miércoles, 20 de febrero de 2013

Delante de mis ojos; detrás de mis espaldas.

Muchas veces me dediqué a mirar a lo lejos, esperando ver más allá de todas las cosas malas y esperando huir, tantas cosas rozaron mi espalda, que mis pesadillas me impidieron darme la vuelta. Enfrenté mi mente al dolor, pero aún así estuve perdida tanto tiempo que ni el tiempo fue capaz de ayudarme, acusándome sin reparo. De noche y día pensaba que me quedaban demasiados sitios por visitar, deseando buscar en nuevos lugares, sin pararme a disfrutar de aquel que pisaba. Y aunque yo no lo supiera, mi cama lloraba esperando mi reencuentro y yo sólo deseaba llenarme las manos de ti, y contemplar mi corazón con un mar repleto de azul añil. Mis labios se mojaban con cada lágrima, y mis ojos se secaban entre la brisa que se filtraba por las telarañas de nuestras sonrisas, vacías y frías cómo mi alma. Y aunque yo no lo supiera, latía con cada golpe de pulso y mis entrañas se contraían con cada golpe, más abajo, más certero. Abracé la mentira, abracé la esperanza... y abracé tantas cosas que mis brazos ya no sentían el calor del amor, el dolor de tu marcha. No me dí ni cuenta de que lo más bonito significaba contemplar aquello que tenía delante de mis ojos, pero como siempre, yo me saltaba la estación correcta. Andar perdida fue mi esclavitud, y siguiendo aquello que decían me dediqué a auto castigarme con acritud. Hoy sólo sé que las palabras se las lleva aquella brisa, y que lo que escribo duerme entre mis manos y mi mente, esperando ver en mi una sonrisa.

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