Respiro tan hondo como puedo, teniendo la certeza de que así me ahogaré lo más pronto posible en este desierto al que llamas cuerpo.
Ya ni tan siquiera soy capaz de imaginar oasis en los que saciar mi sed, y es que me has arrebatado tu boca en la que yo creía con toda mi fe.
Mentiras, engaños, dolor y dolor. ¿Por qué doble dolor? Sencillamente porque en tu cama me amaste, pero ahora solo a permanecido tu olor.
De tu sabor, ya no queda rastro, y de mil veces que he tragado saliva, mil veces que te he perdido aún creyendo que tú me querías.
¿Sabes?, jamás quise ser perfecta para ti, porque me bastaba con ser de los dos, pero ni así te complací.
Aquí, donde tú decidiste abrirme antes de piernas que de alma, y donde mi alma salió por patas en cuanto tuvo oportunidad.
¿Qué pretendes? Viniste, viste y me venciste, en la cama, en el juego, y en la vida.
Y si no tuviste suficiente, todavía mi corazón, donde quiera que esté, late por lo que fuiste.
Pero ahora creo que mi corazón ha emigrado a mi pie, creyendo que mis pisadas no le harán tanto daño como vivir en el hueco vacío en el que se ha convertido mi pecho.
Pero ahora que ya no queda nada de lo que eras, creo que va siendo hora de convertir mi retirada en una batalla perdida, porque a ti, ya te di por perdido hace mucho tiempo.
Estarás orgulloso por tenerme rezando a un Dios que no me escuchó, porque le pedí un alma gemela y me ha traído mil noches en vela, sin ninguna compensación.
He quebrado mis lágrimas en la acera, y es que no podía soportar el tráfico de gemidos silenciosos que dejamos en mi casa. He quebrado mi cabeza en el cabecero, intentando revivir momentos que ya jamás se harán realidad, ni por muchos años que pasaran, porque tampoco pasarán.
Y he quebrado mi vida para que mi cuerpo no tuviera que soportar tanto dolor, repartiendo mis pedazos, dosificando todo el desazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario