viernes, 28 de febrero de 2014

De puntas y corazón menos rojos.

Tengo los pies congelados, pero tus manos preferían hacerme arder el corazón en cada latido, y todavía recuerdo como hacías que mis lágrimas se evaporasen al contacto, caliente en todas mis estaciones. 
Que, a veces, la lluvia venía y nos llovía por sorpresa, mojándonos la risa y el quejido de nuestro diafragma al contraerse, tan rápido como el tiempo que pasaba, mientras nosotros no pasábamos. Y no pasábamos porque no queríamos tropezarnos con el gato negro de aquella calle, con nombre de agosto y de angustia; pero pasamos por debajo de la escalera de mi casa para darnos el lote, que no la lotería, como si ya no importase que la mala suerte quisiera participar en este baile de corazones descompasados, tropezándose en el amor. 
Porque, claro, a mí siempre se me ha dado, y no digo genial, escribir, y escribirte, mientras tú practicabas el tiro a la razón, descontrolando las pocas hormonas que todavía quedaban sin revolucionar. Porque, claro, desataste la tercera y hasta séptima guerra sentimental en mi interior, pero a mí me pilló sin armas ni caparazón, jodiéndome desde las puntas hasta volver a ellas. 
Y ahora llevo unas puntas rojas que se destilan a cada lavado, tal y como dicta, o palpita, el corazón, que empezó siendo rojo y ahora ya ni se sabe, porque te saliste de las líneas al pintarlo. 
Déjame escribirme que ya no es todo como fue; y déjame que me lo escriba por no poder dejártelo a ti grabado en nota de voz, porque ni la voz me sale cuando sólo me sale recordarte. 
Llegará al día en el que ese rojo pase de las puntas a todo el pelo, pasando por las venas y llegando al corazón. Y se tintará la razón por volver a este cuerpo que antes te llamaba, y al que ahora llamo yo. 







sábado, 22 de febrero de 2014

Uno más, una menos.

Hoy te he pensado y me ha sabido a poco, y hoy te he sentido, y a mi corazón le has dolido a mucho.
A veces creo que en el fondo no fuimos tan distintos, y quizás eso nos hizo cansarnos antes de tiempo, o antes de matarnos a palabras de dientes afilados. Lo más jodido de todo es volver a pensarte con esos dientes, cuando se hacían físicos y marcaban el físico de mis labios, rasgando sus formas y pintándolos de rojo carmín sin carmín. Pero supongo que sólo era eso: lo físico; aunque también se nos daba genial la química, y fuimos dos sustancias que jamás debieron ser fusionadas, y nos quemamos el corazón, esparciendo sus retos por todas las esquinas.
Antes era una más, cuando ahora soy una menos, y quién no se preguntaría cómo sucedió todo, cuando una noche era yo y al día siguiente pensaba por los dos.
Y es que me llamó al borde del abismo y jugamos a la pata coja con los ojos cerrados, desafiando a la gravedad; pero mis mariposas me empujaron hasta caer y se esfumaron cuando topé contra la realidad.
Aún suspiro profundamente, o conscientemente, cuando el aire me trae tu olor, pero cuando abro los ojos ya no eres tú, sino alguien más que ha decidido comprar tu perfume. En ese momento me doy cuenta de que nunca te llegué a saborear de verdad, o que tú no fuiste de verdad; uno más de la cadena de montaje del desamor. Tú siendo uno más y yo siendo una menos, ¿por qué sí?
Pero como ha vuelto a pasar, yo me he vuelto a quedar, no esperándote, más bien esperándome a mí. Y estoy llegando, aquí, con mis versos que parecen ser para ti, pero que sólo son para mí, para sentirme yo, como siempre fui.
Y mi corazón te sigue doliendo a mucho, pero como se suele decir: quien calla otorga, y yo prefiero no callar, porque mi corazón no es algo que se pueda otorgar.

lunes, 17 de febrero de 2014

Tú. Sí, tú.

Respiras hondo y, como si fuera posible, te abrazas e intentas contener todas esas piezas que ya no encajan, pero que él se encargó de colocar como un niño pequeño, antes de alejarse asustado. 
Bailas, pero tus pies ya no responden, y es que salen corriendo tras un rastro que ya no está, porque después de tanto tiempo las cosas cambian, pero tú no. 
Recuerdas aquellas tardes de lluvia donde te encondías en su pecho, y ahora es tu pecho el que diluvia, pero no eres capaz de esconderte; y ahora eres tú quien lloras, pero es ahora él quien se esconde tras las pestañas de otra musa. 
Porque el tiempo pasa, como los recuerdos, pero ellos regresan y vuelves a tu dulce y solitaria locura, donde el tiempo si que no regresa. 
Que era más fácil decirte que eras tú, pero ese "tú" tuvo tu nombre y el de unas cuantas más, porque has sido tú, pero que jamás fuísteis un "vosotros". 
Supongo que de ilusiones no se vive, pero si se muere. Y lo que no mata engorda, y tú te has quedado con dos kilos más de culpa en el corazón y un mal sabor de boca que otros besos sólo aumentan. Y que no has muerto porque no deseas ir al infierno a esperar que él regrese cada día a guardar un alma más en pena, víctima de sus encantos de principe azul y palabrería de Sombrerero loco.
No sé si está demás decir que te sentías de menos conforme os comíais aquel pastel, quedándote con las migajas de algo que, al final, fue simplemente un trocito de todo él. 
Y claro, si en el camino tenía que tropezar con piedras, a ti te llevaba en sus manos. Y claro, si en el camino tenía que tropezar, eras tú quien primero se golpeaba contra todas ellas, cuidando porque no se hiciese daño. Y claro, echa la vista atrás porque no piensa echar el cuerpo y recogerte del suelo, quitando todos esos daños clavados y cosiendo lo que ya no tiene cura, ni corazón.
A ver como le dices a tu "yo" interior que te espere, joven, mientras tú te vas marchitando con el tiempo. 
Ya sabes que vivir sólo se vive una vez, porque morir ya has muerto unas cuantas, y que el gato solo tiene siete vidas y te estás jugando llegar a la última partida sin ninguna.
Has respirado hondo, pero no lo suficiente como para llenar tus pulmones y vaciar su C02.
Porque ahora que no está, sólo quedas tú, y eso basta para mirar hacia delante y no echar de nuevo tu cuerpo atrás.

sábado, 1 de febrero de 2014

Lo barato sale caro.

A veces me da  por preguntarme que nos ha pasado. Luego pienso que estoy preguntándome a mí misma, y cambio el "nos" por "me". 
Supongo que mi cabeza estaba amueblada con esos muebles que escogimos juntos en el Ikea aquella tarde, entre risas y besos, y sigo preguntándome. Ahora me he quedado con una azotea amueblada con accesorios mal colocados y montados a base de prisa, amor alocado y materiales baratos; materiales que parece que me hablan en otro idioma, que contactan con mi corazón y le gritan que si se siente a gusto ahí solo, latiendo como si alguien lo fuese a escuchar. O como si alguien lo fuese a reparar. Pero él me dice que por una vez está bien y que pasa de que venga un gilipollas a remodelarle la casa a base de bonitas cortinas con estampados de corazones rotos y sueños plasmados en cuadros fabricados en serie. Me dice que en silencio sabe apreciar mejor aquellas risas del pasado, aunque ahora parezcan más bien de lata, como las de esas series donde las risas que suenan ya pasaron a mejor vida. Y que dice que a solas también sienta bien, porque latir por uno es más sencillo que latir por dos. En el fondo (porque mi corazón tiene fondo de armario, sólo que con un vestido de diario, otro de gala y otro de funeral) sabe que también está un poco maltrecho y que le tocará colocarse algún tornillo de esos con nombres raros del Ikea. Y que digo tornillos porque parece ser que nos hemos tenido que poner pilas antes que sentimientos, pero que lleva fatal eso de que le chirríen los músculos. Tú, que eras algo así como su aceite, has pasado a ser el aire que le oxida. 
Y claro, entre mi azotea, amueblada como si eso fuera una noche de sexo, drogas y alcohol,  y un corazón que se está correspondiendo a sí mismo, yo me estoy alejando un poco de mí. Pero he de decir que, para mal, me está sentando bien, y que ya no me siento a esperar que todo se arregle; que salgo corriendo, y no huyendo, detrás de lo que quiero ser y ya no de lo que parezco ser. Y que salgo corriendo a por esas sonrisas que un día dejé escapar. 
Ahora que lo pienso, tampoco es necesario tener los muebles más caros o una alfombra de zebra. Que si soy así: loca, dejada, apasionada, borde, sobreprotectora, sinvergüenza, dulce...¿por qué cambiar algo que me gusta? 
Por mí, ahí te quedes con tus patas de mesa mal colocadas, cuadros torcidos que escurren falsas promesas y alfombras de bienvenida que invitan a no entrar.