Ella creía ser como una melodía mal entonada, pero capaz de llegar a poner sus pelos de punta; de punta en blanco, como ella se vestía las sonrisas cada vez que quedaban para gritarle a la vida que ahí seguían, viviéndola.
Porque ella creía ser la niña del corazón valiente y las lágrimas de plata.
Porque ella creía ser la mujer de las heridas por cerrar, pero, sobretodo, la mujer de su vida.
Y es que ella creía que volar era caminar a su lado, con los auriculares conectados a los latidos de su corazón, como una canción sonando una y otra vez.
Ella también creía que el Sol solo salía cuando él decidía que ya era hora de que abriese los ojos, porque ya tocaba levantarse a poner su caos, de nuevo, en marcha.
Sobretodo creía que si él no estaba, ella era como esas flores de primavera que, mientras todas florecen, ellas nunca llegan a abrirse del todo; porque ella creía que el amor era abrirse y sentirse bonita, por serlo y porque fuesen capaces de verlo.
Y es que ella podía creer en ella, en él, en Dios, en el amor, en que las distancias se pueden romper, en que sus heridas un día dejarían de sangrar, en que lograría alcanzar sus sueños, en que el tiempo jamás se podría parar, pero sí en que los recuerdos se pueden atesorar...
Y ella sabía que él jamás llegaría a ser perfecto, ni tan siquiera todo lo que ella esperaba, pero le quería, y simplemente ya no era una suposición.
Es precioso. Los pelos de punta.
ResponderEliminarMe encanta tu "Poco que decir. Mucho por hacer."
Un saludo.
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