No buscaba inspiración, y es que tampoco te buscaba a ti;
que justo en el momento en el que creía que el amor era para dos,
yo volví a encontrarme que ni era para mí.
Sabes como mata el no quererte, y ya no es morir por el sentimiento,
si es que he necesitado dos vidas para que se suicide él, y me deje tranquila.
Y que no voy detrás, porque veo que el abismo se parece a tu boca cuando me tragaba en aquellas noches donde yo reía como una ilusa; pero que gran verdad, si en realidad si lo era.
Que me toco el corazón, o eso intento, metiendo mi mano hasta lo más hondo de mi pecho.
Pero salta, y niega con su bombeo,
exclamando que prefiere esconderse en los recovecos de mi cuerpo,
más caliente que aquel portazo que diste al salir de nuestras vidas.
Hablándote, las horas ni eran horas; más bien dedos caminando por mi espalda,
trazándome tu mapa del tesoro hasta la conjunción de mis piernas.
O quizás era mapa de tu escondite, que no quisiera yo encontrarte ya nunca jamás,
en aquel lugar donde dicen que los niños no crecen,
y Peter Pan ha olvidado a Wendy y se folla a las sirenas.
Supongo que a mí, el tiempo no quiso darme la razón,
sabiendo que negando la evidencia, no sería menos evidente.
Y sé que mis sonrisas ya no encuentran la fuerza para salir a flote en un naufragio donde mis lágrimas golpean con furia mis mejillas, intentando limpiar mi existencia,
que se ha vuelto una furcia buscando nuevos barcos en los que embarcarse.
Que si me dijeron ayer que no te quisiera, y hoy lo sigo haciendo,
espero que mañana me digan que volviste,
y que tu recuerdo solo sea un precioso reflejo del olvido.
Y que si te quise, jamás fue queriendo, porque a querer no me gana nadie,
y ya me he cansado de ganar todas las partidas, recibiendo como premio el abandono.
Ahora yo bailo con la soledad y es algo que no me preocupa,
porque puedo pisarle los pies sin miedo a que quiera largarse.
Y bueno, que si te dijese que no tengo miedo, volvería a mentir,
porque tengo miedo a que ni la soledad se apiade de mí.
Qué no sé qué es más triste, si que los monstruos de debajo de mi cama se hayan buscado otra donde dejar de oír los llantos, o que yo les busque a ellos para sentirme útil.
Quisiera partirte la boca,
y lo jodido es que quisiera hacerlo a besos mientras me agarras por la cintura y bajas tus manos, clavándome las uñas en las caderas.
Y gemir, y llorar, y sonreír. Todo en tu boca.
Y vuelve a ser abismo donde no quisiera volver a caer.
Pero de que sirve no querer volver, si jamás quise marcharme.
O bueno, que te marcharas.
Me jode que no me jodas, y ya suficiente es que me jodiste el cuerpo en vida,
porque no necesito que me lo jodas en estado de coma.
Pero qué coño voy a saber yo que quiero, si no paro de contradecirme,
y bien sería que vieneses tú mismo a contradecirme en mi propia cama cuando yo te dijese que no,
y tú me dijeses que sí.
Yo ahora me trago mis palabras, porque me muero por reclamar tu abismo hecho boca,
que recordándote, me apetece volver a caer en él, con prisas, con ganas,
y con saber a derrota.
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