Una simple palabra puede clavarse en la carne sin compasión, envenenando la sangre de nuestro esperanzado cuerpo, sin oposición, corriendo tan rápido como el tiempo que no espera.
No hay barreras para cualquier arma que ataque nuestro corazón si proviene de nuestro querido y más allegado aliado, aquel que pensábamos que siempre estaría para frenar el dolor, y no para acelerarlo.
Aún así, después de escuchar aquellas historias para no dormir, dejamos que el miedo por el amor alcance un bonito suicidio en la creación del más sincero de los besos, creyendo que nuestra historia jamás morirá. Y aún así, el suicidio de ese beso acaba decepcionando a nuestro endeble y travieso corazón, que había apostado todo lo que tenía, hasta la vida misma. Un corazón que quería seguir buscando la melodía que le hiciera vibrar con cada nota; una bella y silenciosa melodía que sólo los corazones que creen en el amor siguen buscando.
Poco a poco ese deseo se ve refrenado por la traición, que sin buscarla, marchita la rosa del romanticismo, que crecía en el jardín de los amantes.
Por ahora, todas aquellas palabras obligan al maltrecho órgano a retirarse de escena, bajando el telón y retornando a su camerino, a la espera de un nuevo papel que le ayude a limpiar los restos de los tomates esparcidos, símbolo del rechazo. Se mirará al espejo y poco a poco retirará cada capa desgarrada, sin prisa, porque una herida mal curada puede infectar el futuro que está por venir.
Pensará en lo que todos creen hoy en día, que sin más oposiciones, toman como regla general: "El romanticismo ha muerto". Y sin más, querrá dejar de luchar, por todas las palabras, por todos los dolorosos actos.
Comprende que aunque el tiempo no espere, sí da segundas oportunidades a todo aquel que lo intente y que desee luchar, pero que su tren ha pasado, y que le tocará esperar al siguiente. No sabe cuando llegará, ni si será el indicado, pero lo intentará, sólo por demostrar una vez más que simplemente hoy el romanticismo no ha muerto, si no que está esperando en algún lugar para ser rescatado.
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