martes, 28 de enero de 2014

Saber a mal.

A ver como te hago entender(me), que no quiero que nos quede París, más bien que nos sobre el mundo entero. Y que nos sobre la ropa y sobre la cama ser, o sobre cualquier superficie que aguante nuestras ganas. Pero que las sobes todas, que ya ves tú, que son todas tuyas y todas requieren tu atención. Y te quieren a ti y a tu boca, y a tus sonrisas, y todo. Sí, todo tú, dentro de todo lo que soy yo.
Y ojalá desayunarnos los buenos días y romper la rutina con una sonrisa de oreja a oreja, aunque si tú quieres, a mí házmela de pierna a pierna.
Que vengo y te escribo porque si te como ya ves que voy a repetir y aún así escribirte me sabe a poco y hay días que me sabe a mal. Y me sabe mal no ir y follarte como la bestia que alimentas en mi bajo vientre; aunque para bajos, todos mis instintos.
Me están dando ganas de arrancarme el lado animal, pero sólo para lanzarlo encima tuyo y que te deje marcas en la espalda, que en la vida y en el corazón ya me encargo yo. Y que me lío yo sola porque no nos estamos liando, porque me imagino liándonos un porro o liándonos las lenguas. Dios (perdóname, que siempre te nombro en vano), sacas mi lado más oscuro y oscura debería ser la habitación donde pensarnos fuerte y dejarte muerto en vida encima del colchón.
Y si estás ahí, ven aquí, que estás tardando y ya no tengo edad para creer en trenes que pasan una vez, si cuando el maquinista quiere, vuelve a retroceder. Y así, de estar tomando decisiones (por no estar tomando contigo la última copa), no voy a volver a traer el pasado a mi vida, que en cuanto puede, él se folla a mis sonrisas; y ya está bien de que él folle más que yo.
Pero volviendo al tema, y volviendo a ti, a París que le den y vamos a darnos nosotros un respiro, aunque, deseándolo mejor, ni quiero que respiremos entre beso y beso. Y es que, para ser enamorados, prefiero que seamos amantes y querernos a base de sonrisas, y que mi base de maquillaje sean tus besos.
Que bien se me da idealizarte cuando todavía no te he escuchado pronunciar mi nombre, aunque, por mí, como si quieres gemírmelo bajito al oído.
Pero es que estás tardando, aunque yo te quiero esperar, para que lleguemos tarde juntos a todos los orgasmos. Y perdernos en tardes con sabor a primavera en tu cama... y con saber a mal por esta distancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario