lunes, 13 de enero de 2014

Ir, pero.

Iría.

Iría y te haría tragarte esas palabras que a veces queman como el aire de este invierno en mis pulmones.
Iría y te las tragarías, para después meterte la lengua hasta el fondo, y más allá. 
Iría, de verdad, y sabes que quisiera matarte a golpe de besos entre latido y latido, esperando la muerte por infarto. 
E iría, a ahogarnos en alcohol y a dejar de hablar, de pensar y de respirar, matándonos entre rabiosos mordiscos de "te odio". 
Y sabemos que iría, sólo por ser tu pesadilla más temida y por ser la única mano a la que puedas aferrarte en noches intranquilas; todo a la vez. 

Pero a veces dudo de si ir, por quedarme en mis noches tranquilas a solas con la soledad. 
Y no, no me abraza mejor que tú, ni me da mejores besos que tú; pero es que ni tan siquiera es capaz de darme calor...
aunque tú mucho frío me has dado para tener sangre en esas venas, que parecen más bien carreteras por las que conducir sin control. 
Y derrapando, todo los días haces que me dé de bruces contra la congelada realidad, y que quizás lo que buscaba era traspasar el espejo y aparecer en la otra cara de la historia. 

Y vuelvo a querer ir, y tal vez ya se me vaya de las manos, o de la vida, pero es como un chute de adrenalina. 
E iría, para más tarde, quizás, no volver a regresar...
aunque tú mucho frío me estás dando como para no querer volver. 

Ir. Volver. 
Ir. Volver. 
Ni tiovivos, ni norias, ni montañas rusas, porque tienes más boca de lobo que de cordero. 
Y yo, que me dejo mucho guiar por las ganas y el desenfreno, hasta que llega mi conciencia en forma de bandera blanca y sirenas de alerta.

Pero es que, a todo esto, me estoy dejando ir, y a mí, a este ritmo, jamás pensaré en volver. 

1 comentario:

  1. A veces cuesta más pensarlo que hacerlo. A lo hecho pecho. Tal vez no haya nada mejor que ir y dejar de pensar en lo que pasaría :-) tal vez ni siquiera haga falta volver nunca.

    Cuídate.

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