Hoy te he pensado y me ha sabido a poco, y hoy te he sentido, y a mi corazón le has dolido a mucho.
A veces creo que en el fondo no fuimos tan distintos, y quizás eso nos hizo cansarnos antes de tiempo, o antes de matarnos a palabras de dientes afilados. Lo más jodido de todo es volver a pensarte con esos dientes, cuando se hacían físicos y marcaban el físico de mis labios, rasgando sus formas y pintándolos de rojo carmín sin carmín. Pero supongo que sólo era eso: lo físico; aunque también se nos daba genial la química, y fuimos dos sustancias que jamás debieron ser fusionadas, y nos quemamos el corazón, esparciendo sus retos por todas las esquinas.
Antes era una más, cuando ahora soy una menos, y quién no se preguntaría cómo sucedió todo, cuando una noche era yo y al día siguiente pensaba por los dos.
Y es que me llamó al borde del abismo y jugamos a la pata coja con los ojos cerrados, desafiando a la gravedad; pero mis mariposas me empujaron hasta caer y se esfumaron cuando topé contra la realidad.
Aún suspiro profundamente, o conscientemente, cuando el aire me trae tu olor, pero cuando abro los ojos ya no eres tú, sino alguien más que ha decidido comprar tu perfume. En ese momento me doy cuenta de que nunca te llegué a saborear de verdad, o que tú no fuiste de verdad; uno más de la cadena de montaje del desamor. Tú siendo uno más y yo siendo una menos, ¿por qué sí?
Pero como ha vuelto a pasar, yo me he vuelto a quedar, no esperándote, más bien esperándome a mí. Y estoy llegando, aquí, con mis versos que parecen ser para ti, pero que sólo son para mí, para sentirme yo, como siempre fui.
Y mi corazón te sigue doliendo a mucho, pero como se suele decir: quien calla otorga, y yo prefiero no callar, porque mi corazón no es algo que se pueda otorgar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario