Te atreviste a decir que fuimos, cuando ni siquiera tenías intención de ser junto a mí.
Sencillamente te bastó vernos junto al espejo para saber que aquí podías ser feliz.
Pero ya ni las sonrisas serían capaces de apagar tu miedo de sucumbir ante tal desliz.
Y es que ya no bastaba acariciar tu pecho, intentando alcanzar tu corazón, sin temor a sufrir.
Dime, ¿quién abrirá tus puertas hoy, intentado evitar las balas del desamor?
Sabes que en el amor y la verdad ya no puedes confiar, y aún así yo te quise con tanto valor.
Créeme, que en las distancias todo se salva, pero yo no soy capaz de salvar ya todo mi rencor.
Supongo que es cierto que el tiempo todo lo cura, pero lo cura cuando tú vuelves a sentir aquel calor.
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