Hoy me he dado cuenta que me hacen falta canciones de más para poder seguir llorándote a escondidas.
Supongo que eso no significa que en mi mente ya hayas encontrado aquella muerte prematura que querías, pero el tiempo ha creído saber completar huecos que tú antes solías rellenar sin intención.
Antes de ayer soñaba que enterraba un cuerpo sin vida, e imaginé que era mi corazón. Hoy me he dado cuenta que era tu amor, o más bien un suplemento vitamínico para que yo no notara la diferencia.
Y claro que sigo llorándo(te), pero más lloro por los bonitos recuerdos que algún día mi memoria decidió convertir en tesoro. Y lloro, por saber que fui más de nosotros que de mí, porque solo los niños ven la vida como si fuera un juego. Porque eso fue en tus manos: un maldito juego para niños de 3 años.
Sigo prefiriendo tus mensajes de buenos días, pero sin ti, tampoco es que sean malos.
Deseo más una tarde contigo, comiéndonos aquellos helados, que comerme uno dentro de esta soledad. Pero sin ti, el helado no se ha vuelto más amargo, solo más lleno de libertad.
Añoro esas noches, contigo, en ti, mirando una película, comiéndonos a besos, o la vida, no sé. Pero comprendo que las noches para ti estaban hechas para follarte la vida, o a otra, tampoco lo sé.
A mí, que tu poca madurez me valía de poco cuando te tenía a mi lado; ahora la valoraría más, para que hubieras querido ver y notar aquello que nacía en mi interior. Pero la madurez no entiende de edades, más bien de experiencias.
Que si me dicen ahora que el amor no está hecho para cobardes, tampoco les daría la razón. Aunque si habláramos de nuestro caso, aquí la damisela en apuros siempre habías sido tú.
¿Acaso buscas tu media naranja? Pues qué pena, porque sabes que la fruta, si no la disfrutas tú, otro viene y se la lleva.
Antes, era capaz de decirte en dos idiomas totalmente opuestos cuanto me importabas. Ahora mi lengua, que ya no está enredada con la tuya, te diría en cien idiomas lo imbécil que has sido. Pero siendo sinceros, ni tú quieres volver a escucharla maldiciéndote (ya sea aquí, que en tu cama), ni yo quiero malgastar mi voz en oídos que no escuchan y con palabras que no te valen la pena, ni tan siquiera la risa.
En esta libertad que unos se encargan de llamar soledad, diría que tú has encontrado una nueva escapatoria para seguir con tu vida. Y aquí, lo que menos jode es que sigas tú camino. ¿Lo qué más?, que ni yo seré tu vida, y que otra será tu destino.
Yo, que quizás comencé este texto teniendo en cuenta mi dolor, acabo teniendo en cuenta más cosas que lo peor. Porque ya sabes que para mí, la distancia no da el olvido, ni el tiempo sirve de rehabilitación, pero por lo menos a cada paso que das más allá de mi corazón, es una brisa nueva para acabar con todo este desazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario