viernes, 1 de marzo de 2013
En el fondo de nada.
Siempre se encontraba sentada en el ausente banco, soportando los copos de nieve caer. Su amor cada vez era más flaco y sólo le quedaba ver el atardecer. Las palabras encontraron su hueco vacío en cada poro de la piel, porque la distancia acompañaba al terrible frío que sobresalía de las letras en aquel trozo de papel. La música hablaba por ella, escondiendo la ausencia de su alma, absorbiendo su estela y abandonándola al alba. Su cuerpo, inerte, incapaz de trasmitir ni el más mínimo indicio de sentimiento, el más mínimo indicio de nada. Y sus ojos, perdidos en el fondo de aquel encuentro, suplicando barrer todo el agua. Ella, que prometió que jamás volvería a la estupidez, pero tan pronto como pudo cayó de nuevo, dejando escapar a la sensatez. Miraba a lo lejos, queriendo encontrar en las nubes alguna pista, aunque tan sólo era capaz de ver un reflejo en el agua ya no tan cristalina. Consideró que el tiempo no iba a darle la razón, y recogiendo los pedazos, abandonó aquel temido y desflorado amor.
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