lunes, 30 de septiembre de 2013

Un juego para niños de 3 años.

Hoy me he dado cuenta que me hacen falta canciones de más para poder seguir llorándote a escondidas. 
Supongo que eso no significa que en mi mente ya hayas encontrado aquella muerte prematura que querías, pero el tiempo ha creído saber completar huecos que tú antes solías rellenar sin intención. 

Antes de ayer soñaba que enterraba un cuerpo sin vida, e imaginé que era mi corazón. Hoy me he dado cuenta que era tu amor, o más bien un suplemento vitamínico para que yo no notara la diferencia. 
Y claro que sigo llorándo(te), pero más lloro por los bonitos recuerdos que algún día mi memoria decidió convertir en tesoro. Y lloro, por saber que fui más de nosotros que de mí, porque solo los niños ven la vida como si fuera un juego. Porque eso fue en tus manos: un maldito juego para niños de 3 años.

Sigo prefiriendo tus mensajes de buenos días, pero sin ti, tampoco es que sean malos.
Deseo más una tarde contigo, comiéndonos aquellos helados, que comerme uno dentro de esta soledad. Pero sin ti, el helado no se ha vuelto más amargo, solo más lleno de libertad. 
Añoro esas noches, contigo, en ti, mirando una película, comiéndonos a besos, o la vida, no sé. Pero comprendo que las noches para ti estaban hechas para follarte la vida, o a otra, tampoco lo sé.

A mí, que tu poca madurez me valía de poco cuando te tenía a mi lado; ahora la valoraría más, para que hubieras querido ver y notar aquello que nacía en mi interior. Pero la madurez no entiende de edades, más bien de experiencias. 

Que si me dicen ahora que el amor no está hecho para cobardes, tampoco les daría la razón. Aunque si habláramos de nuestro caso, aquí la damisela en apuros siempre habías sido tú.

¿Acaso buscas tu media naranja? Pues qué pena, porque sabes que la fruta, si no la disfrutas tú, otro viene y se la lleva. 

Antes, era capaz de decirte en dos idiomas totalmente opuestos cuanto me importabas. Ahora mi lengua, que ya no está enredada con la tuya, te diría en cien idiomas lo imbécil que has sido. Pero siendo sinceros, ni tú quieres volver a escucharla maldiciéndote (ya sea aquí, que en tu cama), ni yo quiero malgastar mi voz en oídos que no escuchan y con palabras que no te valen la pena, ni tan siquiera la risa. 

En esta libertad que unos se encargan de llamar soledad, diría que tú has encontrado una nueva escapatoria para seguir con tu vida. Y aquí, lo que menos jode es que sigas tú camino. ¿Lo qué más?, que ni yo seré tu vida, y que otra será tu destino. 

Yo, que quizás comencé este texto teniendo en cuenta mi dolor, acabo teniendo en cuenta más cosas que lo peor. Porque ya sabes que para mí, la distancia no da el olvido, ni el tiempo sirve de rehabilitación, pero por lo menos a cada paso que das más allá de mi corazón, es una brisa nueva para acabar con todo este desazón. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Llena la boca de recuerdos.

Quizás yo me cegué ante la luz que un día trajiste a mi interior,
 pero ya no llega ese resplandor a mi corazón.
Probé a dejarte entrar en mi vida,
 pero no te sientas privilegiado,
 porque a todos les dejo probar a opción con salida. 

Acariciaste mis virtudes y besaste cada uno de mis defectos,
 y digo yo que solo fue por un momento, 
porque nadie es perfecto.
Ahora quiero ser yo la persona que te devuelva esa sonrisa que ellas te quitaban, 
aunque tú ya no quieras verme pasar por tu casa,
 pidiendo lo que antes ansiabas,
 y más tarde yo ya nunca encontraba. 

Créeme, 
que el dolor es algo pasajero cuando se trata de nosotros dos. 
Pero, hoy por hoy, 
tengo que tragar cada una de tus palabras sin compasión.

Mirándome al espejo, 
y recordándote, puedo atisbar una pequeña sonrisa,
 y adivina que se marcha cuando te imagina largándote con toda tu prisa. 
Porque siempre soy yo la de la mala suerte, 
esperando encontrar a alguien que de toda su honestidad 
y me convierta en esa chica fuerte.

Además,
 sabemos que no soy dueña de tus pensamientos,
 cuando caminas por la avenida de la soledad, 
ni cuando tiras las sábanas de nuestra pasión, 
borracha, dando tumbos por la ebriedad. 
Pero quiero creer que aún recuerdas mi saber amar, 
y más cuando otra regresa para romper tu fortaleza sin ninguna piedad. 

Me cerraste una puerta, 
y mantengo la esperanza a encontrar una ventana con el pestillo roto.
 Y digo yo,
 que si buscabas ver mi alegría muerta,
 te quedaste con las ganas cuando me enseñaron un nuevo camino en el fondo. 

Y claro que duele imaginar que entraste en mi vida,
 siendo mi extraño más interesante,
 pidiendo a cambio toda mi sinceridad 
y encontrándome yo una vida más emocionante. 
¿Pero qué pasó por la mente de tu corazón?, 
porque ya no soy aquella que paseas por tu habitación.

Decías ser sincero cuando comentabas que tu camino se marchaba por otra dirección, 
pero en el fondo nuestros caminos seguían unidos, sin tomar la decisión. 
Porque ya me conoces,
 y tienes la certeza de que te llamaría para decirte: "ven, y corta nuestra unión",
 sabiendo que sabemos que recordaremos aquello que con tantas ganas vivimos,
 hartándonos de escalofriante dolor.

Y atento a lo que dicen, 
que mejor pájaro en mano, 
que ciento volando.
 Solo que en este caso no te apetecía comer perdices, 
y preferías seguir tu camino andando. 

Perdí hace mucho la cuenta de las veces que me aconsejaron olvidar mi pasado,
 pero nadie es tan fuerte como para dejar los buenos recuerdos a un lado. 

Contigo,
 y con todos,
 ya aprendí que no te puedes fiar ni de tu propia sombra, 
pero todo me parece ya una absurda broma. 

Sé que me queda el soñar, 
y no tanta realidad, 
que si un día pude ser feliz sin ti,
 mañana podré volver a reconstruirme con las piezas de todo lo que fui. 

Y repetiré que no fuiste tan importante,
 porque si querías ser libre, 
no podrás decir que no te deje volar a tu aire. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lo siento.

Lo siento

Siento no ser perfecta.
Siento no ser lo que esperas.
Siento hacerte daño sin darme cuenta.
Siento no estar cuando lo requieres.
Siento no darlo todo cuando podría.
Siento no quererte como necesitas.
Siento no darte el espacio que buscas.
Siento no limpiar tus heridas cuando me lo pides.
Siento no ser lo que necesitas cuando lo necesitas.
Siento no haberte dado lo que pedías. 
Siento no haberte buscado cuando lo pretendías. 
Y siento no marcharme a tiempo.

Lo siento

Siento no ser perfecta, pero ni tú lo eres. 
Siento no ser lo que esperas, porque soy lo que soy, no lo que tú quieras. 
Siento hacerte daño sin darme cuenta, pero tú siempre lo hiciste queriendo.
Siento no estar cuando lo necesites, porque ha llegado el momento de parar.
Siento no darlo todo cuando podría, porque he arriesgado demasiado para perderlo a una carta.
Siento no quererte como necesitas, porque me harían falta tres vidas y un corazón por cada estación.
Siento no darte el espacio que buscas, pero es que mis esperanzas me hacían buscarte.
Siento no limpiar tus heridas cuando me lo pides, porque no quiero quemarme por culpa de ellas.
Siento no ser lo que necesitabas cuando lo necesitabas, porque lo he sido, pero te superaba.
Siento no haberte dado lo que pedías, porque te dí más y no lo quisiste. 
Siento no haberte buscado cuando pretendías que lo hiciese, porque me he dado cuenta de la realidad. 
Y siento no marcharme a tiempo, por ti, por todo, pero sobretodo por mí.

Pero lo que nunca voy a sentir es:

Estar cuando yo creía que lo necesitabas.
Quererte como en realidad yo pensaba que te merecías.
Darte todo lo que veía que te convenía.
Otorgarte aquellas palabras que yo necesitaba decirte.
Sentir lo que sentía, sin miedos.
Romperme y volver a reconstruirme, sin haber estado a tu lado.
Sonreír cuando de verdad quería.
Llorar cuando de verdad era necesario.
Decirte lo que debías escuchar, por mucho que no quisieses.
Mostrarte mi interior, por muy desordenado que estuviera.

Y darte una llave, para entrar a mi corazón.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Que más quisiera yo.

Que más quisiera yo que ser aquella que besa sus hombros y muerde su cuello, olvidándolo todo y convirtiéndole en mi dueño.
Recorrer, milímetro a milímetro, cada una de sus cicatrices, sanándolas entre mis brazos, cerrando con llave todo lo que la razón dice.
Y acariciar su corazón con palabras llenas de sentimiento, y desprovistas de cualquier dolor encubierto.

Que más quisiera yo que ser aquella que lame su sabor, sin esperar notar un regusto amargo de fondo, chocando contra mi alma sin compasión.
Tocar con los ojos esas partes a las que no llegan las manos, siendo en nuestra cama los únicos ciudadanos.
 Y susurrar nada a la nada, esperando encontrarle sentado en mi portal, rezando porque llueva y se lleve todo mi pesar.

Que más quisiera yo que ser aquella que siempre está, dándole los buenos días con cada despertar.
Ojalá ser su almohada en noches de tormenta, y que me abrace tan fuerte como si un ogro estuviera llamando a su puerta.
Y ser aquella que se engancha de su brazo, o ser aquella a la que abraza sin temor a perderle tras un engaño.

Que más quisiera yo que ser aquella a la que grita por quererla demasiado, doliéndole, porque el amor se lo cobra el diablo.
Quizás ser simplemente su amiga, para estar a su lado y escuchar sus penas por no escribirlas en papel con tinta.
Y ser pájaro en su vuelo, que por no cortarme las alas, yo quisiese dárselo todo, pintándole colores en el cielo. 

Que más quisiera yo que ser aquella por la que tanto muere, y en el fondo siempre desespera porque tanto la hiere.
Poder hablarle en vez de escribirle, mientras ella le arranca la vida, sin demostrarle todo lo que vale, sin llegar a escuchar en realidad todo lo que él dice. 
Y porque siempre creí que yo podría salvar todas sus diferencias, amando sus pequeñas virtudes, siendo los dos grandes cometas.

Que más quisiera yo que ser aquella por la que deberías luchar, pero no siempre se trata de querer, si no más bien de necesitar. 


sábado, 7 de septiembre de 2013

Esto va por mí.

A lo largo de los años muchas portadas de grandes y pequeñas historias me han dado pistas equivocadas y, en ocasiones, todo lo contrarío.

Yo solía empezar los libros por el final, porque en el final te encuentras aquello por lo que de verdad has luchado. E, incluso, podrás encontrarte todo aquello que de verdad mereces. El problema está en creer, y no en tener la certeza.

Ahora empiezo por el principio, pero jamás dejo un libro a medias por esperar que el final no vaya a ser de mi agrado.

He contemplado grandes vidas, que han acabado en la nada por darlo todo. He leído grandes historias, que no obtuvieron su final feliz. También he escuchado maravillosas leyendas para no dormir. Pero ahora soy yo la que narra su propia historia, y no la destaco en ningún género, porque hace años fue una novela infantil, ayer fue una tragicomedia, ¿pero mañana?

De lo que estoy segura es que mi historia todavía no tiene título, y mi certeza es saber que soy yo la que desea continuar rellenando sus páginas. No serás tú, ni nadie, quién decida su contenido. Pero podrás ser tú, o cualquiera, quién interfiera en los acontecimientos.

En el fondo me alegro de no ser historia encerrada en un libro, o proyectada ante un millón de espectadores. Eso significaría que mi vida ya no tiene solución, y que me toca asumir aquello que los demás han impuesto para mí.

La verdad, por el momento no me importan ya los finales, porque acrecientan mi impaciencia. No tengo prisa porque pasen los días, ni los años, y no tengo prisa por encontrarme a alguien no deseado.

Pero de una cosa estoy segura, y es que tengo prisa por dejar mis miedos atrás; por abandonar todo aquello que no me deja continuar y por barrer mis lágrimas, mirando hacía delante.

Supongo que mi historia no va a tener un final de princesas, ni tan siquiera de persona especial. Será un final, con todas sus letras, con todos sus acontecimientos, mentiras y hechos. Será mi final, pero antes que nada, tengo que continuar rellenando páginas conforme la marcha.

Hay días en la vida que deseamos saltarnos, no escribirlos, hacer de tripas corazón y olvidarles. Pero, ¿acaso eso no sería omitir gran parte de la historia, ocultando los detalles de cómo hemos llegado o de quiénes somos?

Me gusta, demasiado, hundirme en lo que pudo ser y no fue. Me gusta imaginarme la vida desde otra perspectiva, pero soy realista.

Tu vida puede ser mejor, o peor, pero disfruta de tener en tu mano tus propias decisiones. Tampoco vamos a engañarnos, porque más de una vez toca lidiar con algo que se escapa de las manos. Y es que tenemos que ser fuertes, y toca enderezarlo todo cuando por fin pasa la tormenta.

Aquí estoy yo, hoy, sabiendo que mi historia está aún por escribir, y he tirado el borrador a la basura. No quiero, ni voy a borrar partes que escribió otra persona por mí. No voy a tachar aquello que un día pude decir, ni tampoco voy a romper páginas para dejar huecos en medio de la nada.

Y siendo sincera, esto no va por nadie, porque esto va por mí.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

A veces, echaba de menos.

Eramos dos desconocidos, tratándose en el juego de nunca acabar.
Salía el sol, y tú iluminabas más mi triste vida que sus rayos, quemando mis heridas sabor a mal.
A veces, echaba de menos soñar.
Pero contigo, es que siempre era volar.
Y suponía que la vida era eso que pasaba mientras tú, me hacías vibrar.
Pero no siempre las cosas son tan bonitas, y todo pasó tan rápido, tan superficial.
No sentía dolor, porque seguías apretando mi corazón entre tus manos.
Y apenas quería alejarme de ti, por temor a que olvidaras lo que era amarte sin reparos.
Nuestro último rincón en la tierra lo encontrábamos en tus sabanas, sin que pasaran los años.
Lo que pasa es que mi alma acabó pisoteada, sin querer darme cuenta del daño.
A veces, echaba de menos correr sin parar.
Pero contigo, es que siempre era pararme y luchar.
Y sé que el amor no es la mejor salida para empezar una nueva vida.
Pero simplemente prefería buscar eso, que empezar otra huida.
Ahora es cuando nos damos cuenta que la distancia no es el olvido.
En nuestro caso, valía más eso que dejar ganar a nuestro peor instinto.
Que nada acaba, cuando sigue estando vivo.
Lo que no sé es si serás tú, o yo, quien dé todo por perdido.
Hoy continúa esa sonrisa en mi cara al recordarte.
Pero ni idea cuánto durará el pasar del tiempo al esperarte.
A veces, echaba de menos sentir algo de amor.
Pero contigo, es que siempre era vivir por dolor.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Él.

Él sonreía, y era mi momento para caer rendida ante la pasión adulterada de la vida.
Él me acariciaba, y era mi momento para soñar despierta entre sus brazos, sabiéndome amada.

Él me decía las cosas más bellas al oído, y era mi momento para creer que de verdad era el indicado, sin duda por haberle creído.
Él suspiraba en mis labios, y era mi momento para suponer que jamás se cansaría y sería mi bien más preciado.

Él miraba dentro de mi interior, y era mi momento para perderme también en su mirada de loco sin razón.
Él hablaba en silencio, y era mi momento, sabiéndome reina de su reino.

Él me llevaba de la mano a cualquier lugar, y era mi momento para saber que deseaba ir a nunca jamás, sin pensar en el qué dirán.
Él reía, y era mi momento para perderme entre su risa y el aire de sus pulmones, creyendo que por fin no tendría que sufrir más por amores.

Él se fumaba el tiempo, y era mi momento para que nada ni nadie me importase, aparte de su mundo y mi tormento.
Él limpiaba mis lágrimas con sabor y saber a mal, y era mi momento para conocer lo que era amar, aprendiendo a respetar.

Él quizás me lo dio todo, y era mi momento para aprovecharlo sin notar el corazón roto.
Él quizás esperaba no darme nada, y era su momento para parar antes de acabar desgarrándose el alma.

Él. El lugar donde yo lo fui todo.
Él. El lugar donde no quiso que yo fuese nada.
Él. El lugar donde encontré la inspiración.

Él. Mi pasado.

Él.