Estas son las veces que no puedo decir: "a veces yo...", porque es día a día. Es una de esas veces que tienes claro que ya nada es tan claro como creías, y solo quieres darte un cabezazo contra la pared y romperla; romperla para a ver si así dejas de romperte el corazón y de partirte la sonrisa contra bordillos, que tienen más pinta de sillones donde mirar a la gente pasar y beberte una cerveza a morro. Y es que, y ya no tan claro, podría dejar que me dijesen como vivir la vida, ¿pero entonces para qué mierda quisiera vivir mi vida si son los demás quienes la dirigen?
Enserio, ¿os creéis que la gente llora por gusto y de placer? Que a veces, A VECES, parecemos gilipollas y nos dedicamos a preguntar: "¿estás bien?", en vez de coger toda nuestra sensibilidad y decir: "¿en qué puedo ayudar para que estés bien?". Porque no puedo creer que nos llamemos humanos a nosotros mismos cuando incluso existen animales que son más nobles que nosotros; y que quizás no tenga nada que ver la humanidad con la nobleza, pero manda cojones que seamos los humanos más animales que los propios animales. Y a mí, que se me da mejor abrirme que cerrarme, pero luego se quejan de que te abres tanto que se te ve hasta el lado oscuro, el lado rosa y el fondo manchado de sangre donde supuestamente tenías antes un corazón.
Que los que me conocen saben que soy así por ellos, pero es mejor darse a la fuga mental y echar la culpa a ese animal que saco cuando no me gusta que me echen la carne que los demás ya no quieren.
Y que yo siempre pienso que me conocen, pero nadie te conoce mejor que tú mismo, y así a cualquiera no le dan ganas de encerrarse a esperar que los demás se pudran de amor caducado y de venas llenas de alcohol y lágrimas.
Porque en el fondo, todo se queda en el fondo de una vaso que siempre acaba derramado por la última gota, ¿pero qué culpa tendrá esa gota de llegar la última o de qué alguien no coja el vaso y lo vacíe?
Lo siento, pero yo voy a vaciarlo.
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