en mi vida,
 pero no te sientas privilegiado,
 porque a todos les dejo probar a opción con salida. 

Acariciaste mis virtudes y besaste cada uno de mis defectos,
 y digo yo que solo fue por un momento, 
porque nadie es perfecto.
Ahora quiero ser yo la persona que te devuelva esa sonrisa que ellas te quitaban, 
aunque tú ya no quieras verme pasar por tu casa,
 pidiendo lo que antes ansiabas,
 y más tarde yo ya nunca encontraba. 

Créeme, 
que el dolor es algo pasajero cuando se trata de nosotros dos. 
Pero, hoy por hoy, 
tengo que tragar cada una de tus palabras sin compasión.

Mirándome al espejo, 
y recordándote, puedo atisbar una pequeña sonrisa,
 y adivina que se marcha cuando te imagina largándote con toda tu prisa. 
Porque siempre soy yo la de la mala suerte, 
esperando encontrar a alguien que de toda su honestidad 
y me convierta en esa chica fuerte.

Además,
 sabemos que no soy dueña de tus pensamientos,
 cuando caminas por la avenida de la soledad, 
ni cuando tiras las sábanas de nuestra pasión, 
borracha, dando tumbos por la ebriedad. 
Pero quiero creer que aún recuerdas mi saber amar, 
y más cuando otra regresa para romper tu fortaleza sin ninguna piedad. 

Me cerraste una puerta, 
y mantengo la esperanza a encontrar una ventana con el pestillo roto.
 Y digo yo,
 que si buscabas ver mi alegría muerta,
 te quedaste con las ganas cuando me enseñaron un nuevo camino en el fondo. 

Y claro que duele imaginar que entraste en mi vida,
 siendo mi extraño más interesante,
 pidiendo a cambio toda mi sinceridad 
y encontrándome yo una vida más emocionante. 
¿Pero qué pasó por la mente de tu corazón?, 
porque ya no soy aquella que paseas por tu habitación.

Decías ser sincero cuando comentabas que tu camino se marchaba por otra dirección, 
pero en el fondo nuestros caminos seguían unidos, sin tomar la decisión. 
Porque ya me conoces,
 y tienes la certeza de que te llamaría para decirte: "ven, y corta nuestra unión",
 sabiendo que sabemos que recordaremos aquello que con tantas ganas vivimos,
 hartándonos de escalofriante dolor.

Y atento a lo que dicen, 
que mejor pájaro en mano, 
que ciento volando.
 Solo que en este caso no te apetecía comer perdices, 
y preferías seguir tu camino andando. 

Perdí hace mucho la cuenta de las veces que me aconsejaron olvidar mi pasado,
 pero nadie es tan fuerte como para dejar los buenos recuerdos a un lado. 

Contigo,
 y con todos,
 ya aprendí que no te puedes fiar ni de tu propia sombra, 
pero todo me parece ya una absurda broma. 

Sé que me queda el soñar, 
y no tanta realidad, 
que si un día pude ser feliz sin ti,
 mañana podré volver a reconstruirme con las piezas de todo lo que fui. 

Y repetiré que no fuiste tan importante,
 porque si querías ser libre, 
no podrás decir que no te deje volar a tu aire. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lo siento.

Lo siento

Siento no ser perfecta.
Siento no ser lo que esperas.
Siento hacerte daño sin darme cuenta.
Siento no estar cuando lo requieres.
Siento no darlo todo cuando podría.
Siento no quererte como necesitas.
Siento no darte el espacio que buscas.
Siento no limpiar tus heridas cuando me lo pides.
Siento no ser lo que necesitas cuando lo necesitas.
Siento no haberte dado lo que pedías. 
Siento no haberte buscado cuando lo pretendías. 
Y siento no marcharme a tiempo.

Lo siento

Siento no ser perfecta, pero ni tú lo eres. 
Siento no ser lo que esperas, porque soy lo que soy, no lo que tú quieras. 
Siento hacerte daño sin darme cuenta, pero tú siempre lo hiciste queriendo.
Siento no estar cuando lo necesites, porque ha llegado el momento de parar.
Siento no darlo todo cuando podría, porque he arriesgado demasiado para perderlo a una carta.
Siento no quererte como necesitas, porque me harían falta tres vidas y un corazón por cada estación.
Siento no darte el espacio que buscas, pero es que mis esperanzas me hacían buscarte.
Siento no limpiar tus heridas cuando me lo pides, porque no quiero quemarme por culpa de ellas.
Siento no ser lo que necesitabas cuando lo necesitabas, porque lo he sido, pero te superaba.
Siento no haberte dado lo que pedías, porque te dí más y no lo quisiste. 
Siento no haberte buscado cuando pretendías que lo hiciese, porque me he dado cuenta de la realidad. 
Y siento no marcharme a tiempo, por ti, por todo, pero sobretodo por mí.

Pero lo que nunca voy a sentir es:

Estar cuando yo creía que lo necesitabas.
Quererte como en realidad yo pensaba que te merecías.
Darte todo lo que veía que te convenía.
Otorgarte aquellas palabras que yo necesitaba decirte.
Sentir lo que sentía, sin miedos.
Romperme y volver a reconstruirme, sin haber estado a tu lado.
Sonreír cuando de verdad quería.
Llorar cuando de verdad era necesario.
Decirte lo que debías escuchar, por mucho que no quisieses.
Mostrarte mi interior, por muy desordenado que estuviera.

Y darte una llave, para entrar a mi corazón.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Que más quisiera yo.

Que más quisiera yo que ser aquella que besa sus hombros y muerde su cuello, olvidándolo todo y convirtiéndole en mi dueño.
Recorrer, milímetro a milímetro, cada una de sus cicatrices, sanándolas entre mis brazos, cerrando con llave todo lo que la razón dice.
Y acariciar su corazón con palabras llenas de sentimiento, y desprovistas de cualquier dolor encubierto.

Que más quisiera yo que ser aquella que lame su sabor, sin esperar notar un regusto amargo de fondo, chocando contra mi alma sin compasión.
Tocar con los ojos esas partes a las que no llegan las manos, siendo en nuestra cama los únicos ciudadanos.
 Y susurrar nada a la nada, esperando encontrarle sentado en mi portal, rezando porque llueva y se lleve todo mi pesar.

Que más quisiera yo que ser aquella que siempre está, dándole los buenos días con cada despertar.
Ojalá ser su almohada en noches de tormenta, y que me abrace tan fuerte como si un ogro estuviera llamando a su puerta.
Y ser aquella que se engancha de su brazo, o ser aquella a la que abraza sin temor a perderle tras un engaño.

Que más quisiera yo que ser aquella a la que grita por quererla demasiado, doliéndole, porque el amor se lo cobra el diablo.
Quizás ser simplemente su amiga, para estar a su lado y escuchar sus penas por no escribirlas en papel con tinta.
Y ser pájaro en su vuelo, que por no cortarme las alas, yo quisiese dárselo todo, pintándole colores en el cielo. 

Que más quisiera yo que ser aquella por la que tanto muere, y en el fondo siempre desespera porque tanto la hiere.
Poder hablarle en vez de escribirle, mientras ella le arranca la vida, sin demostrarle todo lo que vale, sin llegar a escuchar en realidad todo lo que él dice. 
Y porque siempre creí que yo podría salvar todas sus diferencias, amando sus pequeñas virtudes, siendo los dos grandes cometas.

Que más quisiera yo que ser aquella por la que deberías luchar, pero no siempre se trata de querer, si no más bien de necesitar. 


sábado, 7 de septiembre de 2013

Esto va por mí.

A lo largo de los años muchas portadas de grandes y pequeñas historias me han dado pistas equivocadas y, en ocasiones, todo lo contrarío.

Yo solía empezar los libros por el final, porque en el final te encuentras aquello por lo que de verdad has luchado. E, incluso, podrás encontrarte todo aquello que de verdad mereces. El problema está en creer, y no en tener la certeza.

Ahora empiezo por el principio, pero jamás dejo un libro a medias por esperar que el final no vaya a ser de mi agrado.

He contemplado grandes vidas, que han acabado en la nada por darlo todo. He leído grandes historias, que no obtuvieron su final feliz. También he escuchado maravillosas leyendas para no dormir. Pero ahora soy yo la que narra su propia historia, y no la destaco en ningún género, porque hace años fue una novela infantil, ayer fue una tragicomedia, ¿pero mañana?

De lo que estoy segura es que mi historia todavía no tiene título, y mi certeza es saber que soy yo la que desea continuar rellenando sus páginas. No serás tú, ni nadie, quién decida su contenido. Pero podrás ser tú, o cualquiera, quién interfiera en los acontecimientos.

En el fondo me alegro de no ser historia encerrada en un libro, o proyectada ante un millón de espectadores. Eso significaría que mi vida ya no tiene solución, y que me toca asumir aquello que los demás han impuesto para mí.

La verdad, por el momento no me importan ya los finales, porque acrecientan mi impaciencia. No tengo prisa porque pasen los días, ni los años, y no tengo prisa por encontrarme a alguien no deseado.

Pero de una cosa estoy segura, y es que tengo prisa por dejar mis miedos atrás; por abandonar todo aquello que no me deja continuar y por barrer mis lágrimas, mirando hacía delante.

Supongo que mi historia no va a tener un final de princesas, ni tan siquiera de persona especial. Será un final, con todas sus letras, con todos sus acontecimientos, mentiras y hechos. Será mi final, pero antes que nada, tengo que continuar rellenando páginas conforme la marcha.

Hay días en la vida que deseamos saltarnos, no escribirlos, hacer de tripas corazón y olvidarles. Pero, ¿acaso eso no sería omitir gran parte de la historia, ocultando los detalles de cómo hemos llegado o de quiénes somos?

Me gusta, demasiado, hundirme en lo que pudo ser y no fue. Me gusta imaginarme la vida desde otra perspectiva, pero soy realista.

Tu vida puede ser mejor, o peor, pero disfruta de tener en tu mano tus propias decisiones. Tampoco vamos a engañarnos, porque más de una vez toca lidiar con algo que se escapa de las manos. Y es que tenemos que ser fuertes, y toca enderezarlo todo cuando por fin pasa la tormenta.

Aquí estoy yo, hoy, sabiendo que mi historia está aún por escribir, y he tirado el borrador a la basura. No quiero, ni voy a borrar partes que escribió otra persona por mí. No voy a tachar aquello que un día pude decir, ni tampoco voy a romper páginas para dejar huecos en medio de la nada.

Y siendo sincera, esto no va por nadie, porque esto va por mí.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

A veces, echaba de menos.

Eramos dos desconocidos, tratándose en el juego de nunca acabar.
Salía el sol, y tú iluminabas más mi triste vida que sus rayos, quemando mis heridas sabor a mal.
A veces, echaba de menos soñar.
Pero contigo, es que siempre era volar.
Y suponía que la vida era eso que pasaba mientras tú, me hacías vibrar.
Pero no siempre las cosas son tan bonitas, y todo pasó tan rápido, tan superficial.
No sentía dolor, porque seguías apretando mi corazón entre tus manos.
Y apenas quería alejarme de ti, por temor a que olvidaras lo que era amarte sin reparos.
Nuestro último rincón en la tierra lo encontrábamos en tus sabanas, sin que pasaran los años.
Lo que pasa es que mi alma acabó pisoteada, sin querer darme cuenta del daño.
A veces, echaba de menos correr sin parar.
Pero contigo, es que siempre era pararme y luchar.
Y sé que el amor no es la mejor salida para empezar una nueva vida.
Pero simplemente prefería buscar eso, que empezar otra huida.
Ahora es cuando nos damos cuenta que la distancia no es el olvido.
En nuestro caso, valía más eso que dejar ganar a nuestro peor instinto.
Que nada acaba, cuando sigue estando vivo.
Lo que no sé es si serás tú, o yo, quien dé todo por perdido.
Hoy continúa esa sonrisa en mi cara al recordarte.
Pero ni idea cuánto durará el pasar del tiempo al esperarte.
A veces, echaba de menos sentir algo de amor.
Pero contigo, es que siempre era vivir por dolor.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Él.

Él sonreía, y era mi momento para caer rendida ante la pasión adulterada de la vida.
Él me acariciaba, y era mi momento para soñar despierta entre sus brazos, sabiéndome amada.

Él me decía las cosas más bellas al oído, y era mi momento para creer que de verdad era el indicado, sin duda por haberle creído.
Él suspiraba en mis labios, y era mi momento para suponer que jamás se cansaría y sería mi bien más preciado.

Él miraba dentro de mi interior, y era mi momento para perderme también en su mirada de loco sin razón.
Él hablaba en silencio, y era mi momento, sabiéndome reina de su reino.

Él me llevaba de la mano a cualquier lugar, y era mi momento para saber que deseaba ir a nunca jamás, sin pensar en el qué dirán.
Él reía, y era mi momento para perderme entre su risa y el aire de sus pulmones, creyendo que por fin no tendría que sufrir más por amores.

Él se fumaba el tiempo, y era mi momento para que nada ni nadie me importase, aparte de su mundo y mi tormento.
Él limpiaba mis lágrimas con sabor y saber a mal, y era mi momento para conocer lo que era amar, aprendiendo a respetar.

Él quizás me lo dio todo, y era mi momento para aprovecharlo sin notar el corazón roto.
Él quizás esperaba no darme nada, y era su momento para parar antes de acabar desgarrándose el alma.

Él. El lugar donde yo lo fui todo.
Él. El lugar donde no quiso que yo fuese nada.
Él. El lugar donde encontré la inspiración.

Él. Mi pasado.

Él.

sábado, 31 de agosto de 2013

Ni más, ni menos.

Dime, ¿cómo quieres que le sonría a la vida si cuando empiezo a vivirla me la arrebatan de las manos?
Porque de una lágrima malgastada que se consume en mi mejilla le suceden un millón más, en cascada, sin retorno ni final.
No ha sido el momento indicado, ni el lugar adecuado, pero lo doloroso es que no has sido la persona correcta. La persona capaz de darme todo aquello de lo que carecía, y todo aquello que cada uno se ha encargado de arrebatarme.
Ni siquiera sé si de verdad ha llegado mi momento. El momento de rendirme y ponerme en la cola de los que no esperan ya nada de nadie, y solamente avanzan lentamente, convirtiéndose en muertos en vida.
En el fondo me estoy repitiendo, pero quizás lo haga para hacerme a la idea de que me has abandonado, creyendo que mi pequeño corazón no iba a sentir tu partida.
Mañana estaré bien, y lo sé. Mañana recordaré todo ésto y me diré a mi misma que  fue necesario para avanzar un poco más. Y mañana me diré a mi misma que nada ni nadie merece todo el sufrimiento de una sola persona. Pero no será  hoy, porque hoy no es el momento para estar bien. Porque hoy no puedo ni quiero mentir. Y porque hoy sigo sintiendo que me apetece estar bajo tus brazos, llorándole a la vida, diciéndole que vuelva y diciéndole a la tuya que la coja de la mano.
No hay excusas para romper en mil pedazos a una persona, creyendo que no le dolerá.
Y si, he perdido. He perdido la batalla, la guerra y hasta las ganas de dar un paso más. He perdido la esperanza, he perdido la sonrisa, he perdido las putas ganas de querer a nadie más. Todo eso he perdido, yo, que dije que jamás me pasaría; yo, que siempre he sido la de los consejos y la de "no vale la pena".
Y la verdad, es que no vale la pena. No vale la pena morir por dentro y sonreír por fuera. No vale la pena demostrar a los demás que sigues siendo la misma de siempre cuando, en realidad, nunca más volverás a serlo.
Ésto es un "suma y sigue". Yo sumo decepciones y me tocará prepararme para seguir adelante.
Eso sí, hoy no será cuando retome el camino, porque hoy me apetece dejar para mañana lo que podría hacer hoy. Ayer le regalé mis fuerzas, y sin intenciones de devolverlas, voy a tener que esperar para que vuelvan a nacer.
No es oro todo lo que reluce, está claro, y supongo que mis ilusiones me traicionan siempre.
Con las esperanzas ya perdidas sé que mañana estaré bien, esperando a otro que venga y me joda a partes iguales. Pero lo repito, mañana, no hoy.

jueves, 29 de agosto de 2013

Contigo nada, a pesar de todo.

Contigo no ha sido el día, ni tan siquiera la noche.
Contigo no ha sido un lunes, ni un martes, ni un domingo de vuelta a casa en tu coche.
Contigo no ha sido aquel primer abrazo sin malas intenciones, ni aquel primer beso lleno de extrañas sensaciones.
Contigo no ha sido un paseo cogidos del brazo, mientras me mirabas como si nunca hubieses amado.
La verdad es que no han sido tus ojos color miel, ni tan siquiera tu sonrisa de adulto con esencia de pasión infiel.
Ojalá contigo hubieran sido todas mis sonrisas, o quizás simplemente aquella inocencia de niña que jamás tuvo prisa.
No ha sido contigo un mensaje a las dos de la mañana, diciéndome que yo era distinta. Para mí habría sido todo y más, clavándose como una aguja manchada en tinta.
No fue, ni será, todo aquello que yo esperé y esperaba. Y es que, a día de hoy, me siento como un girasol desesperado, que buscando el sol, se ha ido marchitando en la noche trago a trago.
Tal vez habría sido un "te quiero", que sin buscarlo, hubiera dado un giro a este caos de vida. Pero no llegó ese "te quiero", con sabor a cielo, si no más bien a huida.
Si lo pienso mejor, ni fue un hola, ni un adiós. Fue aquella despedida entre nosotros dos. 
Una despedida, que más quisiera yo que hubiera sido aquella despedida.
Fue un susurro en mitad de la nada, que bajando por mi cuerpo, llegó a mi corazón como una riada.
Aquel silencioso cuchillo cortó el aire de mis pulmones, rebajando a menos cien todas mis pulsaciones.
"Toc- toc" se oyó en mi puerta, y sin adivinar la tragedia, abría mi alma, quedándose desierta.
Ahora dime tú si no fue aquella despedida tan temprana la que dejó así de vacía mi vida, ya lejana.
Contigo no fue nada, porque nunca búscate todo.
Contigo no esperé nada, pero quizás lo deseaba todo.
Y ahora dime tú, ¿en realidad fue mi mente la suicida, o tuviste la culpa por ayudarme a quererte sin salida?
Supongo que el tiempo no engaña, y por tanto que esperé, no debí haber esperado nada. Y que venga y me dé la razón, que aún esperando que no fuese así, al final acabaste por romperme el corazón.
Ahora dime tú, que si contigo no fue nada, ¿por qué me dejaste pensar que lo sería todo?


martes, 27 de agosto de 2013

No existe amor para cobardes.

Hoy lo recuerdo, narrándole las historias más bellas para dormir, mostrándole el material del que estaban hecho los sueños en los que yo viví. Pero él no deseaba soñar. Él quería vivir la libre realidad.
Hace un tiempo me dolía el pensar que cuando le faltaban fuerzas sabía que yo le daría más. Todo ello sin pedir explicaciones, sin darle excusas, sin exigir sus atenciones.
Y porque no soy capaz de fingir, y esa es mi carga, mi peso pesado.
Pero hoy soy yo la que necesita esas cuerdas para sujetarme, porque a cada minuto caigo más hondo, más profundo. Porque hoy sigo esperando que venga y me ame, con su corazón moribundo.
Creí que era yo la que empujaba su bicicleta, enseñándole a montar. Pero me equivoqué, porque le sujetaba por temor a que se fueses de mi lado demasiado deprisa, viendo que sus intenciones no eran otras que las de marcharse, como si en ello le fuese la vida misma.
Ahora miro mi pecho, mientras una marca, ya olvidada, se apodera de nuevo de mi interior, dejando lentamente una huella donde antes latía mi corazón.
Y me miro al espejo, lamiendo mis labios con sabor a sal y dolor, intentando borrar cualquier resquicio de su sabor. Y me lavo lentamente, esperando olvidar cualquier rastro de su tacto en mi piel, junto a su olor. Y me acurruco entre mis sábanas perdiendo la conciencia, intentando no recordar que por él, perdí mi inocencia.
Pero no logro mi cometido, y sigo cayendo, mientras él sigue huyendo.
Solía pensar que el esfuerzo trae recompensa, y sería así si no él no hubiera creído que el amor le habría convertido en mi presa.
Ahora narro historias en las que el amor trae felicidad si es correspondido, pero que no está hecho para los cobardes, que se excusan diciendo que tanto han sufrido.
Acabo lo que empecé esta mañana, levantándome con su recuerdo y su sonrisa, sabiendo que mi único consuelo se encuentra en mi cama, siempre complaciente, siempre sumisa.

Enfermedades contagiosas.

Jamás había creído en el destino, ni en la suerte, ni tan siquiera en la casualidad. Pero hoy, que mis dedos escriben estas palabras que tú te encargaste de provocar, pienso y me digo, ¿tantas ganas tenía tu destino de joder al mío?.

He caminado a lo largo de la vida cayendo en brazos ajenos; brazos que me colmaban de calor en sus momentos de interés, para más tarde lanzarme contra rocas afiladas en momentos de flaqueza. Y mientras ellos conseguían salir corriendo hacía un nuevo destino, mis heridas volvían a derramar sangre y dolor.
Esas mismas personas se han encargado de darme una lección; una lección que proviene de un profesor al que jamás haces caso, pero un profesor al que tienes que tener contento para conseguir un aprobado. Y esa lección no era ni más ni menos que huir del amor, tan rápido que el corte te sea lo más limpio posible, ¿pero una herida provocada por un amor escurridizo puede sanar sin dejar cicatriz? Cree que el miedo es irracional cuando te lo provoca tu mente, sin dejar espacio a la duda, y puedo asegurarte que todo irá a mejor.

Y es que es una enfermedad contagiosa: te hacen daño, sufres, te vuelves un cabrón, llega otra persona, te enamoras y te vuelven a hacer daño. Y así hasta que encuentras a la persona indicada, pero ya no era el momento indicado.

Ahora dime tú, ¿debería ponerme una inyección contra esa mierda que me has transmitido, o sigo tus pasos y me pongo a derramar sangre de gente inocente?

A veces creo, que podría afirmar, que si deseáis tanto la soledad es para evitar sentir estas cosas, pero yo por lo menos todavía podré decir que estoy viva, y que no moriré sin intentar nada antes de volver a caer.


martes, 30 de julio de 2013

La vida, una carrera.

La vida, una carrera. 
Ni el destino, ni la casualidad. Nada. Nada es lo que te pasa por la mente cuando respiras y una sonrisa cruza tu cara, de lado a lado, partiéndola en dos.
Podremos ir despacio, podremos ir tan deprisa como queramos, pero solamente podremos vivir una vez.
Nadie es capaz de predecir cuantas veces seremos capaces de revivir un sentimiento. ¿La ira, el amor, la rabia, la desolación, el ansia, la tristeza,...?.
Quién de nosotros puede calcular las veces que un sueño se podrá repetir a lo largo de nuestra vida. Y quién de nosotros es capaz de soñar un día tras otro lo mismo, manteniendo la esperanza y creyendo que, más tarde o más temprano, todo llega. 
Así es, poco a poco vamos creciendo y la carrera continúa.
Unos se quedan atrás, queriendo retroceder y comenzar de nuevo. Otros deciden seguir adelante, con el pensamiento de mejorar su pasado y avanzar hacía el futuro. O simplemente pensando que los kilómetros que están por venir serán mejores, y que el pasado no fue más que una mezcla de pequeñas piedrecitas dispuestas a romper las suelas de nuestros zapatos, viejos y malgastados.
Unos dejan atrás miles de lagos llenos de lágrimas y peces muertos. Y otros dejan atrás miles de días felices y de personas queridas, por continuar la carrera y por recorrer esos escasos kilómetros que les separan de aquellos sueños que tantas noches rondaron por sus mentes, esperanzadas y hambrientas.
Así es la vida, una carrera sin un fin impuesto. Un fin que llega cuando tiene que llegar y un fin que, mientras llega, nos deja vivir a nuestro antojo, cometiendo errores y alcanzando logros. Un fin que, en muchos casos, llega con demasiada rapidez y en otros tarda demasiado en llegar.
Y la vida, que transcurre cómo un amor imposible, cómo una amiga traicionera, cómo unos padres sobreprotectores, cómo una pequeña herida mal curada, cómo aquella risa de niña traviesa... y muchas veces, cómo una lágrima eterna, mojando sin control la cara de todos y a la vez de nadie.
A lo largo de la carrera aparecerán un millón de rostros, tanto de desconocidos como de amigos, sin olvidar a los enemigos. Aplaudirán cada avance, nos ofrecerán un vaso de agua para solventar la sed e, incluso, correrán a nuestro lado, para ser espectadores de nuestra llegada a la meta en primer plano.
¿Y los enemigos?. No cesarán en sus artimañas, poniendo zancadillas a cada paso dado, tirando desperdicios al camino y abucheando en voz alta.
Pero cada uno tiene que realizar su propia carrera y cada uno tiene un propio camino que seguir, pero jamás hay que detenerse. Hay que seguir avanzando, por muy lentos o rápidos que seamos, porque nadie desea que su final le llegue antes de alcanzar la meta y porque la meta jamás debe suponer un punto y final. 

jueves, 25 de julio de 2013

Muros de felicidad y reflexión.

A veces ella quería pensar que la gente tenía otro lado. Otra cara oculta en la que perderse sin miedo a que los demás les hicieran daño.
Ella deseaba creer que esas personas que maltrataban sus sueños simplemente actuaban por la envidia y el dolor; dolor por no poder encontrar sus propios sueños o dolor porque otros los hubieran destrozado, conducidos por su propia envida.
Ella no pensaba en lo malo y, mirando más allá, buscaba sin descanso una razón a todos los males que los demás le causaban, intentando excusar las trampas y los engaños.
Pero un día se encontró con un muro demasiado alto: su propia felicidad. Un muro con letras de un rojo carmín que decían que su límite le había alcanzado. Un rojo con advertencia; una advertencia que suspiraba llantos del futuro, vaticinándole que su propia felicidad se vería rota a pedazos si seguía buscando respuestas a las jugarretas de los demás.
Y pensó, y pensó, y pensó.
No había nada que pensar.
No había nada que justificar.
No había nada que salvar.
Porque no se puede salvar aquello que no quiere ser rescatado.
No se puede justificar aquello que se hace sin razón.
Y no se puede pensar aquello que, sin más, no tiene fondo ni solución.

domingo, 7 de julio de 2013

Vivir y callar.

Y aún sentía rabia por no poder decir aquello que más bien no quería callar, ahogando sus penas en alcohol; o más bien ahogándolas en el silencio y la calma de una habitación llena de recuerdos y, a la vez, hueca de emoción. Quemaba cada una de sus lágrimas con el fuego de su rencor y desolación, creyendo que más tarde o más temprano él llegaría, diciéndole todo aquello que aún esperaba oír sin contemplación.
Pero miraba el reloj y lo único que veía pasar era su vida, viendo como sus manijas golpeaban con tal fuerza que parecía que el sonido podría atravesar sus oídos y adentrarse en su cerebro, taladrándolo a cada segundo pasado y encadenado.
Su temor y tristeza aumentaban, y ella sólo quería romper las paredes de la sombría habitación, gritándole a la vida aquello por lo que deseaba luchar y por lo que, por norma, siempre se le escapaba de las manos. Todos los alambres que ahora encadenaban su boca cada vez parecían más fuertes, imposibilitándole narrar aquellos cuentos que en su mente aparecían y desaparecían; cuentos que alimentaban cada uno de sus sueños. 
Y quizás muy pronto se ahogaría en sus propias lágrimas, o en sus recuerdos, quien sabe. Pero ella sólo deseaba ahogarse en los brazos de aquel que había embargado todas sus ilusiones, dejándola huérfana de amor y razón. 
Ahora el dolor era un simple acompañante en sus ratos vacíos, y ella se aferraba al pequeño resquicio de luz que aún pasaba entre las rendijas de su habitación, viendo a lo lejos la diminuta ventana directa a la realidad que un día le pareció tan cercana. 
Ya sólo quedaba guardar un vaso más de mar de sus ojos en el armario, cerrar con llave y sentarse en la silla. 
Y repitiendo su mantra, volvía a cerrar los ojos, posando su mano en el corazón y comenzaba a soñar, soñando que pronto sus ilusiones volverán.

jueves, 4 de julio de 2013

Nada va a cambiar.

Aún sigo preguntándome, a mis escasos 18 años, como se debe ser en esta vida. Temido, ¿para que te tengan miedo y no se atrevan a hacerte daño?. Tímido, ¿para que las oportunidades pasen por delante, pero que quizás eso te salve de grandes y terribles amores?. Borde, ¿para que muchos tenga el deseo de cazarte y romper tu coraza?. Amable, ¿para que muy pocos lo valoren y para que muchos te pasen por delante?. Orgulloso, ¿para ir de triunfador por la vida y perder muchas veces aquello que de verdad deseemos?. Reservado, ¿para guardar en una caja de oro cada pensamiento?. Generoso, estúpido, ingenuo, sincero, enamoradizo, egoísta, asustadizo, falso... ¿Quién hoy en día se muestra tal y como de verdad es, sin miedo a perder, sin miedo a perder, sin miedo a dar miedo?. Sinceramente, y siendo objetivos, muchos y a la vez ninguno.
De verdad, aún sigo sin entender a aquellas personas que se esconde tras una simple máscara, con el miedo al que dirán. Y menos entiendo a esos que se muestran tal y como son, pero de una manera tan exagerada que hasta hacen daño. Pero lo peor de todo es que eso jamás va a cambiar.
Cada uno va a seguir haciendo, que no siendo, lo que quiera. Es demasiado triste ver como personas tan distintas pierden lo que un día podrían llegar a ser... todo porque en este mundo no somos capaces de encontrar un término medio.
¿Qué es eso de "un tira y afloja"?. ¿Qué somos críos para no ver que nuestras actitudes a veces no hacen bien a nadie, ni siquiera a nosotros mismos?.
Lástima me da todas aquellas personas que ,queriendo mejorar y darlo todo de ellas mismas, pierden más que una persona que no lucha y que no se esfuerza por ser mejor con los demás.
Y lo peor de todo es que eso jamás va a cambiar.

martes, 18 de junio de 2013

¿Perder o retener?

Jamás debemos cerrar una puerta, porque después de la tormenta siempre viene la calma, y es que un cambio nunca está demás para tomarse un respiro y continuar. Perder algo sólo puede significar que, o no lo cuidábamos como debíamos, o no estaba predestinado a seguir en nuestra vida; y eso no puede hacer que la caída sea inminente. Echar demasiado de menos algo es bueno cuando aún continua a nuestro alrededor y somos capaces de retomar aquello que un día hicimos para conseguirlo. Pero si el tiempo y las consecuencias deciden que ya no es momento, lágrimas no harán que todo vuelva a ser lo que fue antaño. Retener algo que no te pertenece siempre se vuelve en contra de uno mismo porque, sin quererlo, es como un animal enjaulado, que sólo almacena odio y desolación, deseando escapar a la mínima ocasión.  Y así va pasando todo, dejando escapar unas cosas por otras, intentando retener lo que un día nos hizo felices y  olvidando que por un momento no necesitábamos nada más para sonreír. No existen culpables cuando todo cambia, cuando ya nadie desea lo mismo, y que por mucho que no se quiera herir a los demás, alguien siempre acaba herido de bala.

lunes, 10 de junio de 2013

Nadie dijo adiós.

En el fondo ha comenzado una nueva etapa, y ya he recorrido una gran parte de ella, con mis más o menos, pero puede decir que con gran satisfacción.
Hoy me planto hasta dentro de unos meses, y me llevo conmigo numerosas sensaciones y numerosos recuerdos que siempre mantendré en la memoria.
Una décimas marcaron mi destino, haciendo que tuviera que decantarme por un camino que jamás habría pensado que me podría gustar tanto. Y en estos momentos no podría estar más contenta por la decisión tomada. 
Sé que todo hubiera sido distinto, que habría conocido a otras personas, que mis alegrías y tristezas habrían variado, pero no me arrepiento para nada.
He sufrido cómo la que más, me he esforzado y los momentos de flaqueza no han faltado. Pero también he tenido momentos de reírme hasta dolerme el estomago, de sonreír con cualquier tontería, de sorprenderme con cada nueva cosa aprendida...
Ahora sólo me queda recordar con alegría y, un poco de añoranza, el tiempo que dejo atrás, y quiero pensar que vendrán mejores. Eso sí, sabiendo que nada será fácil.
Voy a mantener ésto como un verdadero tesoro en mi memoria, y sobretodo doy las gracias a todas esas maravillosas personas que he conocido y que me han hecho vivir una de las mejores experiencias de toda mi vida.
Todo esfuerzo tiene su recompensa, y mi recompensa es saber que la vida siempre te sorprende de mil formas y a cada cual mejor.

Simplemente no es un adiós, si no un "hasta luego" :)

jueves, 6 de junio de 2013

¿El romanticismo ha muerto?

Una simple palabra puede clavarse en la carne sin compasión, envenenando la sangre de nuestro esperanzado cuerpo, sin oposición, corriendo tan rápido como el tiempo que no espera.
No hay barreras para cualquier arma que ataque nuestro corazón si proviene de nuestro querido y más allegado aliado, aquel que pensábamos que siempre estaría para frenar el dolor, y no para acelerarlo.
Aún así, después de escuchar aquellas historias para no dormir, dejamos que el miedo por el amor alcance un bonito suicidio en la creación del más sincero de los besos, creyendo que nuestra historia jamás morirá. Y aún así, el suicidio de ese beso acaba decepcionando a nuestro endeble y travieso corazón, que había apostado todo lo que tenía, hasta la vida misma. Un corazón que quería seguir buscando la melodía que le hiciera vibrar con cada nota; una bella y silenciosa melodía que sólo los corazones que creen en el amor siguen buscando.
Poco a poco ese deseo se ve refrenado por la traición, que sin buscarla, marchita la rosa del romanticismo, que crecía en el jardín de los amantes.
Por ahora, todas aquellas palabras obligan al maltrecho órgano a retirarse de escena, bajando el telón y retornando a su camerino, a la espera de un nuevo papel que le ayude a limpiar los restos de los tomates esparcidos, símbolo del rechazo. Se mirará al espejo y poco a poco retirará cada capa desgarrada, sin prisa, porque una herida mal curada puede infectar el futuro que está por venir.
Pensará en lo que todos creen hoy en día, que sin más oposiciones, toman como regla general: "El romanticismo ha muerto". Y sin más, querrá dejar de luchar, por todas las palabras, por todos los dolorosos actos.
Comprende que aunque el tiempo no espere, sí da segundas oportunidades a todo aquel que lo intente y que desee luchar, pero que su tren ha pasado, y que le tocará esperar al siguiente. No sabe cuando llegará, ni si será el indicado, pero lo intentará, sólo por demostrar una vez más que simplemente hoy el romanticismo no ha muerto, si no que está esperando en algún lugar para ser rescatado.

jueves, 23 de mayo de 2013

Un sueño eterno.

Puedes acabar por pensar que esconder la mirada ante todo será la mejor solución, pero aunque parezca la decisión más sensata, la huida no es la respuesta. Exactamente, ¿qué es lo que puede dañarte tanto como para querer desaparecer entre la multitud?. 
La vida es una continua búsqueda de pistas, y cada una de ellas te llevaran a donde debas estar, sin más. Pero quizás aquello que desees hacer te lleve muy lejos de ese lugar al mismo tiempo. Que contradicción, ¿no?. Simplemente ese será el momento en el que comprendas que aquel sitio en el mundo no estaba destinado en realidad para ti. No te detengas, y por mucho que sufras, por mucho que tropieces y por mucho que tu alma sangre, piensa que siempre habrá una pequeña esperanza que alimente nuestro ser. 
Somos lo que somos, hoy, mañana, y siempre y para bien, o para mal, no podemos cambiar eso. Y es que dentro de nosotros existe una minúscula vocecita, encerrada entre barrotes de vergüenza e inseguridad, que poco a poco se vuelven más resistentes. ¿Cuanto tardarás en darte cuenta de que esa cárcel que tú le construyes sólo te dañará a ti mismo?. Un temor únicamente se rompe en mil pedazos cuando nos enfrentamos a él, aún a sabiendas de que en el intento podamos caer ante el precipicio, resquebrajando todo aquello por lo que habíamos luchado hasta entonces. Pero hoy es el momento y hay que tener el suficiente valor como para tomar las riendas y decir: "no, esto es lo que quiero y por ello lucharé, y venceré". 
Alguien un día me dijo que la valentía se encuentra donde menos esperamos que esté esperándonos  y aún así ahí seguirá, por muy tarde que lleguemos a su encuentro. También me dijeron que los sueños no van a lograr que consiga todo aquello que anhelo, porque no están hechos de realidad. Ese  es el tipo de personas que están al acecho, esperando enredarte con esas palabras en cualquier momento de debilidad, porque no fueron capaces de alcanzar sus propios sueños, deseando encerrar los de los demás. 
Cada uno ha podido sentir lo que es estar enterrado en lo más hondo de la miseria, sin saber como salir de las profundidades, pero puedo asegurar que lo único que en esos momentos ayuda son los sueños y la esperanza. 
Por todo ello trata de buscar la pieza que le falta a tu rompecabezas, y no dejes que esa luz se apague, porque somos como las estrellas, que cuando mueren siguen destilando la luz que por tantos años han guardado en su interior.  

domingo, 12 de mayo de 2013

Para mi 13. (L'

Cumple años una de las personas que más han pisado con fuerza en mi vida, y por ello quiero dedicarle un pequeño hueco en este rincón. Y así te diré, amiga mía, ¡muchísimas felicidades!.
Jamás he encontrado a alguien tan cabezota, enfadica, perseverante, decidida pero a la vez tímida, reservada, loca, y un largo etcétera, como tú. De esa manera, sin pensarlo, te das cuenta de lo importante que es valorar todo eso día a día y ver como una persona así quizás no vuelva a pisar tu vida.
Nos hacemos mayores, y el mayor de los problemas es que poco a poco nuestras responsabilidades nos separan. ¿Lo bueno? que realmente lo único que me separa de ti son unos simples kilómetros, y es que nuestra amistad vencerá eso y lo que haga falta por salir a flote. Porque ese es su cometido.
En realidad cada mil y una de nuestras peleas han hecho que los lazos que nos unían se hicieran más fuertes, impidiendo que el nudo se afloje, impidiendo que nos alejemos.
La vida puede continuar su camino que yo sé que tú y yo vamos a estar siempre en el mismo vagón. ¿Estaremos viendo el mismo paisaje?. Puede que no, pero también sé que cuando te vuelva a ver harás que en mi imaginación todo aquello que tú has visto se haga realidad y así sentiré que no me perderé nada de ti.
Poder sonreír y llorar a la vez es algo impresionante cuando sabes que esa persona puede conseguir eso y más sólo con mirar una fotografía o escuchar una canción que tantos recuerdos puede traer. Es impresionante guardar en el corazón un sentimiento tan grande que otros no conseguirán, porque para mi siempre serás única.
Claro que detrás de cada herida se esconde un perdón y un sentimiento de culpabilidad, pero lo que demuestra que esa amistad es fuerte es cada uno de esos sentimientos. No podría intentar esconder todo el daño que nos hemos podido llegar a hacer, y aún así sé reconocer que he hecho todo lo posible por aceptar las equivocaciones y he intentar enmendarlas. Porque tener una amiga significa dejar el orgullo a un lado por esa persona que te importa.
¿Qué el mundo podría ser de otra manera si no te hubiera conocido?. De ello estoy segura y, para bien o para mal, yo no voy a dudar sobre lo que significas para mí, que no es poco. Nadie es perfecto cuando se es persona, pero me encanta saber que por una parte tú me complementas y es que si yo caigo podría asegurar que estarás ahí para recogerme. Voy a ser tu pañuelo, la mano que sujetará la cuerda de tu cometa para que vuele tan alto como pueda, ese abrazo que te dará ánimos en momentos difíciles, esa sonrisa que se esconde en la comisura de tus labios, la risa después de cada charla, y todo aquello que fuese necesario.
Esto no es un simple "te quiero", ni un simple "te echo de menos"; esto es lo que soy por ti y por nosotras, lo que un día podría decirte o no. Esto es para ti y para nadie más, porque, sin quererlo, soy parte de ti y ojalá eso no cambie. Me encantaría darte todo lo que pudiera, y en cambio a los que más quieres sueles darle menos. Eso sí, siempre intento mejorar y por personas como tú merece la pena. 
Supongo que un acto es mejor que un millón de palabras, y aún así yo sé que sabes que para mí esta es la mejor forma que tengo de expresarme. 
Quisiera que siguiéramos así toda la vida, compartiéndolo todo, ya sea desde una canción, una foto o un hobbie, pero siempre a tu lado. Y brindo porque sea así.
De nuevo, muchísimas felicidades shorra mía, porque cada una de estas palabras las has inspirado tú y sin ti, yo no podría haberlas plasmado. 

Te quiero. <3' 


jueves, 9 de mayo de 2013

A la mierda lo establecido.

Es tu ilusión, tu futuro y tus decisiones por lo que debes luchar, sin importar que los demás digan o callen. En esta vida algunos deciden mantener el volumen de su cabeza y corazón bien bajo, por miedo a molestar a la multitud, por miedo a las represalias; sin embargo, otros cantan a pleno pulmón lo que son y por lo que viven, sin temor a los posibles fusilamientos. Otros escriben en su diario bajo candado, mientras que los demás abren sus opiniones al mundo, porque, en realidad, las palabras deberían nacer únicamente para ser leídas, o escuchadas, por todos.¿Quién no ha oído aquello de "eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios"?. Y adjuntaría un "a la mierda lo establecido". Hay días de todo, porque si cada día fuera el mismo, nadie querría  seguir viviendo. Y así, con cada nuevo día, tenemos nuevas oportunidades para decidir sobre nuestras palabras. O en cambio podemos seguir abriendo y cerrando nuestros diarios, impidiendo que el mundo conozca de verdad quienes somos en realidad. Mi ilusión se plasma en cada paso que doy, en cada palabra que escribo en una hoja en blanco, en cada segundo, minuto y hora de estudio, en cada lágrima, en cada discusión, y en un extenso etcétera. La triste realidad es que todos nacemos y morimos callando demasiadas cosas. La diferencia está en si hemos aprendido de ello y del grado de arrepentimiento por lo que murió en la punta de la lengua. Él quizás no sea un galáctico del fútbol  y ella quizás no cante demasiado bien, pero podrán alzar la mirada orgullosos por haber perseguido sus sueños. ¿Y quién dice que con esfuerzo y constancia no se puede mejorar?. No te conocen, pero el peor de los errores es no conocerse a uno mismo. Deja aquel vaso para escuchar a través de las puertas, y comienza primero a escuchar tu interior, porque va a ser él que te diga aquello que de verdad quieres escuchar, sin engaños, sin mentiras, sin señalamientos. Dijeron también que soñar era gratis, y queda claro que vivir es demasiado caro, pero no importa si mientras estemos pagando podamos tocar nuestras ilusiones. Y a la mierda la vergüenza. Y a la mierda lo impuesto por norma. Y a la mierda el sufrir por no poder ser todo lo que queramos ser. Porque hay momentos en la vida en que hay que asumir lo que somos, tomar las riendas y no dejar jamás para mañana lo que se pueda hacer hoy.