Quisimos seguir en la ruleta rusa, apostando por aquello que pensamos que podríamos conseguir, y apostando aquello que jamás tuvimos. Gastamos tiempo, esfuerzo...malgastamos lágrimas, ahogamos la voz en vasos de agua. Buscamos un sueño; quizás tengamos suerte, quizás no. Una persona suele querer lo que no podría llegar a hacerse realidad, porque una se habitúa a ser masoquista, luchando por destinos que en ocasiones no son los adecuados, pero luchar por ellos es una gran aventura,¿o no?. Tropezamos, caemos, nos levantamos y curamos nuestras heridas con el agua oxigenada de la vida misma, ardiéndonos hasta que la llaga cicatriza. La existencia de un ser consiste en estos hechos. No tenemos porque demostrar nada a nadie, solo a nosotros mismos, pero creemos que estamos en la obligación de demostrar que podemos aguantar los golpes, sin reparar en si nuestro aguante a superado el umbral del dolor. Seguir un sueño no es camino fácil, porque se pisan fracasos, pero nos vapulean antes de que lo consigamos, porque si la vida no te golpea de la manera más dura, ¿cómo seremos capaces de darnos cuenta de que hay que luchar?. Demasiadas personas deciden dejar a un lado sus metas, sus aspiraciones, al darse cuenta de que no son capaces, de que el tiempo se les echa encima, de que los demás continúan sus vidas y se convierten en quienes deseaban convertirse. Si creemos que la vida es complicada, ¿porqué no soportar más complicaciones con tal de ser felices?. Unos se conforman, porque son conformistas; otros porque no tienen voluntad de poder. Unos no se conforman, y en mi caso, si he llegado hasta aquí, ¿porqué no seguir mi camino y llegar a la meta?. Cada uno debe saber cual será su limite, porque no se trata de fustigarnos con metas inalcanzables, si no con sueños realmente factibles.
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