Respiras hondo y, como si fuera posible, te abrazas e intentas contener todas esas piezas que ya no encajan, pero que él se encargó de colocar como un niño pequeño, antes de alejarse asustado.
Bailas, pero tus pies ya no responden, y es que salen corriendo tras un rastro que ya no está, porque después de tanto tiempo las cosas cambian, pero tú no.
Recuerdas aquellas tardes de lluvia donde te encondías en su pecho, y ahora es tu pecho el que diluvia, pero no eres capaz de esconderte; y ahora eres tú quien lloras, pero es ahora él quien se esconde tras las pestañas de otra musa.
Porque el tiempo pasa, como los recuerdos, pero ellos regresan y vuelves a tu dulce y solitaria locura, donde el tiempo si que no regresa.
Que era más fácil decirte que eras tú, pero ese "tú" tuvo tu nombre y el de unas cuantas más, porque has sido tú, pero que jamás fuísteis un "vosotros".
Supongo que de ilusiones no se vive, pero si se muere. Y lo que no mata engorda, y tú te has quedado con dos kilos más de culpa en el corazón y un mal sabor de boca que otros besos sólo aumentan. Y que no has muerto porque no deseas ir al infierno a esperar que él regrese cada día a guardar un alma más en pena, víctima de sus encantos de principe azul y palabrería de Sombrerero loco.
No sé si está demás decir que te sentías de menos conforme os comíais aquel pastel, quedándote con las migajas de algo que, al final, fue simplemente un trocito de todo él.
Y claro, si en el camino tenía que tropezar con piedras, a ti te llevaba en sus manos. Y claro, si en el camino tenía que tropezar, eras tú quien primero se golpeaba contra todas ellas, cuidando porque no se hiciese daño. Y claro, echa la vista atrás porque no piensa echar el cuerpo y recogerte del suelo, quitando todos esos daños clavados y cosiendo lo que ya no tiene cura, ni corazón.
A ver como le dices a tu "yo" interior que te espere, joven, mientras tú te vas marchitando con el tiempo.
Ya sabes que vivir sólo se vive una vez, porque morir ya has muerto unas cuantas, y que el gato solo tiene siete vidas y te estás jugando llegar a la última partida sin ninguna.
Has respirado hondo, pero no lo suficiente como para llenar tus pulmones y vaciar su C02.
Porque ahora que no está, sólo quedas tú, y eso basta para mirar hacia delante y no echar de nuevo tu cuerpo atrás.
Porque ahora que no está, sólo quedas tú, y eso basta para mirar hacia delante y no echar de nuevo tu cuerpo atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario