Y a los 6 días se hizo domingo, quitando los lunes, que era día de odiar que marchabas de nuevo a tu segundo hogar. Que tu hogar estaba cercano a mis (a)brazos, y que no necesitabas mantas en inviernos para calentarte la coraza de metal.
Porque como me costaba soltarte el alma, cuando de verdad lo que más deseaba era amarrarla al puerto de mi cama. Y joder, que si me preguntas cuánto me costaba soltar tu boca, tendría que poner en venta hasta la soledad, que es lo único que me quedaba de ti; e incluso tu olor, algo dulzón que quemaba mis labios y fosas nasales cuando recorría tu cuello, hasta rozar los límites de la locura. Porque no preguntes por mi cordura, si ni llegaste a conocerla, por yo no haberla tenido jamás.
Y me quedé para el arrastre en cierta manera, sin llegar a conocer otras maneras de sufrir, por no poder seguir aguantándote la mirada en aquel juego, porque nunca pensé que tú querías mirar más allá.
Y te odio, porque has seguido sin seguir estando aquí. Y porque tampoco se me ocurrió guardar la llave de aquella puerta, de aquel motel barato de carretera; barato, por miedo a poder apostar hasta los dientes de leche, que era lo único que me quedaba de aquella inocencia, ya perdida.
Y ahora la realidad ha vuelto a poner en mi calendario aquellos lunes que nosotros quisimos arrancar, y ahora tengo 6 lunes más en el calendario, esperando a que los ponga en marcha, sin que exploten, o sin que explote yo.
Y ahora tengo 7 días para decirle al mundo que ya puede volver a ser mi mundo, aunque creo que va a decirme que lo tengo merecido por haber hecho el cambiazo contigo.
7 días, que ya no 6, ¿y sabes? Creo que debería acostumbrarme a los número impares, ahora que vuelvo a ser una, y ya no dos.
Puede que nos devuelvan los días que en algún momento arrancamos al calendario y ahora no sepamos muy bien lo que hay que hacer con ellos. Pero ni aunque quieran nos podrán quitar lo vivido y la belleza de esos días...
ResponderEliminarSalud.