martes, 29 de octubre de 2013

Lárgate.

Sabes que no te has ido, y podrías hacerlo de una maldita vez.

Mi almohada dice que está harta de que le hinque los dientes, y que me busque una nueva espalda.
Ya no sé como decirle que la abrazo como refugio, o bote salvavidas, pero no sé que intento salvar, si a mí la vida ya me dejó claro que prefería quedarse en la cama antes que vagar entre el frío. Y tonta es, porque sabe que el frío llegó a nuestra cama hace meses. Pero no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, o no quiere sentir, qué más da.

Han atrasado el tiempo, pero a  mí de qué me vale que me atrasen las horas si yo quiero que las adelanten, y que fluyan tan rápido que ni mis ojos sean capaces de seguirle la pista a las agujas del reloj. Que han atrasado una hora la desesperación de que te largues de aquí, lejos, por patas, o por miedo, pero que te largues. 

Mi vida no es capaz de decírtelo y, si te fijas, la verás buscando desesperada tu olor por toda la cama, y en el fondo ya sabe que cambié las sábanas hace mucho tiempo. Solo le faltaría correr hasta la más próxima perfumería y comprar tu colonia, e infectarme la cama de nuevo con tu olor a pasión muerta y asqueada. 
¿Odiarte? Ni se queda corto, pero me paso de largo. Simplemente, ya no eres. Tampoco fuiste, pero ya ni tan siquiera serás. ¿Quererte?, tampoco creas que tu amor dio para tanto, si ya sabes que es un suspiro lo único que pretendías darme, y creíste que yo no te daría suficiente calor como para soportar el incipiente invierno. 

Te escribo con voz de cansada y con letras llenas, en el fondo, llenas de resentimiento. Porque ya me he dado cuenta que no quiero nada, ni por asomo te quiero para nada. Un día si te quise para todo lo que el tiempo me diera tiempo y ya ves, que ahora solo quiero que pase rápido para que tú te largues lo antes posible. Pero no sé cómo decírtelo, si tampoco nos vemos; tampoco nos hablamos. Lo único que me queda es escribirte, sabiendo que me lees o, por lo menos, antes lo hacías. 

Los tic y tac me suena a impotencia y agobio entre libros y escrituras, y juro que si me vuelvo más loca es porque paso de volverme cuerda y ahorcarme queriendo. Tan solo espero que mi vida se muera del asco, que de amor ni yo podría resucitarla, y créeme, demasiado que sé de lo que hablo, y qué lástima.
Ahora sí, ¿te habrá quedado claro qué quiero que te marches? Porque espero que lo hayas entendido, aunque quien espera desespera, pero,...
...por última vez, : lárgate

martes, 22 de octubre de 2013

Abismos hechos boca.

No buscaba inspiración, y es que tampoco te buscaba a ti
que justo en el momento en el que creía que el amor era para dos,
yo volví a encontrarme que ni era para .
Sabes como mata el no quererte, y ya no es morir por el sentimiento, 
si es que he necesitado dos vidas para que se suicide él, y me deje tranquila. 
Y que no voy detrás, porque veo que el abismo se parece a tu boca cuando me tragaba en aquellas noches donde yo reía como una ilusa; pero que gran verdad, si en realidad si lo era. 

Que me toco el corazón, o eso intento, metiendo mi mano hasta lo más hondo de mi pecho. 
Pero salta, y niega con su bombeo, 
exclamando que prefiere esconderse en los recovecos de mi cuerpo, 
más caliente que aquel portazo que diste al salir de nuestras vidas. 

Hablándote, las horas ni eran horas; más bien dedos caminando por mi espalda, 
trazándome tu mapa del tesoro hasta la conjunción de mis piernas. 
O quizás era mapa de tu escondite, que no quisiera yo encontrarte ya nunca jamás,
en aquel lugar donde dicen que los niños no crecen, 
y Peter Pan ha olvidado a Wendy y se folla a las sirenas. 

Supongo que a mí, el tiempo no quiso darme la razón, 
sabiendo que negando la evidencia, no sería menos evidente. 
Y sé que mis sonrisas ya no encuentran la fuerza para salir a flote en un naufragio donde mis lágrimas golpean con furia mis mejillas, intentando limpiar mi existencia, 
que se ha vuelto una furcia buscando nuevos barcos en los que embarcarse

Que si me dijeron ayer que no te quisiera, y hoy lo sigo haciendo, 
espero que mañana me digan que volviste
y que tu recuerdo solo sea un precioso reflejo del olvido. 
Y que si te quise, jamás fue queriendo, porque a querer no me gana nadie, 
y ya me he cansado de ganar todas las partidas, recibiendo como premio el abandono. 

Ahora yo bailo con la soledad y es algo que no me preocupa,
porque puedo pisarle los pies sin miedo a que quiera largarse. 
Y bueno, que si te dijese que no tengo miedo, volvería a mentir, 
porque tengo miedo a que ni la soledad se apiade de
Qué no sé qué es más triste, si que los monstruos de debajo de mi cama se hayan buscado otra donde dejar de oír los llantos, o que yo les busque a ellos para sentirme útil. 

Quisiera partirte la boca
y lo jodido es que quisiera hacerlo a besos mientras me agarras por la cintura y bajas tus manos, clavándome las uñas en las caderas. 
Y gemir, y llorar, y sonreír. Todo en tu boca
Y vuelve a ser abismo donde no quisiera volver a caer. 
Pero de que sirve no querer volver, si jamás quise marcharme
O bueno, que te marcharas. 

Me jode que no me jodas, y ya suficiente es que me jodiste el cuerpo en vida, 
porque no necesito que me lo jodas en estado de coma. 
Pero qué coño voy a saber yo que quiero, si no paro de contradecirme
y bien sería que vieneses mismo a contradecirme en mi propia cama cuando yo te dijese que no, 
y tú me dijeses que sí.

Yo ahora me trago mis palabras, porque me muero por reclamar tu abismo hecho boca
que recordándote, me apetece volver a caer en él, con prisas, con ganas, 
y con saber a derrota. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ya no.

Creo que mi mente quiere entenderte cuando yo decido no esperarte; cuando quiero apartarme y seguir sola hasta Roma. Llegar y plantar mis pies ante el Coliseo, y decirme a mí misma que hasta los edificios más antiguos son capaces de soportar las más pesadas cargas. 
¿Sabes?, no quiero ir a Roma, porque quiero ir a todas partes. Viajar y recordarte, sin destino, ni final; sin armas ni amor, ni tan siquiera dolor. Volver, irme, y volver a irme. Quedarme, marcharme, y jamás regresar. Porque quiero volar, tan lejos como sea posible del cielo, y no sé si es porque las nubes me saben a poco si puedo pisar tu mismo suelo.
No. No estoy haciendo ni diciendo lo que quiero. Y qué contradicción cuando sé que te quiero, cuando al mismo tiempo no te soporto. Qué contradicción fue saber que ya no te necesitaba, y ya no saber, si no sentirlo, que fue más duro. 
¿Qué si he (mal)gastado tiempo de la vida? No. ¿Qué si he ahogado tiempo de mí misma? Quizás.
Y mira, que ya no sé si quiero saber, o es que ya no quiero querer. O quererte. Pero lo dicho, ya no sé. Muero por matar contradicciones que matan mis razones, y continuar creyendo(te), si es que mi razón lo diese por valido. No debería, y aún así viajo entre mis posibilidades de seguir o continuar; seguir esperándote, aún cuando mis pies me arrastran, o continuar mis pasos, si aún ni he marcado huella. 
No digas bipolaridad si tienes claro que no te apetece soñar pudiendo vivir la realidad. Qué no soporto que me digas no puedo más, si siempre te dedicaste a dar menos.
Y vuelvo a no saber, a no querer, y ahora empiezo a no creer. Que hablan de religiones para aferrarse al borde del abismo, cuando yo rechacé quererte por no acabar crucificada. Y que si tú quisiste, yo también podría haber querido. Pero lo dicho, ya no sé, ni quiero. 
¿Sabes?, al olvido le dí todos tus recuerdos, y el muy cabrón me los ha devuelto, diciendo que debo aprender a vivir con ellos yo solita. Que ya lo decía mi corazón, que demasiado capullo había todavía sin abrir para que la abeja no se adentre en su interior. Y hablando de corazones, ¿qué tal late el mío? Porque desde nuestras sábanas aún se le escucha aquella forma de retumbar con cada muestra de amor. Lo jodido es escucharle gritar, porque jamás le dimos atención. 
Volviendo a lo que no fue, no puedo hablar de ello si no llegó a nacer. Así que, que me llamen loca, o poetisa, si me he dedicado a recorrer cada paso de una historia imaginaria que jamás pudo florecer.

Lo dicho, ya no. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Caídas directas a la piscina.

Aún recuerdo su timidez la primera vez que nos miramos a los ojos, y aún recuerdo mi sonrisa inocente cuando por fin le dije "hola".
Yo era más que una simple acompañante en un simple asiento y bueno, él no era más que el simple copiloto de su propia vida; y nadie imaginaba que pronto también lo sería de la mía.
Todo empezaba como empiezan las cosas que no quieren ser empezadas: por el principio. Y como dos niños pequeños, las risas comenzaban a fluir entre suspiros de temprana ilusión.
Oí mil veces aquello de que "las cosas de palacio van despacio", pero aquí no habían princesas, ni mucho menos príncipes.
La vida se sentía bien, distinta, apasionada, ¿pero no es así como se debe sentir una cuando las cosas marchan con extremada fluidez? Solo que él me sentía lejana; quizás porque en el fondo mi desconfianza a lo ajeno y al dolor gritaban a mi corazón que se alejase lentamente, sin hacer ruido.
Yo, que soy más de mirar la piscina desde lo lejos. Ya sabes, que quien no arriesga no gana, pero si te atreves, guárdate un pequeño pedacito para cuando la partida haya acabado.
Besos y caricias, acompañados de confesiones bajo las estrellas, pero sinceramente, un techo también nos valía para seguir queriéndonos sin compromisos, porque entre dos, a mí jamás me había importado el lugar. La verdad, no eran ni sus ojos, ni su picardía, porque más bien no sé que era.
De esas veces que te dices a ti misma que como ha podido suceder, porque sin darte cuenta, los días sin él son más tristes y apagados. Y ese es el más grave de los errores.
Yo es que a veces me levantaba solo porque en mis sueños no le podía tener, y eso que muchas noches me dormía junto a su olor, después de darme un beso de despedida en el portal.
"Me hace ilusión dejarte un día un mensaje en el móvil, diciéndote que bajes, que estoy en tu puerta", y él ya sabía como hacerme sonreír sin grandes frases elaboradas, ni llenas de versos; porque los versos los provocábamos con la boca.
Ya le decía que era el peor hijo de puta que había conocido en toda mi vida, y me era imposible decirle un te odio sin que se me escapase una sonrisa de estúpida. Y bueno, si querer a alguien incondicionalmente es una estupidez, no tengo más que añadir.
Que dicen que un recuerdo siempre viene acompañado de una canción, una película, pero es que sus jadeos en mi boca siguen siendo mi perdición cuando mi memoria los evoca.
Y que triste es pensar que darlo todo solo sirve para perder el doble: te pierdes, y le pierdes.
Que el amor ya no sé si entiende de egoísmo o amor propio; lo único que sé es que a mí me ganan a las dos.
Sí, supongo que la vida está hecha para valientes que deciden tirarse a la piscina. Eso, o para personas que creen que es mejor saltar desde del vagón de un tren en marcha, creyendo que el suelo que pisarán será mejor que un amor que no pide billete, ni de ida, ni de vuelta.

martes, 1 de octubre de 2013

Un crujido tan ensordecedor.

Un crujido. 

Solo se oyó eso cuando saliste por mi puerta.
Y no te engañes, si  ya te has ido.
Porque aquel irritante sonido no procedía de la puerta desgastada que te dejaste abierta.

Un crujido, tan ensordecedor que hasta los pájaros dejaron de cantarle a la nada, volando descontrolados, asustados por instintos animales y con miedo, propagándose por todas sus extremidades aladas.
Un crujido que hasta paralizó el tráfico de esta ciudad muerta, donde cada coche era un recuerdo de nuestra historia, que lentamente había dejado de funcionar sin fuel ni meta.
Un crujido que detuvo las agujas de mi joven reloj, congelando el momento exacto en el cual decidiste que el exterior te haría brillar más que mi propio amor. Sin tener en cuenta que ya ni un relojero lo haría resucitar, porque cuando algo muere, ya ni una inyección le otorgan esas ganas de continuar.
Un crujido que estalló las ventanas de las estancias huecas de esta casa, donde antes solíamos gritar y reír a la vida, como si afuera no hubiera nada más que un callejón sin salida.
Un crujido, que hasta las mismas entrañas de la tierra se sacudieron sin parar, creyendo que por fin llegaría el exterminio de esta sociedad, que muere a cada trago, ebrios por las mentiras y la soledad.

Te fuiste, y te engañaste a ti mismo diciendo que aquel crujido fue un hecho de lo más normal.
Y yo creía que de verdad te habías ido, pero sigues en mis recuerdos, sin ser consciente del dolor que me causas en realidad.

Ahora ese crujido se hace más nítido a cada instante, porque vuelven los recuerdos, ahogándome con todos tus desplantes.

Y joder, ahora lo recuerdo bien.
Que aquel crujido que se oyó, no fue más que mi corazón, rompiéndose en mil pedazos por el dolor y la traición.