Demasiadas personas son la que aparecen y desaparecen de nuestras vidas, y cada cual deja su huella personalizada.
Unos se marchan como llegaron, y dejan solo un escaso adelanto de aquello que pudo suceder y que no sucederá...¿o sí?.
Otros simplemente llegan, manchan escasamente los recuerdos, y se alejan.
Por otro lado, están los que llegaron porque tenían que llegar, porque sus padres decidieron que se merecían unos estudios, y ellos decidieron ser algo más en esta vida.
También nos topamos, y toparemos, con gente que decidimos por nuestra cuenta que entren en nuestras vidas, sin saber que quizás el día de mañana serán aquellos por los que queramos que está termine.
Incluidos aquellos que entran sin llamar.
Está claro, no podían faltar aquellos que ya están en nuestras vidas, por mucho que no queramos, porque estaban antes que nosotros y porque no podemos cambiar nuestros genes. Porque, sin quererlo, van a estar día tras día, dándonos un empujoncito, ayudándonos a crecer, a madurar, a conocer la vida, a perdonar, a amar, a soñar, y al mismo tiempo, a pisar la tierra con lo pies... esas personas que jamás nos abandonarán, por muy lejos que se encuentre, por muy pronto que abandonen nuestras vidas.
Puede que el destino no exista, pero mucha gente se convence de que sí, para poder recordar que la gente que permanece a nuestro lado, o la gente que se marcha, nos enseña, nos hace daño, nos hace reír, nos perdona, les perdonamos, soñamos junto a ellos e incluso llegamos a odiar... y así, será siempre.
Los días empiezan y terminan, los extraños vienen y van, y la tristeza y alegría se enzarzan en una batalla sin final.
Porque nuestra existencia nos depara tantos días vividos como gente puede haber en el mundo y sin desearlo, nos muestran lo bueno y lo malo de ella, y nos enseñan que la vida no es fácil, pero junto a personas adecuadas, todo saldrá mejor.
Nos golpeamos y caemos por aquellos que lo merecen, y no. Perdonamos a quienes creemos que lo necesitan, y en el fondo nos dejaran tirados en la próxima curva del camino; y más tarde nos damos cuenta que no hemos perdonado a quien lo merecía.
Amamos a quien lo desea, y a otros que no, y morimos por muchos que destrozan corazones, pero el amor no atiende a razones, porque es masoquista, y nos destroza hasta abrirnos una herida.
Damos lo que tenemos por el prójimo, para más tarde encontrar toda nuestra vida sumida en el más profundo de los pozos.
Pero tal como estas personas han permanecido a nuestro lado, y muy a nuestro pesar, no hemos conseguido que nos quisieran como queríamos, lo mejor es cerrar puertas para abrir nuevas ventanas.
El aire de un nuevo día traerá nuevas personalidades, nuevas esperanzas, nuevas alegrías... sin olvidar que esto podrá también traer viejas amistades, viejos recuerdos, y dolores olvidados.
Así es la vida, llena de sorpresas, caídas, sueños, y un sin fin de sentimientos encontrados.
Porque esto es lo que mueve el mundo, y de lo que jamás podremos desprendernos.
Por aquella gente que se fue, y volvió; por aquella gente que llegó y nunca se marchó; por aquella gente que dió la vuelta y no regresó y por aquella gente que está por llegar.
Gracias.
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