"¿Sabes qué pasa? Que nosotros ya pasamos a mejor vida...si mejor significa estar sin ti, y sin mi. ¿Sabes que no pasa? El tiempo, porque dice que no se atreve a revivir, o nos tocará revivir aquel momento; aquel momento en el que detuviste las agujas y mi corazón. Me duele sí tener que pasar por todos aquellos lugares, tan tuyos y míos, por los cuales ya no querrás tú pasar. Y porque yo no puedo pasar de quererte como si la vida fuera un invierno eterno y tú mi salvador, a odiarte como si tú fueses el vacío y la vida un flotador. Quisiera correr a tu boca y engancharme, con la excusa de que mis pulmones necesitan de tu aire, cosa que, en realidad, tampoco es tan incierta. También odio esa manera en la que las lágrimas pasan por mis mejillas sin pagar peaje, aunque ellas no tengan la culpa, y tú sí. Y también, después de todo, me jode reconocer que te sigo necesitando."
Vale, ya no te quiero y vale, nuestra historia ya tuvo su punto y su puto final, pero ¿y qué? Que alguien sea sincero y diga que siempre recordará esa historia; esa historia que, aunque la página se caiga a pedazitos como nosotros, nos sigue removiendo hasta el último recoveco del cuerpo.
Porque hay personas que pasan y arrasan con ellas, y que pasan los años, pero todavía las flores siguen sin crecer. Porque hay personas que jamás quieres volver a tener en tu vida, pero que sin ellas te falta una parte de ella misma.
Son de esas personas a las cuales deberías de cerrar la puerta, pero que al cerrarla, abres sin querer la ventana (y queriendo), por si les merece la pena escalar. En el fondo sabemos que no somos más que alguien que les removió un poco el suelo, dejándolo preparado al próximo "alguien"; y lo sabemos, pero no nos importaría remover otra parte de ese suelo, ya medio asfaltado.
Somos capaces de reconocer que merecemos más que unas migajas, pero que son tan adictivas, que hasta el orgullo tambalea sin pestañear. Sabemos de sobra que nos queremos más que todo eso, pero que ojalá nos hubieran querido tanto como de verdad nos tuvieron que querer. En el fondo damos gracias, y siempre, a que nos enseñaran a querernos, pero hubiéramos preferido saberlo antes de que esa persona llegara.
Y porque, aunque cueste reconocerlo, fueron esas personas las que nos enseñaron el significado de la palabra "amor".
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