He sonreído y creo haber oído algo así como un chirrido; quizás se me olvidó hace mucho desengrasar mis labios, o más bien estaba esperando el momento indicado para hacerlo. También creo que al sonreír se han rellenado todas las grietas de tristeza que un día llenaron estos labios que, por fin, recuperan su antiguo tono rojo, tan lleno de pasión.
Dicen que llega el invierno, pero últimamente tengo en el cuerpo una sensación como de verano sentimental, como si mi corazón y mis ganas de reír fueran suficientes para calentarme la vida. Y que quizás sí le tenga miedo al invierno si me llegasen a decir que invierno es estar sin sus brazos, pero estoy tan llena de positivismo que hasta he dejado el chocolate. ¿Sustitutivo del sexo? Ya ni falta me hace.
Pero nadie se llevará este mérito que me pertenece por esfuerzo: el mérito de quererme y haber aprendido lo que de verdad merecía, que menuda estúpida por no haber visto que era demasiado. Ahora ya sé que las sonrisas son de quien las fomenta y merece, y no de quien supones tú que debe llevarse una sonrisa para poder recibir una de vuelta. Ahora ya sé lo que debí saber hace mucho, pero todavía no era tarde para coger toda la mierda y tirarla junto a todas esas puertas cerradas y páginas de libros arrancadas; porque yo sí estuve haciendo leña del árbol caído, o más bien de árboles derribados, para poder quemar esos jodidos recuerdos.
Tranquilos, no hace falta que nadie me diga que se puede perdonar, pero no olvidar, porque a base de hostias y a querer ser diferente, yo sí aprendí a dar el perdón, pero jodido está ahora que me vuelven a fallar.
La vida te enseña lo que te debe enseñar, solo que los demás a veces contribuyen a mal en esa tarea, haciéndote creer lo que jamás debiste aprender. En realidad tampoco he llegado a envidiar a todos aquellos que nacieron con la suerte de quererse de por sí, porque poco a poco yo he podido conocer y conocerme, sabiendo cual es mi lugar: yo primero y luego los demás.
En fin, no hay peor ciego que el que no quiere ver, aunque también están aquellos que dejan que otros le mantengan una venda en los ojos. Y a mí, por fin, se me ha caído y pesaba tanto que al caer han saltado las alarmas y me he despertado de esa maldita pesadilla.
Porque ahora yo sí soy feliz y he decidido que si la vida me está dando la mano, por muchos inviernos que se acerquen, debo sacar las manos de los bolsillos y agarrarle tan fuerte que jamás me pueda soltar. Porque ahora soy feliz y eso es lo que importa.
Yo soy la que importa.
martes, 9 de diciembre de 2014
miércoles, 12 de noviembre de 2014
¿Cómo quieres que me quiera si el que quiero que me quiera soy yo?
Hoy me he despertado como cada día de cada mes de cada año de cada risa de cada llanto de cada recuerdo de cada puto beso, pero en realidad sigo viviendo una fantasía, porque no es normal vivir rodeado de tanto ogro y de tanta hipocresía.
Que das más de lo que recibes, y aún sí me niego a callar que somos más magos que personas, por ser capaces de multiplicar el amor y dividir el daño, aunque el amor siempre nos salga negativo.
He tenido metas con nombre de persona que luego acabaron convirtiéndose en una carrera a contracorazón. También he tenido demasiadas ganas de luchar que se me han atragantado, tantas y tantas veces, y he vomitado bolas de sentimientos rotos y trocitos de corazón sangrante.
Me faltan dedos de la mano para contar cuantos nombres debí tachar de mi lista, pero sobretodo me faltan dedos de frente, y fuerzas que ya no tengo, para borrarlos de mi vida. Que dejé de contar con los dedos, pero también con las personas, y me olvidé de pensar por dos: por mí y mi corazón.
Esperé y dí por sentado que algún día todo llegaría, pero nadie me iba a esperar como yo esperé, y acabé desesperada subiéndome por las paredes y bajando de sus brazos.
Nunca quise luchar por batallas perdidas, porque yo ya sabía que mis únicas armas era todo aquello que no podía poner en manos de los demás; pero acabé sin armas ni artificios, solo con el don de la palabra, que a veces tanto sobra y a veces tanto falta. Porque yo aprendí antes a decirte "Te quiero", cuando debí aprender a decir "Te quiero, pero más a mí". Que esta sociedad nos enseña a querer y a respetar, pero en el proceso se olvidan de que la parte más importante es la de enseñarnos a querer a quienes somos, que luego ya vendrán todos los demás.
Por mi parte siempre quise dar un poquito más de mí, sólo que dí y todavía estoy esperando recibir. Lo bueno de todo esto es que supe aprender a querer y a tener conciencia a pesar de todo el dolor; y tener conciencia me ayudó a querer no hacer daño a todos aquellos que, como yo, todavía están aprendiendo a quererse.
Algunos dirán que para que te quieran hay que aprender a quererse, pero son los mismos que te dan la clase teórica y luego se les olvida que necesitas clases prácticas. Porque ya lo decía mi abuela, que quien no llora no mama, pero es imposible mamar de alguien que tiene seca el alma.
A veces creo que tengo dentro un montón de cariño por dar, pero que se esconde como un niño asustado que, en vez de ver la luz al final del túnel, ve una luz que es tragada por una boca inmersa llena de oscuridad. "Cariño" dicen, o un sucedáneo para personas a dieta; dieta que realizan a la inversa y me hacen adelgazar kilos y kilos de amor envasado al vacío, porque hay amores que solo devuelven el eco.
Escribo para vomitar todas esas cosas que no quiero llorarle a la vida, que más que pañuelos me está dando un billete de ida y de no vuelta, porque sí, porque ella también necesita un poco de respiro; y porque yo también aspiro a algo mejor.
Quererse.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Del gusto nacimos y del disgusto morimos.
Últimamente solo noto en la boca el sabor del asfalto, más que el de aquellos labios.
Creo, porque ya no sé si puedo creer en ti, que fue en aquella hostia de mi vida donde me llevé parte de mí, parte de ti y parte de todos esos caminos que un día llegamos a cruzar juntos; y todos aquellos que nunca más pisaremos.
En realidad también podría decir, o gritar hasta desgarrarme la garganta, porque el alma ya la tengo desvirgada, que el tenerte era como estar perdida en el desierto del Sáhara. O quizás, tan solo al principio, era más como vivir siempre con un sol en mi interior, abrasando todo mi centro, y donde la saliva de tus labios jamás lograba saciarme, sino todo lo contrario. Pero ahora tan solo noto el frío de sus noches, donde tú ya no me acompañas y donde la Luna me alumbra como si fuese mi lampara de noche, protegiéndome de aquellos monstruos que te dejaste.
Asfalto, arena...qué más da, si tú ya ni estás.
Que si la boca me sabe a hierro precisamente no es del forjado, porque nunca llegamos a fundirnos en uno solo como a mí me habría gustado. Y que si me sabe a hierro es por todas las veces que me he mordido las lágrimas que se escapaban entre todos aquellos sollozos, viendo pasar la vida, pero tú nunca más.
Únicamente soy capaz de confesar que se me escapa una sonrisa al pensar que si la boca me sabe a dulce es porque me pegaste la estúpida y loca tontería de que los domingos eran de sofá, manta, de ti y el chocolate de tus ojos; y que todo lo que engordé de felicidad hoy lo adelgazo por muerte prematura de un nosotros dos.
Quizás debí haber nacido sin el gusto, aunque no hubiera podido tener el gusto por habernos conocido. Y quizás de todas las hostias que me dí contra el asfalto, tú fuiste la que más me partió el labio, la vida y el corazón.
Pero que digo yo, encantada de haberte gustado...y degustado.
viernes, 31 de octubre de 2014
Pérdida en alguna Luna de tu centro.
A veces creo que estoy en la Luna, cuando ni tan siquiera he llegado a tu ombligo.
Que quizás tú no seas el centro del mío, pero como me jode cuando me jodes, queriendo sin querer, en el centro de mi más profundo yo.
Hoy no sé si será mañana cuando volvamos a creer en nosotros, porque ayer, ni quisimos un nosotros, ni quisimos ser por separado.
He llamado a los fantasmas del pasado, pero que dice la operadora que el número ya no existe, porque ellos ya dejaron de existir; o que más bien dejaron el camino vacío de existencias, porque que ironía que llenáramos nosotros un cementerio con flores llenas de vida.
Todavía me pregunto si el sabor de tu boca era más a tabaco, o si se acercaba más a ganas por la mía, aunque en realidad, más que preguntarme, me dan ganas de lanzarme a su vacío. Y me dan ganas de dejar las preguntas para algún concurso en el que todos quieren ganar, pero dónde solo queda uno; como nos pasó a nosotros.
Quizás, o no, o sí, dejé escapar la oportunidad, pero es que no soportaba aquella forma de aferrarme a un clavo que sólo me clavaba más a tu cruz. Porque de verdad que no era capaz de no sangrar cuando, diciendo que era tu reina, me colocaste esa corona de espinas que arañaba cada costado de mi corazón.
Un mesías de una nueva vida, o eso creía yo; que convertías el agua en saliva para sanar los cortes que provocaban tus dientes en mis labios, y que de tu carne jamás era capaz de saciarme yo.
Así, sin darme cuenta, que ahora más bien asciende a mil y una lágrimas, he pecado más de puta que de santa, porque de ti no me apartaba ni la nostalgia por haber(te o me) perdido.
Y me he vuelto a perder en ningún lado, porque ni esto es la Luna de Valencia, ni el lunar de tu espalda. Ni tan siquiera es un domingo abrazada a tu pecho, viendo una película que prefería ver en tus ojos. Puestos a ser sincera, hubiera preferido ser yo aquella tu película en versión 3D, porque yo por ti la procesión jamás por dentro, pero ojalá que tú jamás te quedes fuera de ésto.
viernes, 10 de octubre de 2014
Ya no te quiero, pero sí.
"¿Sabes qué pasa? Que nosotros ya pasamos a mejor vida...si mejor significa estar sin ti, y sin mi. ¿Sabes que no pasa? El tiempo, porque dice que no se atreve a revivir, o nos tocará revivir aquel momento; aquel momento en el que detuviste las agujas y mi corazón. Me duele sí tener que pasar por todos aquellos lugares, tan tuyos y míos, por los cuales ya no querrás tú pasar. Y porque yo no puedo pasar de quererte como si la vida fuera un invierno eterno y tú mi salvador, a odiarte como si tú fueses el vacío y la vida un flotador. Quisiera correr a tu boca y engancharme, con la excusa de que mis pulmones necesitan de tu aire, cosa que, en realidad, tampoco es tan incierta. También odio esa manera en la que las lágrimas pasan por mis mejillas sin pagar peaje, aunque ellas no tengan la culpa, y tú sí. Y también, después de todo, me jode reconocer que te sigo necesitando."
Vale, ya no te quiero y vale, nuestra historia ya tuvo su punto y su puto final, pero ¿y qué? Que alguien sea sincero y diga que siempre recordará esa historia; esa historia que, aunque la página se caiga a pedazitos como nosotros, nos sigue removiendo hasta el último recoveco del cuerpo.
Porque hay personas que pasan y arrasan con ellas, y que pasan los años, pero todavía las flores siguen sin crecer. Porque hay personas que jamás quieres volver a tener en tu vida, pero que sin ellas te falta una parte de ella misma.
Son de esas personas a las cuales deberías de cerrar la puerta, pero que al cerrarla, abres sin querer la ventana (y queriendo), por si les merece la pena escalar. En el fondo sabemos que no somos más que alguien que les removió un poco el suelo, dejándolo preparado al próximo "alguien"; y lo sabemos, pero no nos importaría remover otra parte de ese suelo, ya medio asfaltado.
Somos capaces de reconocer que merecemos más que unas migajas, pero que son tan adictivas, que hasta el orgullo tambalea sin pestañear. Sabemos de sobra que nos queremos más que todo eso, pero que ojalá nos hubieran querido tanto como de verdad nos tuvieron que querer. En el fondo damos gracias, y siempre, a que nos enseñaran a querernos, pero hubiéramos preferido saberlo antes de que esa persona llegara.
Y porque, aunque cueste reconocerlo, fueron esas personas las que nos enseñaron el significado de la palabra "amor".
viernes, 3 de octubre de 2014
A la de una, a la de dos y a la de tres millones.
A veces tratas de recomponerte con piezas que jamás encajarán en tus huesos, pero lo intentas, por todos aquellos agujeros que te calan el alma.
A veces tratas de recomponerte con sonrisas que jamás encajarán en tus labios, pero lo intentas, por todas aquellas comisuras que un día se rompían de felicidad.
A veces tratas de recomponerte con caricias que jamás encajarán en tu piel, pero lo intentas, por todos aquellos escalofríos que te hicieron sentir vivo.
A veces tratas de recomponerte con pensamientos que jamás encajarán en tu mente, pero lo intentas, por todos aquellos mensajes de negatividad que te hicieron no querer estar vivo más.
A veces tratas de recomponerte con palabras que jamás encajarán en tu boca, pero lo intentas, por todas aquellas personas que de verdad te importan.
A veces tratas de recomponerte con risas que jamás encajarán en tu garganta, pero lo intentas, por todos aquellos que tratan de animarte.
Pero a veces no lo consigues, porque es imposible recomponer un cuerpo, o un corazón, o una vida, si todavía no ha llegado la verdadera cura. Y no, no existe una cura universal, y quizás eso sea lo peor.
Dicen que el tiempo es una de esas curas, pero nadie sabe cuanto tiempo se necesita para dejar de llorar como si por dentro todo se derrumbase a cada sollozo. Porque nos precipitamos y decimos: "¡Ya está!, han pasado X meses y es tiempo suficiente". No, no es la cuenta atrás, ni una carrera a contracorazón, porque eso no lo decides tú, sino él. También dicen que el quererse a uno mismo ayuda a la recomposición, ¿pero cómo quieren que nos creamos eso si cuando nos dejan es cuando menos nos queremos? Y es bien cierto, que los consejos son fáciles de dar, pero complicados de aplicar. Creo que también dicen que el entorno ayuda y que es mejor no estar solos, ¿pero quién quiere acabar derrumbado en brazos de alguien que justo no es esa persona que nos ha arrojado de su lado? Puto masoquismo en vena. Y bueno, eso de que la música ayuda...como si hubiera nacido ayer, que todos sabemos que "sin querer" pulsamos ESA canción y...¿he dicho ya masoquismo?
Sabes que no será la primera vez, ni la última, que sufras por alguien que quizás si merezca la pena, pero que tú, lamentablemente, no le mereciste la pena. Bueno, ¿y qué? Guardemos luto por esos sentimientos que un día nacieron y hoy decidiste enterrar, y vuelve a su tumba a dejarle unas bonitas sonrisas, de esas que solías gastar.
En el fondo todos rehusamos a olvidar a esa persona que un día nos hizo sentir vivos y al siguiente nos obligó a querer morirnos; pero ya está. Ahora sí que es momento de recomponerse con un nuevo "Yo" y no más "ellos", "él", "ella" o "nosotros".
Y déjate eso de "dientes, que es lo que jode", porque al final esos dientes muerden la carne y hacen sangrar, y hacen que el pasado nunca se quede atrás.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Yo me abro; los demás me cierran.
Me han desechado más veces de las que me han querido, pero en esta vida donde las dan las toman, y yo he dado, ellos han tomado. Aunque lo parezca, no le escribo al amor, porque dicen que es ciego y ya veo que sordo; mudo, porque no es capaz de gritar, ni aunque se esté desangrando de dolor.
Que a veces me he mirado desde fuera y no sé porque me hice pequeña, cuando en realidad he sido más gigante que todos aquellos. Una lástima que hubiese creído que eran príncipes azules, cuando en realidad uno a uno se fueron convirtiendo en esos monstruos que habitan debajo de mis sueños. Pero no, que ya demasiado jodido es querer, como para que los sentimientos te hagan de venda; te hagan de venda y te den un bate con el cual romper tu corazón, como si de una piñata de no cumpleaños se tratara. Así, como quien si quiere arañarse el alma, la abro de par en par, dejando que se aferren a ella como escapatoria al vacío; y vacía me quedo yo.
En realidad prefiero decirles "déjame, yo me entiendo", porque no quiero tener que explicar lo que jamás nadie se molestaría en entender. Porque simplemente les basta con un "te quiero", olvidando que los verdaderos te quieros se besan con lengua y dejan más sentimientos que saliva. Y que los te quieros se abrazan con ganas, como si el suelo fuera a derrumbarse sobre las cabezas de aquellos que en la cama se dan la espalda y en la vida también.
Que parece que en vez de ir destapando el amor con ganas, como si fuese un regalo por navidad, lo vamos escupiendo, desgastándolo, hasta que la palabra "amor" pierde el sentido y cae al suelo, muerta.
Después de todo esto la pregunta sería: ¿por qué hacemos de algo bonito una mierda? Porque somos humanos, porque somos imbéciles y porque pensamos que si lo tenemos, ya no hay que esforzarse en mantenerlo. Y ahora vengo yo y me mantengo en mis trece, y en mis veintitrés razones para decirme que si yo no me quiero, quien lo hará peor.
¿Sabéis qué pasa? Que ya solo quiero quedarme yo si es que el resto quiere pasar; y que no merece la pena quedarse mirando por la ventana, esperando a que llegue la ilusión, si es que ella decidiera venir a buscarme (que ya tocará el timbre si de verdad llega).
Total, que restando todo el dolor y sumando todo aquello que me salté, hoy si salen las cuentas; y desde hoy, hasta para siempre, voy a contar más conmigo que con nadie.
A quererse se ha dicho, y hecho.
A quererse se ha dicho, y hecho.
miércoles, 23 de julio de 2014
Aquí sigo, aferrándome.
No es coincidencia que escriba cuando tenga un grito desgarrándome el alma, y qué ironía. Porque soy muy de aferrarme a una ola, a sabiendas de que pronto volverá al lugar de donde vino, y que volverá, pero sin volver a ser ella nunca más. Y sé que la paciencia no es mi fuerte, pero nunca llegué a construir ninguno por miedo a que nadie llegase a ver como soy en realidad; pero esa realidad superó hasta el más valiente caballero, sin saber que, a lo mejor, yo me convertí en el propio dragón de mi vida.
Ojalá fuera capaz de pensar que si nadie se ha quedado es porque no sabe apreciar las virtudes y comprender los defectos, pero una se cansa de pensar y de querer, de pensar y de esperar. Porque soy muy de aferrarme al aire, a sabiendas de que, cuando se canse, dejará de soplar y yo caeré con un peso muerto dentro del pecho.
Lo mejor es que mucha gente piensa en viajar a lugares que nunca ha visitado, o lugares extraños y exóticos, pero yo cada vez tengo más ganas de irme a ningún lado y quedarme en mí, un terreno que jamás nadie ha explorado. Y es que juro que jamás sabré reconocer cuando es el momento oportuno para recoger todos los pedazos y cerrar puertas, dudando de si cerrar también ventanas para que ninguna se pueda abrir jamás.
Ojalá tuviera la clave para descifrar el porqué de todo este mar de dudas, que es más grande que cualquiera que ose cubrir el mundo. Porque me cago muy fuerte en la puta cuando olvido mi llave en las manos de alguien y me toca hacer un millón de copias más, sabiendo que volveré a ser la gilipollas de siempre. No, no es por hostias que me haya podido dar, sino que sé demasiado y aún así digo "esta vez no, estoy segura de que no". Y no, pero sí, y joder, que sí ha vuelto a pasar, niña estúpida.
Pero aquí sigo, aferrándome a no se qué, como si no fuera consciente de que no puedo aferrarme ni si quiera a mi corazón, a sabiendas de que, en cualquier momento, también se derrumbará.
martes, 24 de junio de 2014
Querida Yo.
Hola, Yo del pasado. ¿Qué tal se vive en los recuerdos? Bueno, aquí sigo yo, intentando no cometer tus errores e intentando dejarle a nuestra Yo del futuro algo bonito por lo que seguir hacia delante. No suelo decirtelo mucho, pero echo de menos como eramos antes, solo que una no puede seguir siendo tan débil, porque la vida no te lo permite.
¿Sabes?, a veces me digo que echar la vista atrás no será tan malo, pero luego recuerdo que si eres mi pasado, por algo será y me da pena dejarte entre tantos recuerdos tristes, aunque alguno bonito también nos calló.
Siento decirte que eso de pensar más en los demás que en ti...mala cosa; y que eso de confiar en los demás ciegamente también es un fallo muy gordo, que la desconfianza, al fin y al cabo, nos pudo salvar de algún mal trago. Vamos, que eso de la ingenuidad se ha acabado y espero que nuestra Yo del futuro se aplique el cuento. También debería decirte que no supiste quererte muy bien y ese ha sido un fallo muy gordo que ahora me tocará enmendar, maldita hija de puta.
De todas maneras, lo hiciste lo mejor que supiste y todo el mundo comete errores. No te digo todo esto para que te sepa a reprimenda, pero claro, ahora que ya sabemos cuales fueron los errores, habrá que intentar dar alguna vez en la diana. Ahora que tengo yo, más o menos, las riendas de nuestra vida, es momento de acelerar un poco y coger a la felicidad por los cuernos, que creo que te mereces una venganza; así, como suena, una venganza, demostrándote a ti misma que podrías haber sido feliz. Y claro, me dirás que tú no has tenido toda la culpa y no, pero si hubieras sido más lista te habrías apartado de todo lo doloroso, no que el masoquismo te lo pinchabas tu misma en vena.
En fin, que tu turno se pasó hace mucho y yo, que seguía durmiendo, me acabo de dar cuenta y tengo que recuperar el tiempo perdido. Solo te escribía para decirte que hay cosas de ti que siempre guardaré, como el abrirte a los demás, aunque ahora con un poco más de cabeza; también recordaré de ti esa manera de hablar por los codos, pero habrá que llevar un poco de control también. Creo que también recordaré que en tu tiempo fuiste alguien bastante dulce, pero se acabó dar a quien no da, que eso era algo típico de ti. Y que decirte sobre los amores...que parece que lo nuestro es la salud y que jugaré a la lotería, así quizás el amor venga por sí solo.
Bueno, Yo del pasado, dentro de un tiempo me tendrás a tu lado, pero solo cuando haya podido dejar al presente lleno de bonitas sonrisas.
viernes, 30 de mayo de 2014
Adiós, corazón.
Es difícil intentar respirar cuando hasta sonreír lo hacías con el corazón. Como cuando rezas, dibujas, cantas, besas, amas...porque siempre has usado tu corazón hasta para soñar; hasta él lloraba cuando tú lo hacías.
Porque como le explicas que hay momentos en los que te apetecería arrancártelo cuando él jamás tuvo culpa de haber nacido pegado a ti, desde el primer segundo, desde el primer momento, desde la primera calada de aire fresco. Porque como le explicas que quieres olvidarle por olvidar a otras personas, como si él tuviese culpa de bombear rápidamente con cada miraba furtiva o con cada beso desenfrenado. Y como le explicas que deseas deshacerte de él, porque no tienes la suficiente voluntad para deshacerte de los demás, por miedo a quedarte sola.
Pero no, él jamás tuvo culpa de que dos personas lo crearan con todo el amor que sus corazones tenían guardado para darte a ti. ¿A quién hay que culpar entonces para no culparle a él por querer sin remedio y sin riendas que le pararan al desbocarse?
Ojalá pudiera no culparle a él y solo culparme a mí por hacerle latir por quien vino antes con aguja e hilo que con abrazos y besos, advirtiéndome sin quererlo.
Porque no puedo seguir con ganas de arrancármelo cuando yo combatí en el bando contrario, siendo la primera que le traicionaba por unas palabras mal redactas al aire, firmando con su propia sangre.
Supongo que quien tiene que arrancarse de su cuerpo soy yo, porque no he hecho más que contribuir a cada cicatriz que él ha procurado curar; porque he sido yo quien ha provocado cada uno de sus bombeos llenos de dolor.
Y quizás sea yo quien deba encerrarse en un cajita y enterrarse muy hondo, dejando que sea él quien decida su destino, y ojalá que no se deje caer en manos de nadie.
Por hoy creo que tendré que dejarlo marchar y que, aunque llore y patalee, sé que sin mí estará muchísimo mejor.
Adiós, corazón.
martes, 22 de abril de 2014
Bordillos por sillones y vasos por derramar.
Estas son las veces que no puedo decir: "a veces yo...", porque es día a día. Es una de esas veces que tienes claro que ya nada es tan claro como creías, y solo quieres darte un cabezazo contra la pared y romperla; romperla para a ver si así dejas de romperte el corazón y de partirte la sonrisa contra bordillos, que tienen más pinta de sillones donde mirar a la gente pasar y beberte una cerveza a morro. Y es que, y ya no tan claro, podría dejar que me dijesen como vivir la vida, ¿pero entonces para qué mierda quisiera vivir mi vida si son los demás quienes la dirigen?
Enserio, ¿os creéis que la gente llora por gusto y de placer? Que a veces, A VECES, parecemos gilipollas y nos dedicamos a preguntar: "¿estás bien?", en vez de coger toda nuestra sensibilidad y decir: "¿en qué puedo ayudar para que estés bien?". Porque no puedo creer que nos llamemos humanos a nosotros mismos cuando incluso existen animales que son más nobles que nosotros; y que quizás no tenga nada que ver la humanidad con la nobleza, pero manda cojones que seamos los humanos más animales que los propios animales. Y a mí, que se me da mejor abrirme que cerrarme, pero luego se quejan de que te abres tanto que se te ve hasta el lado oscuro, el lado rosa y el fondo manchado de sangre donde supuestamente tenías antes un corazón.
Que los que me conocen saben que soy así por ellos, pero es mejor darse a la fuga mental y echar la culpa a ese animal que saco cuando no me gusta que me echen la carne que los demás ya no quieren.
Y que yo siempre pienso que me conocen, pero nadie te conoce mejor que tú mismo, y así a cualquiera no le dan ganas de encerrarse a esperar que los demás se pudran de amor caducado y de venas llenas de alcohol y lágrimas.
Porque en el fondo, todo se queda en el fondo de una vaso que siempre acaba derramado por la última gota, ¿pero qué culpa tendrá esa gota de llegar la última o de qué alguien no coja el vaso y lo vacíe?
Lo siento, pero yo voy a vaciarlo.
martes, 18 de marzo de 2014
A callar, corazón.
En esta historia no quise escuchar a nadie, porque solo estaba dispuesta a escuchar a mi corazón. Vaya putada cerrar los oídos y abrir los sentimientos, a sabiendas que la llave la perdí hace mucho y de muy buena gana. Simplemente quise llegarle muy dentro, como una de esas canciones que le hacen saltar, llorar o reír sin esfuerzo alguno; y quise dejarle huir lejos, creyendo que yo era el mejor lugar donde podría perderse.
En realidad, nunca he tenido ni puta idea del amor, o es que quizás me juntaba con quien sabía las reglas, pero no como se debían aplicar.
Pero, fíjate, aquí seguimos, creyendo que el amor es algo así como sentir mariposas en el estómago, confiar ciegamente, hacer daño o hacernos daño, e incluso olvidar lo que somos por recordar hacer felices a los demás. Pero, fíate, en realidad cada uno sabe, o quiere entender, lo que es el amor acorde con lo que siente. Supongo que no soy la única que pasa de escuchar a nadie, ni tan siquiera a esa voz de la experiencia que dice que jugárselo todo a una no es la opción más sensata.
Y si alguien sabe de verdad que coño hay que hacer para dar en la diana, que me cuente el secreto, y que nadie me diga que los magos jamás revelan sus trucos.
"Tranquila, todo tiene su recompensa", y creo que ya ni la quiero si es como esas bofetadas que duelen antes de impactar.
En realidad, me apetece arrancarme en pedacitos esos sueños que antes me hacían volar y que ahora solo me hacen darme golpes contra las ventanas cerradas, o arrancarme el corazón...¿qué duele más?
Creces y un día te das cuenta que de pequeño esperabas tanto, o esperabas solo a una persona, y que esa persona no ha llegado y claro, te sale preguntarte: "¿qué he hecho yo para no merecerme ésto"?
Anda que también, menuda mierda de reflexión. Mejor me voy al rincón de no llorar, que no me apetece calzarme las botas de agua y pisar sin querer algún sentimiento perdido por el camino.
Anda que también, menuda mierda de reflexión. Mejor me voy al rincón de no llorar, que no me apetece calzarme las botas de agua y pisar sin querer algún sentimiento perdido por el camino.
sábado, 15 de marzo de 2014
Creía.
Ella creía ser como una melodía mal entonada, pero capaz de llegar a poner sus pelos de punta; de punta en blanco, como ella se vestía las sonrisas cada vez que quedaban para gritarle a la vida que ahí seguían, viviéndola.
Porque ella creía ser la niña del corazón valiente y las lágrimas de plata.
Porque ella creía ser la mujer de las heridas por cerrar, pero, sobretodo, la mujer de su vida.
Y es que ella creía que volar era caminar a su lado, con los auriculares conectados a los latidos de su corazón, como una canción sonando una y otra vez.
Ella también creía que el Sol solo salía cuando él decidía que ya era hora de que abriese los ojos, porque ya tocaba levantarse a poner su caos, de nuevo, en marcha.
Sobretodo creía que si él no estaba, ella era como esas flores de primavera que, mientras todas florecen, ellas nunca llegan a abrirse del todo; porque ella creía que el amor era abrirse y sentirse bonita, por serlo y porque fuesen capaces de verlo.
Y es que ella podía creer en ella, en él, en Dios, en el amor, en que las distancias se pueden romper, en que sus heridas un día dejarían de sangrar, en que lograría alcanzar sus sueños, en que el tiempo jamás se podría parar, pero sí en que los recuerdos se pueden atesorar...
Y ella sabía que él jamás llegaría a ser perfecto, ni tan siquiera todo lo que ella esperaba, pero le quería, y simplemente ya no era una suposición.
lunes, 10 de marzo de 2014
Me dejo que me lleves.
Me duele la comisura de la vida cada vez que sonrío y le sonrío, y duele ya de placer.
Porque sabemos que nos vamos a dejar llevar sin tener ni idea de como volver, aunque supongo que si importa, pero qué más dará. Y él dijo que daba; daba su tiempo y sus latidos aunque nada funcionase, pero que tendría piezas de sobra para reconstruirnos las fuerzas para seguir luchando.
Y todo él me sabe a distancia, a sonrisas, a ganas de seguir soñando, a libertad, a inocencia, a deseo liberado, a beso de buenas noches, de buenos días y de buena vida; e incluso a beso de la muerte por amor. Que quizás también podría decirse que odio que se sienta tan difícil respirar cuando no noto su respiración en la nuca, o cuando no se ríe porque yo siga haciendo la idiota.
Porque sabemos que nos dejamos llevar porque no queremos volver, aunque supongo que no importa, porque somos nosotros, y ellos ya han dejado de ser.
Ya sabemos que las pantallas se han enamorado de nuestras sonrisas, y que a veces ellas mismas quisieran convertirse en apenas dos centímetros de distancia esta noche, o esta vida; y no es algo triste si pienso que sonreír y sufrir es sólo una mínima parte del resto de sentimientos que nos quedan por pasar juntos.
Yo, que siempre he sido más de tirarme a la piscina, me he tirado a sus brazos y aún, quizás, estoy esperando darme la hostia del amor para darme cuenta de que esto no es real. Vale. Que él no sea real. Pero, sinceramente, ¿qué más da? Que prefiero sufrir intentándolo y dejándome llevar, que pasarlo bien una parte y quedándome en un lugar que siempre me aportará la misma sensación de sobriedad.
Y sí, si estoy loca si se entiende que ilusionarse es tener ganas de intentarlo como un gilipollas que sabe que en el fondo sólo le esperará la sentencia final. ¿Sabes?, ojalá mi sentencia final sea con él y no en la más profunda soledad.
Porque sabemos que nos vamos a dejar llevar sin tener ni idea de como volver, aunque supongo que si importa, pero qué más dará. Y él dijo que daba; daba su tiempo y sus latidos aunque nada funcionase, pero que tendría piezas de sobra para reconstruirnos las fuerzas para seguir luchando.
Y todo él me sabe a distancia, a sonrisas, a ganas de seguir soñando, a libertad, a inocencia, a deseo liberado, a beso de buenas noches, de buenos días y de buena vida; e incluso a beso de la muerte por amor. Que quizás también podría decirse que odio que se sienta tan difícil respirar cuando no noto su respiración en la nuca, o cuando no se ríe porque yo siga haciendo la idiota.
Porque sabemos que nos dejamos llevar porque no queremos volver, aunque supongo que no importa, porque somos nosotros, y ellos ya han dejado de ser.
Ya sabemos que las pantallas se han enamorado de nuestras sonrisas, y que a veces ellas mismas quisieran convertirse en apenas dos centímetros de distancia esta noche, o esta vida; y no es algo triste si pienso que sonreír y sufrir es sólo una mínima parte del resto de sentimientos que nos quedan por pasar juntos.
Yo, que siempre he sido más de tirarme a la piscina, me he tirado a sus brazos y aún, quizás, estoy esperando darme la hostia del amor para darme cuenta de que esto no es real. Vale. Que él no sea real. Pero, sinceramente, ¿qué más da? Que prefiero sufrir intentándolo y dejándome llevar, que pasarlo bien una parte y quedándome en un lugar que siempre me aportará la misma sensación de sobriedad.
Y sí, si estoy loca si se entiende que ilusionarse es tener ganas de intentarlo como un gilipollas que sabe que en el fondo sólo le esperará la sentencia final. ¿Sabes?, ojalá mi sentencia final sea con él y no en la más profunda soledad.
viernes, 28 de febrero de 2014
De puntas y corazón menos rojos.
Tengo los pies congelados, pero tus manos preferían hacerme arder el corazón en cada latido, y todavía recuerdo como hacías que mis lágrimas se evaporasen al contacto, caliente en todas mis estaciones.
Que, a veces, la lluvia venía y nos llovía por sorpresa, mojándonos la risa y el quejido de nuestro diafragma al contraerse, tan rápido como el tiempo que pasaba, mientras nosotros no pasábamos. Y no pasábamos porque no queríamos tropezarnos con el gato negro de aquella calle, con nombre de agosto y de angustia; pero pasamos por debajo de la escalera de mi casa para darnos el lote, que no la lotería, como si ya no importase que la mala suerte quisiera participar en este baile de corazones descompasados, tropezándose en el amor.
Porque, claro, a mí siempre se me ha dado, y no digo genial, escribir, y escribirte, mientras tú practicabas el tiro a la razón, descontrolando las pocas hormonas que todavía quedaban sin revolucionar. Porque, claro, desataste la tercera y hasta séptima guerra sentimental en mi interior, pero a mí me pilló sin armas ni caparazón, jodiéndome desde las puntas hasta volver a ellas.
Y ahora llevo unas puntas rojas que se destilan a cada lavado, tal y como dicta, o palpita, el corazón, que empezó siendo rojo y ahora ya ni se sabe, porque te saliste de las líneas al pintarlo.
Déjame escribirme que ya no es todo como fue; y déjame que me lo escriba por no poder dejártelo a ti grabado en nota de voz, porque ni la voz me sale cuando sólo me sale recordarte.
Llegará al día en el que ese rojo pase de las puntas a todo el pelo, pasando por las venas y llegando al corazón. Y se tintará la razón por volver a este cuerpo que antes te llamaba, y al que ahora llamo yo.
![]() |
sábado, 22 de febrero de 2014
Uno más, una menos.
Hoy te he pensado y me ha sabido a poco, y hoy te he sentido, y a mi corazón le has dolido a mucho.
A veces creo que en el fondo no fuimos tan distintos, y quizás eso nos hizo cansarnos antes de tiempo, o antes de matarnos a palabras de dientes afilados. Lo más jodido de todo es volver a pensarte con esos dientes, cuando se hacían físicos y marcaban el físico de mis labios, rasgando sus formas y pintándolos de rojo carmín sin carmín. Pero supongo que sólo era eso: lo físico; aunque también se nos daba genial la química, y fuimos dos sustancias que jamás debieron ser fusionadas, y nos quemamos el corazón, esparciendo sus retos por todas las esquinas.
Antes era una más, cuando ahora soy una menos, y quién no se preguntaría cómo sucedió todo, cuando una noche era yo y al día siguiente pensaba por los dos.
Y es que me llamó al borde del abismo y jugamos a la pata coja con los ojos cerrados, desafiando a la gravedad; pero mis mariposas me empujaron hasta caer y se esfumaron cuando topé contra la realidad.
Aún suspiro profundamente, o conscientemente, cuando el aire me trae tu olor, pero cuando abro los ojos ya no eres tú, sino alguien más que ha decidido comprar tu perfume. En ese momento me doy cuenta de que nunca te llegué a saborear de verdad, o que tú no fuiste de verdad; uno más de la cadena de montaje del desamor. Tú siendo uno más y yo siendo una menos, ¿por qué sí?
Pero como ha vuelto a pasar, yo me he vuelto a quedar, no esperándote, más bien esperándome a mí. Y estoy llegando, aquí, con mis versos que parecen ser para ti, pero que sólo son para mí, para sentirme yo, como siempre fui.
Y mi corazón te sigue doliendo a mucho, pero como se suele decir: quien calla otorga, y yo prefiero no callar, porque mi corazón no es algo que se pueda otorgar.
A veces creo que en el fondo no fuimos tan distintos, y quizás eso nos hizo cansarnos antes de tiempo, o antes de matarnos a palabras de dientes afilados. Lo más jodido de todo es volver a pensarte con esos dientes, cuando se hacían físicos y marcaban el físico de mis labios, rasgando sus formas y pintándolos de rojo carmín sin carmín. Pero supongo que sólo era eso: lo físico; aunque también se nos daba genial la química, y fuimos dos sustancias que jamás debieron ser fusionadas, y nos quemamos el corazón, esparciendo sus retos por todas las esquinas.
Antes era una más, cuando ahora soy una menos, y quién no se preguntaría cómo sucedió todo, cuando una noche era yo y al día siguiente pensaba por los dos.
Y es que me llamó al borde del abismo y jugamos a la pata coja con los ojos cerrados, desafiando a la gravedad; pero mis mariposas me empujaron hasta caer y se esfumaron cuando topé contra la realidad.
Aún suspiro profundamente, o conscientemente, cuando el aire me trae tu olor, pero cuando abro los ojos ya no eres tú, sino alguien más que ha decidido comprar tu perfume. En ese momento me doy cuenta de que nunca te llegué a saborear de verdad, o que tú no fuiste de verdad; uno más de la cadena de montaje del desamor. Tú siendo uno más y yo siendo una menos, ¿por qué sí?
Pero como ha vuelto a pasar, yo me he vuelto a quedar, no esperándote, más bien esperándome a mí. Y estoy llegando, aquí, con mis versos que parecen ser para ti, pero que sólo son para mí, para sentirme yo, como siempre fui.
Y mi corazón te sigue doliendo a mucho, pero como se suele decir: quien calla otorga, y yo prefiero no callar, porque mi corazón no es algo que se pueda otorgar.
lunes, 17 de febrero de 2014
Tú. Sí, tú.
Respiras hondo y, como si fuera posible, te abrazas e intentas contener todas esas piezas que ya no encajan, pero que él se encargó de colocar como un niño pequeño, antes de alejarse asustado.
Bailas, pero tus pies ya no responden, y es que salen corriendo tras un rastro que ya no está, porque después de tanto tiempo las cosas cambian, pero tú no.
Recuerdas aquellas tardes de lluvia donde te encondías en su pecho, y ahora es tu pecho el que diluvia, pero no eres capaz de esconderte; y ahora eres tú quien lloras, pero es ahora él quien se esconde tras las pestañas de otra musa.
Porque el tiempo pasa, como los recuerdos, pero ellos regresan y vuelves a tu dulce y solitaria locura, donde el tiempo si que no regresa.
Que era más fácil decirte que eras tú, pero ese "tú" tuvo tu nombre y el de unas cuantas más, porque has sido tú, pero que jamás fuísteis un "vosotros".
Supongo que de ilusiones no se vive, pero si se muere. Y lo que no mata engorda, y tú te has quedado con dos kilos más de culpa en el corazón y un mal sabor de boca que otros besos sólo aumentan. Y que no has muerto porque no deseas ir al infierno a esperar que él regrese cada día a guardar un alma más en pena, víctima de sus encantos de principe azul y palabrería de Sombrerero loco.
No sé si está demás decir que te sentías de menos conforme os comíais aquel pastel, quedándote con las migajas de algo que, al final, fue simplemente un trocito de todo él.
Y claro, si en el camino tenía que tropezar con piedras, a ti te llevaba en sus manos. Y claro, si en el camino tenía que tropezar, eras tú quien primero se golpeaba contra todas ellas, cuidando porque no se hiciese daño. Y claro, echa la vista atrás porque no piensa echar el cuerpo y recogerte del suelo, quitando todos esos daños clavados y cosiendo lo que ya no tiene cura, ni corazón.
A ver como le dices a tu "yo" interior que te espere, joven, mientras tú te vas marchitando con el tiempo.
Ya sabes que vivir sólo se vive una vez, porque morir ya has muerto unas cuantas, y que el gato solo tiene siete vidas y te estás jugando llegar a la última partida sin ninguna.
Has respirado hondo, pero no lo suficiente como para llenar tus pulmones y vaciar su C02.
Porque ahora que no está, sólo quedas tú, y eso basta para mirar hacia delante y no echar de nuevo tu cuerpo atrás.
Porque ahora que no está, sólo quedas tú, y eso basta para mirar hacia delante y no echar de nuevo tu cuerpo atrás.
sábado, 1 de febrero de 2014
Lo barato sale caro.
A veces me da por preguntarme que nos ha pasado. Luego pienso que estoy preguntándome a mí misma, y cambio el "nos" por "me".
Supongo que mi cabeza estaba amueblada con esos muebles que escogimos juntos en el Ikea aquella tarde, entre risas y besos, y sigo preguntándome. Ahora me he quedado con una azotea amueblada con accesorios mal colocados y montados a base de prisa, amor alocado y materiales baratos; materiales que parece que me hablan en otro idioma, que contactan con mi corazón y le gritan que si se siente a gusto ahí solo, latiendo como si alguien lo fuese a escuchar. O como si alguien lo fuese a reparar. Pero él me dice que por una vez está bien y que pasa de que venga un gilipollas a remodelarle la casa a base de bonitas cortinas con estampados de corazones rotos y sueños plasmados en cuadros fabricados en serie. Me dice que en silencio sabe apreciar mejor aquellas risas del pasado, aunque ahora parezcan más bien de lata, como las de esas series donde las risas que suenan ya pasaron a mejor vida. Y que dice que a solas también sienta bien, porque latir por uno es más sencillo que latir por dos. En el fondo (porque mi corazón tiene fondo de armario, sólo que con un vestido de diario, otro de gala y otro de funeral) sabe que también está un poco maltrecho y que le tocará colocarse algún tornillo de esos con nombres raros del Ikea. Y que digo tornillos porque parece ser que nos hemos tenido que poner pilas antes que sentimientos, pero que lleva fatal eso de que le chirríen los músculos. Tú, que eras algo así como su aceite, has pasado a ser el aire que le oxida.
Y claro, entre mi azotea, amueblada como si eso fuera una noche de sexo, drogas y alcohol, y un corazón que se está correspondiendo a sí mismo, yo me estoy alejando un poco de mí. Pero he de decir que, para mal, me está sentando bien, y que ya no me siento a esperar que todo se arregle; que salgo corriendo, y no huyendo, detrás de lo que quiero ser y ya no de lo que parezco ser. Y que salgo corriendo a por esas sonrisas que un día dejé escapar.
Ahora que lo pienso, tampoco es necesario tener los muebles más caros o una alfombra de zebra. Que si soy así: loca, dejada, apasionada, borde, sobreprotectora, sinvergüenza, dulce...¿por qué cambiar algo que me gusta?
Por mí, ahí te quedes con tus patas de mesa mal colocadas, cuadros torcidos que escurren falsas promesas y alfombras de bienvenida que invitan a no entrar.
martes, 28 de enero de 2014
Saber a mal.
A ver como te hago entender(me), que no quiero que nos quede París, más bien que nos sobre el mundo entero. Y que nos sobre la ropa y sobre la cama ser, o sobre cualquier superficie que aguante nuestras ganas. Pero que las sobes todas, que ya ves tú, que son todas tuyas y todas requieren tu atención. Y te quieren a ti y a tu boca, y a tus sonrisas, y todo. Sí, todo tú, dentro de todo lo que soy yo.
Y ojalá desayunarnos los buenos días y romper la rutina con una sonrisa de oreja a oreja, aunque si tú quieres, a mí házmela de pierna a pierna.
Que vengo y te escribo porque si te como ya ves que voy a repetir y aún así escribirte me sabe a poco y hay días que me sabe a mal. Y me sabe mal no ir y follarte como la bestia que alimentas en mi bajo vientre; aunque para bajos, todos mis instintos.
Me están dando ganas de arrancarme el lado animal, pero sólo para lanzarlo encima tuyo y que te deje marcas en la espalda, que en la vida y en el corazón ya me encargo yo. Y que me lío yo sola porque no nos estamos liando, porque me imagino liándonos un porro o liándonos las lenguas. Dios (perdóname, que siempre te nombro en vano), sacas mi lado más oscuro y oscura debería ser la habitación donde pensarnos fuerte y dejarte muerto en vida encima del colchón.
Y si estás ahí, ven aquí, que estás tardando y ya no tengo edad para creer en trenes que pasan una vez, si cuando el maquinista quiere, vuelve a retroceder. Y así, de estar tomando decisiones (por no estar tomando contigo la última copa), no voy a volver a traer el pasado a mi vida, que en cuanto puede, él se folla a mis sonrisas; y ya está bien de que él folle más que yo.
Pero volviendo al tema, y volviendo a ti, a París que le den y vamos a darnos nosotros un respiro, aunque, deseándolo mejor, ni quiero que respiremos entre beso y beso. Y es que, para ser enamorados, prefiero que seamos amantes y querernos a base de sonrisas, y que mi base de maquillaje sean tus besos.
Que bien se me da idealizarte cuando todavía no te he escuchado pronunciar mi nombre, aunque, por mí, como si quieres gemírmelo bajito al oído.
Pero es que estás tardando, aunque yo te quiero esperar, para que lleguemos tarde juntos a todos los orgasmos. Y perdernos en tardes con sabor a primavera en tu cama... y con saber a mal por esta distancia.
Y ojalá desayunarnos los buenos días y romper la rutina con una sonrisa de oreja a oreja, aunque si tú quieres, a mí házmela de pierna a pierna.
Que vengo y te escribo porque si te como ya ves que voy a repetir y aún así escribirte me sabe a poco y hay días que me sabe a mal. Y me sabe mal no ir y follarte como la bestia que alimentas en mi bajo vientre; aunque para bajos, todos mis instintos.
Me están dando ganas de arrancarme el lado animal, pero sólo para lanzarlo encima tuyo y que te deje marcas en la espalda, que en la vida y en el corazón ya me encargo yo. Y que me lío yo sola porque no nos estamos liando, porque me imagino liándonos un porro o liándonos las lenguas. Dios (perdóname, que siempre te nombro en vano), sacas mi lado más oscuro y oscura debería ser la habitación donde pensarnos fuerte y dejarte muerto en vida encima del colchón.
Y si estás ahí, ven aquí, que estás tardando y ya no tengo edad para creer en trenes que pasan una vez, si cuando el maquinista quiere, vuelve a retroceder. Y así, de estar tomando decisiones (por no estar tomando contigo la última copa), no voy a volver a traer el pasado a mi vida, que en cuanto puede, él se folla a mis sonrisas; y ya está bien de que él folle más que yo.
Pero volviendo al tema, y volviendo a ti, a París que le den y vamos a darnos nosotros un respiro, aunque, deseándolo mejor, ni quiero que respiremos entre beso y beso. Y es que, para ser enamorados, prefiero que seamos amantes y querernos a base de sonrisas, y que mi base de maquillaje sean tus besos.
Que bien se me da idealizarte cuando todavía no te he escuchado pronunciar mi nombre, aunque, por mí, como si quieres gemírmelo bajito al oído.
Pero es que estás tardando, aunque yo te quiero esperar, para que lleguemos tarde juntos a todos los orgasmos. Y perdernos en tardes con sabor a primavera en tu cama... y con saber a mal por esta distancia.
jueves, 23 de enero de 2014
Te estiro en mi recuerdo, te encoges en mi co-razón.
La noche se estira y tú no estás. Y yo me estiro en la cama intentando ocupar tu hueco, pero todavía no he sido capaz de aprender como minimizar esta soledad, intentado llenar el hueco del corazón, que a veces me llama y me suplica un poco de piedad.
Es raro sentirte perdida en el lugar donde se supone que antes era tu hogar. Y es raro sentir frío donde sólo antes podía calentar mi boca, mi sonrisa y mis ganas de ti, todavía sin saciar.
Yo te hice poesía y amor platónico en mis letras, y luego tenerte, como nunca se llega a tener a alguien que quiere salir más corriendo que pasear de tu mano. Y nos cortamos las alas, aunque tú tenías más cola de diablo que aureola de angelito
Y en sí, conseguiste hacerte persona entre tanta gente, pero me metí dentro tuyo y encontré menos de ti, y más de la nada. Y porque el mundo es una putada en sí, una piedra en el camino. Y porque hay demasiados días en los que parece que pasan años, eternos, como aquel beso de despedida entre suspiros y lamidas.
¿La putada?, que hemos sido polvo, pero más bien de ese que hay que limpiar, que de esos que hay que echar..día sí, minuto tras minuto después; y que durase, pero que nunca perdurase, porque lo que perdura, al final se vuelve artificial.
Pero es que no soporto tenerte cerca y tenerte que imaginar, porque aunque tú no lo creas, no eres transparente, ni real. Y me he cansado de jugar a las muñecas, porque tampoco fuiste capaz de apreciar mi inocencia de niña traviesa. Y ahora me he cansado de jugar a este juego del querer, pero no necesitar, porque querías compartir estas ganas de vivir, pero sobretodo las de follar.
Quédate esa soledad de persona que se quiere y se sabe respetar, pero donde se cree valiente y sólo es una persona vacía con la que no puedes tratar.
Mi amor, date la vuelta y ni te lo voy a pedir, porque si te pedí un día que me quisieras y no lo hiciste, no te voy a pedir otra cosa que tampoco quieras hacer. Y lo pedí, sí, cuando es algo que tiene que nacer y llorar, y crecer, y caerse, y crecer, y madurar, para siempre acabar por morir.
Pero ya no; ya no más, y por fin ya nunca menos.
Porque hoy voy a empezar a caminar por las lineas de mis manos y a dejar de querer seguir las de manos ajenas, que cuando te quieres dar cuenta, te han encarcelado en su puño.
Y lo siento por ti, pero más lo siento por mí y es que, mejor tarde que nunca, ya he empezado a quererme y no sabes lo bien que sienta querer a alguien que siente lo mismo por ti.
Y lo siento por ti, porque hoy no estés en mi cama, pero sé que mañana ya nunca podrás olvidarte de mí.
Es raro sentirte perdida en el lugar donde se supone que antes era tu hogar. Y es raro sentir frío donde sólo antes podía calentar mi boca, mi sonrisa y mis ganas de ti, todavía sin saciar.
Yo te hice poesía y amor platónico en mis letras, y luego tenerte, como nunca se llega a tener a alguien que quiere salir más corriendo que pasear de tu mano. Y nos cortamos las alas, aunque tú tenías más cola de diablo que aureola de angelito
Y en sí, conseguiste hacerte persona entre tanta gente, pero me metí dentro tuyo y encontré menos de ti, y más de la nada. Y porque el mundo es una putada en sí, una piedra en el camino. Y porque hay demasiados días en los que parece que pasan años, eternos, como aquel beso de despedida entre suspiros y lamidas.
¿La putada?, que hemos sido polvo, pero más bien de ese que hay que limpiar, que de esos que hay que echar..día sí, minuto tras minuto después; y que durase, pero que nunca perdurase, porque lo que perdura, al final se vuelve artificial.
Pero es que no soporto tenerte cerca y tenerte que imaginar, porque aunque tú no lo creas, no eres transparente, ni real. Y me he cansado de jugar a las muñecas, porque tampoco fuiste capaz de apreciar mi inocencia de niña traviesa. Y ahora me he cansado de jugar a este juego del querer, pero no necesitar, porque querías compartir estas ganas de vivir, pero sobretodo las de follar.
Quédate esa soledad de persona que se quiere y se sabe respetar, pero donde se cree valiente y sólo es una persona vacía con la que no puedes tratar.
Mi amor, date la vuelta y ni te lo voy a pedir, porque si te pedí un día que me quisieras y no lo hiciste, no te voy a pedir otra cosa que tampoco quieras hacer. Y lo pedí, sí, cuando es algo que tiene que nacer y llorar, y crecer, y caerse, y crecer, y madurar, para siempre acabar por morir.
Pero ya no; ya no más, y por fin ya nunca menos.
Porque hoy voy a empezar a caminar por las lineas de mis manos y a dejar de querer seguir las de manos ajenas, que cuando te quieres dar cuenta, te han encarcelado en su puño.
Y lo siento por ti, pero más lo siento por mí y es que, mejor tarde que nunca, ya he empezado a quererme y no sabes lo bien que sienta querer a alguien que siente lo mismo por ti.
Y lo siento por ti, porque hoy no estés en mi cama, pero sé que mañana ya nunca podrás olvidarte de mí.
sábado, 18 de enero de 2014
Tan especial como inmortal.
Y antes de que te vayas, mírame a los ojos, o mírame dentro del corazón. O dentro de la vida.
Pero ya nunca más dentro de nosotros, donde yo idealicé una preciosa primavera, llena de color, y sin dolor. Y ahora sólo estoy por comprobar como el invierno llega y te congela los huesos...si es que no te cala hasta la respiración...aunque tú me la jadearas mejor.
Y a veces me da por recordar como escogía mi mejor ropa interior de encaje, intuyendo que tus dedos acabarían por recorrer(nos) los contornos; pero ya nada de encaje, ni de encajar, porque supongo que jamás encajamos.
Creo que me pasé media vida pensando todo antes de actuar, pero contigo fue pasarme el resto de la otra vida sin actuar, porque era de verdad y, en realidad, sólo actuaste tú. Que hasta te lancé flores, y ahora te lanzo olvido en esta última butaca de tu vida.
¿Quién estará dispuesto a relajar algo que tú dejaste sin armadura y desbocado? Enserio, que para estar desbocada, bastaba tu boca en la mía, y ya no hacía falta más.
Y estoy entre el otoño de tu mirada y la primavera de la mía, donde en vez de caer hojas, caía yo; y donde en vez de florecer rosas, florecíamos los dos.
¿Sabes?, tengo los pies más congelados que tus sentimientos. Y ya no sé si tuviste más suerte en tocarme estos labios, y este corazón, que ardían cuando nos teníamos cerca. ¿Sabes?, que la realidad supera la ficción, pero creo que fuimos más ciencia, de esta donde los experimentos te explotan en la mano como mezcles componentes que no son compatibles. Y bueno, eso es algo que siempre me dio bastante igual.
De aquí, hasta siempre, voy y vuelvo, con un millón de recuerdos cargados en la espalda. Y cada vez tengo la cara más cerca de todas aquellas piedras con las que pienso y tendré que tropezar.
Y no te curé a tiempo, pero como está de moda ahora, todo puede llegar a ser infinito.
Y aunque tú te hagas inmortal en mi recuerdo, iré a pedir un tiempo muerto, y a ver si te mueres tú en su lugar.
Pero ya nunca más dentro de nosotros, donde yo idealicé una preciosa primavera, llena de color, y sin dolor. Y ahora sólo estoy por comprobar como el invierno llega y te congela los huesos...si es que no te cala hasta la respiración...aunque tú me la jadearas mejor.
Y a veces me da por recordar como escogía mi mejor ropa interior de encaje, intuyendo que tus dedos acabarían por recorrer(nos) los contornos; pero ya nada de encaje, ni de encajar, porque supongo que jamás encajamos.
Creo que me pasé media vida pensando todo antes de actuar, pero contigo fue pasarme el resto de la otra vida sin actuar, porque era de verdad y, en realidad, sólo actuaste tú. Que hasta te lancé flores, y ahora te lanzo olvido en esta última butaca de tu vida.
¿Quién estará dispuesto a relajar algo que tú dejaste sin armadura y desbocado? Enserio, que para estar desbocada, bastaba tu boca en la mía, y ya no hacía falta más.
Y estoy entre el otoño de tu mirada y la primavera de la mía, donde en vez de caer hojas, caía yo; y donde en vez de florecer rosas, florecíamos los dos.
¿Sabes?, tengo los pies más congelados que tus sentimientos. Y ya no sé si tuviste más suerte en tocarme estos labios, y este corazón, que ardían cuando nos teníamos cerca. ¿Sabes?, que la realidad supera la ficción, pero creo que fuimos más ciencia, de esta donde los experimentos te explotan en la mano como mezcles componentes que no son compatibles. Y bueno, eso es algo que siempre me dio bastante igual.
De aquí, hasta siempre, voy y vuelvo, con un millón de recuerdos cargados en la espalda. Y cada vez tengo la cara más cerca de todas aquellas piedras con las que pienso y tendré que tropezar.
Y no te curé a tiempo, pero como está de moda ahora, todo puede llegar a ser infinito.
Y aunque tú te hagas inmortal en mi recuerdo, iré a pedir un tiempo muerto, y a ver si te mueres tú en su lugar.
lunes, 13 de enero de 2014
Ir, pero.
Iría.
Iría y te haría tragarte esas palabras que a veces queman como el aire de este invierno en mis pulmones.
Iría y te las tragarías, para después meterte la lengua hasta el fondo, y más allá.
Iría, de verdad, y sabes que quisiera matarte a golpe de besos entre latido y latido, esperando la muerte por infarto.
E iría, a ahogarnos en alcohol y a dejar de hablar, de pensar y de respirar, matándonos entre rabiosos mordiscos de "te odio".
Y sabemos que iría, sólo por ser tu pesadilla más temida y por ser la única mano a la que puedas aferrarte en noches intranquilas; todo a la vez.
Pero a veces dudo de si ir, por quedarme en mis noches tranquilas a solas con la soledad.
Y no, no me abraza mejor que tú, ni me da mejores besos que tú; pero es que ni tan siquiera es capaz de darme calor...
aunque tú mucho frío me has dado para tener sangre en esas venas, que parecen más bien carreteras por las que conducir sin control.
Y derrapando, todo los días haces que me dé de bruces contra la congelada realidad, y que quizás lo que buscaba era traspasar el espejo y aparecer en la otra cara de la historia.
Y vuelvo a querer ir, y tal vez ya se me vaya de las manos, o de la vida, pero es como un chute de adrenalina.
E iría, para más tarde, quizás, no volver a regresar...
aunque tú mucho frío me estás dando como para no querer volver.
Ir. Volver.
Ir. Volver.
Ni tiovivos, ni norias, ni montañas rusas, porque tienes más boca de lobo que de cordero.
Y yo, que me dejo mucho guiar por las ganas y el desenfreno, hasta que llega mi conciencia en forma de bandera blanca y sirenas de alerta.
Pero es que, a todo esto, me estoy dejando ir, y a mí, a este ritmo, jamás pensaré en volver.
domingo, 5 de enero de 2014
Pecados poco originales.
Yo quería imaginarnos, agarrados de las copas de los árboles, como dos manzanas maduras. Pero caí, antes que ninguno, dándome cuenta de que sólo yo me había alimentado de todo lo bueno de aquel árbol. Y ahora, te tengo agarrado a la copa de mi sujetador, como un niño pequeño, asustado de la vida, agarrado a su fiel protectora. Pero supongo que esta vez la que necesita protección es esa que se cayó desde lo más alto, por no pensar que también se podía volar a ras del suelo.
Y ahora caminamos, o más bien nos arrastramos como las serpientes, guardando veneno en su interior, y guardando veneno en el corazón; o como aquella serpiente que provocó a Eva a caer en el pecado: un pecado hecho alma y nombre, y hombre.
Pero no quisiera despedirme sin antes volver a caerme del árbol, sin antes agarrarte la mano, aferrada a una protección que ya no podría dar, y sin antes mirar a unos ojos que ya no dicen nada. ¿Lo malo? que ya no son tus ojos, sino tus labios, o tus manos. Y lo malo, que son esas partes las que me enredan como aquella serpiente y que me susurra: "Sí quieres, lo quieres". Y lo malo, que es cierto; sí quiero, lo quiero. Pero no lo necesito. O sí, pero yo, que me he pasado la vida pensando, creo que toca empezar a vivir y dejar de reflexionar tanto.
Estoy apunto de salir por patas, ya que te dejé prestadas mis alas. Y que volaste, pero las dejaste enredadas en la cama de otra, y supongo que ella las utilizará para volar a camas ajenas, como es el amor: ajeno, superficial, vacío, extraño...
¿Y sabes? Estaría bien llevarme un beso de buenas noches antes de partir. Y sí, podría ser de día, pero no sé, ¿no crees que los besos de buenas noches saben y suenan como un "hasta mañana"?
Así que lo haré bien por los dos: por ti, y por mi corazón.
Y ahora caminamos, o más bien nos arrastramos como las serpientes, guardando veneno en su interior, y guardando veneno en el corazón; o como aquella serpiente que provocó a Eva a caer en el pecado: un pecado hecho alma y nombre, y hombre.
Pero no quisiera despedirme sin antes volver a caerme del árbol, sin antes agarrarte la mano, aferrada a una protección que ya no podría dar, y sin antes mirar a unos ojos que ya no dicen nada. ¿Lo malo? que ya no son tus ojos, sino tus labios, o tus manos. Y lo malo, que son esas partes las que me enredan como aquella serpiente y que me susurra: "Sí quieres, lo quieres". Y lo malo, que es cierto; sí quiero, lo quiero. Pero no lo necesito. O sí, pero yo, que me he pasado la vida pensando, creo que toca empezar a vivir y dejar de reflexionar tanto.
Estoy apunto de salir por patas, ya que te dejé prestadas mis alas. Y que volaste, pero las dejaste enredadas en la cama de otra, y supongo que ella las utilizará para volar a camas ajenas, como es el amor: ajeno, superficial, vacío, extraño...
¿Y sabes? Estaría bien llevarme un beso de buenas noches antes de partir. Y sí, podría ser de día, pero no sé, ¿no crees que los besos de buenas noches saben y suenan como un "hasta mañana"?
Así que lo haré bien por los dos: por ti, y por mi corazón.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
