martes, 19 de noviembre de 2013

Orgullos a flor de lágrimas.

Oye, estoy orgullosa por tener el valor de seguir adelante con estas costuras que destilan sangre y dolor, que se desgarran en cada piedra en la que se enganchan sus pequeños hilos. Y no estoy orgullosa por tener el valor de aguantar cada estacazo que me deja clavada en cada golpe de mala suerte. 

Porque no soy capaz de descifrar una acertijo, y sí que era capaz de descifrar cada una de sus sonrisas; y vuelvo a derramar agua de mar. 
¿Recuerdas cuando repetías una vez y otra vez la misma broma, sabiendo que yo me reiría siempre? Ahora mi amor parece eso, algo que yo te recordaba siempre, y de lo que siempre tú te reías. 
La vida ha desenterrado mi peor secreto y mi peor miedo, porque sé más del dolor que provoca el amor, que del amor en sí. Y no puedo respirar hondo, sabiendo que hondo voy a caer yo, mientras una cámara graba en primer plano mis ojos aterrados, porque lo demás ya no importa. 
No era el tipo de chica que esperabas, porque fui yo la que fue a buscarte. Y solo traté de mostrarte que lucharía, ¿pero cómo se puede luchar en una batalla en la que la otra parte ni tan siquiera ha sacado la artillería pesada? 

Oye, estarás orgulloso por mostrarme las más bellas esencias del mundo con tan solo una palabra. Pero no podrás estar orgulloso por estas heridas mal curadas y peor cicatrizadas. 

Créeme, ojalá pudiese irme al rincón de pensar(me), pero todos están mojados de tanto llorar(te). Y créeme, quisiera volver a ser aquella niña que lloraba por nada, porque el amor es muy jodido y era feliz sin saber que existía; sin saber que tú existías, y sin saber que alguien más podría no valorarme.
Porque no duele más el recordarte que amarte, y aún miro en ausencia un reflejo en el que ya ni me encuentro yo. 

Oye, estamos orgullosos de decirle al mundo que un día nos quisimos, o que un día pensábamos que fue así. Pero, hoy, por parte de los dos, yo digo que no podremos estar orgullosos de haber creído que era amor, si no fuimos capaces de mantenerlo vivo en un fuego que ya se apagó. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Siempre la misma reflexión.

Te atreviste a decir que fuimos, cuando ni siquiera tenías intención de ser junto a mí.
Sencillamente te bastó vernos junto al espejo para saber que aquí podías ser feliz.
Pero ya ni las sonrisas serían capaces de apagar tu miedo de sucumbir ante tal desliz.
Y es que ya no bastaba acariciar tu pecho, intentando alcanzar tu corazón, sin temor a sufrir.
Dime, ¿quién abrirá tus puertas hoy, intentado evitar las balas del desamor?
Sabes que en el amor y la verdad ya no puedes confiar, y aún así yo te quise con tanto valor.
Créeme, que en las distancias todo se salva, pero yo no soy capaz de salvar ya todo mi rencor.
Supongo que es cierto que el tiempo todo lo cura, pero lo cura cuando tú vuelves a sentir aquel calor.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Viniste, viste y me venciste.

Respiro tan hondo como puedo, teniendo la certeza de que así me ahogaré lo más pronto posible en este desierto al que llamas cuerpo. 
Ya ni tan siquiera soy capaz de imaginar oasis en los que saciar mi sed, y es que me has arrebatado tu boca en la que yo creía con toda mi fe. 
Mentiras, engaños, dolor y dolor. ¿Por qué doble dolor? Sencillamente porque en tu cama me amaste, pero ahora solo a permanecido tu olor. 
De tu sabor, ya no queda rastro, y de mil veces que he tragado saliva, mil veces que te he perdido aún creyendo que tú me querías. 
¿Sabes?, jamás quise ser perfecta para ti, porque me bastaba con ser de los dos, pero ni así te complací. 
Aquí, donde tú decidiste abrirme antes de piernas que de alma, y donde mi alma salió por patas en cuanto tuvo oportunidad. 
¿Qué pretendes? Viniste, viste y me venciste, en la cama, en el juego, y en la vida. 
Y si no tuviste suficiente, todavía mi corazón, donde quiera que esté, late por lo que fuiste.
Pero ahora creo que mi corazón ha emigrado a mi pie, creyendo que mis pisadas no le harán tanto daño como vivir en el hueco vacío en el que se ha convertido mi pecho. 
Pero ahora que ya no queda nada de lo que eras, creo que va siendo hora de convertir mi retirada en una batalla perdida, porque  a ti, ya te di por perdido hace mucho tiempo.
Estarás orgulloso por tenerme rezando a un Dios que no me escuchó, porque le pedí un alma gemela y me ha traído mil noches en vela, sin ninguna compensación.
He quebrado mis lágrimas en la acera, y es que no podía soportar el tráfico de gemidos silenciosos que dejamos en mi casa. He quebrado mi cabeza en el cabecero, intentando revivir momentos que ya jamás se harán realidad, ni por muchos años que pasaran, porque tampoco pasarán. 
Y he quebrado mi vida para que mi cuerpo no tuviera que soportar tanto dolor, repartiendo mis pedazos, dosificando todo el desazón. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Perder.

Me he perdido en ciudades, porque me cerraste oportunidades para perderme en ti. 

Y joder, como escuecen las lágrimas cuando caen sin paracaídas por mis mejillas, chocando contra mis labios, haciendo que desee saborear de nuevo tu sabor. Pero a mí, que las lágrimas no me hacen más rojos los ojos, si no los labios, vuelvo a querer saborearlos, y morderlos, teniendo en cuenta que antes fueron siempre tu perdición.

Y lo sabes, que estoy perdida en esta ciudad sin tu mano, como cuando recorría cada milímetro de ellas en público, porque en privado no te privabas de recorrerme entera.
Tú, que supiste como romper las barreras, ahora deberías estar aquí recogiendo todo lo que te dejaste, y has sido tan cabrón de dejarme tu recuerdo para quemarme el cuerpo al mirar las cicatrices de tus besos.
Le estuve pidiendo al tiempo un tiempo para seguir perdiéndome en ti, o más bien suplicándole que retrocediera para que tú quisieras seguir perdido en mí.

Dijiste que yo había sido aquello que habías buscado y ahora que te has ido, que supongo que es porque te diste cuenta que no buscaste bien, porque estás, pero sin estar.

Que quisiera seguir perdida en tu boca, que sigue siendo mi abismo más temido, ¿pero no dicen que los miedos se superan afrontándolos? Quisiera seguir perdida en tu pecho, aspirando aromas que ahora ya ni puedo y quisiera recordar, y créeme, podría pedir para navidad tu perfume. Quisiera seguir perdida en tu mirada, que en realidad no era nada del otro mundo, porque ya era mi mundo. Y quisiera seguir perdida en tu interior, que jamás había sentido yo una tormenta de tal calibre, aunque si hablamos de calibres, sigo sopesando con que arma matar tu recuerdo.

He pisado el suelo deseando que se hundiera bajo mis pies y volver al infierno, para sentir de nuevo lo que era estar en tu cama, mordiéndote la seguridad y tratándome mis vergüenzas.
Porque sí, porque estoy deseando correr hacía ti y perderme, para olvidarme, para dejar de llorarte, para dejar de no estar a tu lado, aunque tú sigas en todos mis lados.

Aunque perderme, que si lo piensas, yo ya estaba perdida sin ti.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Que te quedes en este verde.

Yo, 
que podría mirarte simplemente, 
prefiero hablarte desde el alma, 
sin más, 
sin menos. 

Y romperte los esquemas a base de penetrarte sin tocarte, 
sin decirte palabra, 
solo clavándote una pupila en tu pupila. 

Y bebernos en pestañeos, 
que fuesen tan breves como se pudiese, 
porque la vida pasa. 

Pero yo no quiero que pases como ella,
porque quiero que te quedes, 
para clavarme en tu vida. 

Y no sé, 
que si llueve por esta ventana, 
vengas y me beses lo mojado,
por no resbalarte al pasar por aquí. 

Y no sé, 
que te quedes en este verde, 
porque, 
aunque sea otoño,
yo juro arroparte con mi primavera.






lunes, 4 de noviembre de 2013

Porque no has sido el primero.

Nunca quise tocarte en realidad, y es que me daba miedo quemarme.
Ahora me pregunto si no me daba más miedo quemarte y que salieses corriendo. 
Solo supongo que jamás quise acercarme a ti, porque en el fondo sabía que uno de los dos saldría mal parado; y así ha sido, porque yo me he parado en medio de la vida, y de mala manera. 
Porque no has sido el primero, pero sabes que vas a ser el último.
Y cómo jode saber que vas a ser el último en mis pensamientos, y no el último en mi lista de prioridades. Cómo jode querer olvidarte y en el proceso recordarte cada vez más.
Cómo jode el obligarme a olvidar tu cuerpo, sin tan siquiera haber olvidado todo lo que tenías por dentro.
Y cómo jode tener que tenerte, sin llegar a poder hacerlo y sin poder querer que tú lo quieras. 
Aquí, ya no es doler por quererte, porque ya es doler por rutina.
Y yo, que siempre te dije que antes que ser rutina prefería olvidarnos, tú te adelantaste, y ya me has olvidado. 
Y quizás ella te de lo que yo si supe darte y no quisiste, porque sabes que me alegraré por ti, a sabiendas de saber que seré una estúpida más en tu lista de conquistas.
Por un momento llegué a pensar que el conquistado habías sido tú, y como dicen que la confianza da asco, yo me confié asquerosamente de haberte conseguido. ¿"Haberte conseguido"?, bueno, habernos conseguido, y qué ilusa. 
Porque sí; porque me salvaste por un tiempo de mí misma, que a punto de caer de bruces contra la realidad, me devolviste a aquel mundo del que yo quería regresar. 
¿Y sabes? Odio las mentiras, porque sé que siempre soy, y fui, la última para ti; la última en tu lista de prioridades y la última en la que pensarías para cualquier cosa. 
Y duele, porque tú me dejaste ir, y yo todavía no sé como irme de tu lado. 
Que aquí, la rienda suelta se la diste tú a mi corazón y ahora corre, dejando un reguero de sangre por donde pasa, clavándose la mierda del camino y latiendo desbocado detrás de lo que fuiste.
En el fondo, no te escribo a ti, porque le escribo a tu recuerdo.
Supongo que eso es lo único que me hace darme cuenta de que fuiste tan real como las historias de hadas. Y aquí, donde se supone que yo debía de ser la princesa de tu cuento, me he convertido en la música pesada y ñoña. 
Ahora tienes a otra princesa que te come la boca, o cualquier otra cosa.
Una princesa que se viste con bragas vaqueras y con escotes de puta, que enseñan una personalidad más bonita que la mía; una princesa que se pinta los labios de rojo solo por dejarte marca en el cuello, porque no tiene ni idea de como dejarte marca en el corazón.
Y una puta que te calienta la cama y te deja fría la vida, pero una puta, que al fin y al cabo, te tiene para ella sola. 
Porque no has sido el primero que me hizo sonreír, pero si has sido el último que me ha hecho llorar. 
Y sí, me has hecho más fuerte de lo que era, pero yo no quería ser más fuerte, si no ser tuya, ser de los dos.