Muchas veces nos damos cuenta, y tarde, de que no vivimos la vida, si no un vacío lleno de recuerdos.
Nos guiamos por el que dirán, olvidando lo que dice nuestro corazón; por la vergüenza, moviéndonos por impulsos de rencor; por el miedo, pensando que no somos lo suficientemente buenos; o por la envidia, sin pensar que el que sufre no es el envidiado precisamente.
Nos encanta plagiar, solo por el hecho de no creer en nosotros mismos, por pensar que jamás seremos aquello que mueva al mundo, dejando que el mundo nos maneje a nosotros.
Pasamos miles de momentos recapacitando sobre aquello que somos, sobre lo que hicimos mal y arrepintiéndonos, pasando por delante de la felicidad, olvidando cual era la parada correcta.
Y no podemos evitarlo, porque somos humanos, porque nadie es perfecto y porque todo el mundo se equivoca.
A veces hay que dejar de buscar, dejarse llevar por los impulsos, y comenzar a arrepentirnos...arrepentirnos de lo que hicimos, de nuestra continua lucha por conseguir ese amor tan deseado, de ayudar a los demás, aunque no exista recompensa... nadie quiere arrepentirse de aquello que no fue capaz de hacer, de abandonar por ver alejarse esa persona tan esperada, por no ayudar, aterrorizados por el miedo a sufrir. Nadie quiere eso, y todos lo hacemos.
Somos humanos, y tan estúpidos que la propia estupidez se queda pequeña a nuestro lado.
Valentía es lo que necesitamos, pero si no nos ponemos en marcha, seguiremos viendo pasar la vida esperando que pase aquello que de verdad ansiábamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario