lunes, 28 de mayo de 2012

       Hoy decidí encender una vela solo por encontrar la suerte, según comenta mi madre.
¿De verdad existe?. 

Ella dice que lo mejor de encenderla en situarla delante de una virgen, un santo, un ente que "reciba la señal", tu "llamado", rezar un poco, luchar y esperar que te bendiga con su ayuda. 
No me considero una persona estrictamente religiosa, ni creo que la Iglesia, en su día, tuviera que dirigir nuestra vida. En este mundo hay gran diversidad de opiniones respecto a estos asuntos y cada persona puede tener su propia opinión, sin importar si es correcta o incorrecta, se debe respetar; eso sí, si llegara a afectar de manera negativa, ¿quién sería aquel que tuviera el valor para pararlo?.
 No se porque tenemos la necesidad de creer en algo, que nos de la fuerza para seguir adelante cuando el sol parece que jamás volverá a salir. Nos agarramos a ello, con ansia, pensando  que será nuestro salvador. 
Ya creas en Dios, en Buda, en una herradura...ya estás creyendo en algo. Cualquiera dirá que no es católico, que cierra la puerta a los Testigos de Jehová, que odia los falsos testimonios, pero,¿estás seguro de que no tienes una medalla, una pulsera, una camiseta que dices que da suerte?. 
Ese "poder" de creer en algo, esa necesidad que cualquier persona tiene, simplemente no es una estupidez. Creer en ese "algo" quizás fuera auto-engañarse, pero siempre es mejor convivir con un apoyo, que mirar hacia la nada y olvidarse de todo

viernes, 25 de mayo de 2012

Quisimos seguir en la ruleta rusa, apostando por aquello que pensamos que podríamos conseguir, y apostando aquello que jamás tuvimos. Gastamos tiempo, esfuerzo...malgastamos lágrimas, ahogamos la voz en vasos de agua. Buscamos un sueño; quizás tengamos suerte, quizás no. Una persona suele querer lo que no podría llegar a hacerse realidad, porque una se habitúa a ser masoquista, luchando por destinos que en ocasiones no son los adecuados, pero luchar por ellos es una gran aventura,¿o no?. Tropezamos, caemos, nos levantamos y curamos nuestras heridas con el agua oxigenada de la vida misma, ardiéndonos hasta que la llaga cicatriza. La existencia de un ser consiste en estos hechos. No tenemos porque demostrar nada a nadie, solo a nosotros mismos, pero creemos que estamos en la obligación de demostrar que podemos aguantar los golpes, sin reparar en si nuestro aguante a superado el umbral del dolor. Seguir un sueño no es camino fácil, porque se pisan fracasos, pero nos vapulean antes de que lo consigamos, porque si la vida no te golpea de la manera más dura, ¿cómo seremos capaces de darnos cuenta de que hay que luchar?. Demasiadas personas deciden dejar a un lado sus metas, sus aspiraciones, al darse cuenta de que no son capaces, de que el tiempo se les echa encima, de que los demás continúan sus vidas y se convierten en quienes deseaban convertirse. Si creemos que la vida es complicada, ¿porqué no soportar más complicaciones con tal de ser felices?. Unos se conforman, porque son conformistas; otros porque no tienen voluntad de poder. Unos no se conforman, y en mi caso, si he llegado hasta aquí, ¿porqué no seguir mi camino y llegar a la meta?. Cada uno debe saber cual será su limite, porque no se trata de fustigarnos con metas inalcanzables, si no con sueños realmente factibles. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Los poetas hablan de ausencia, de vacío...Ausencia, vacío...Esas palabras que no llegan ni a la mitad de lo que en verdad sientes cuando ves que has perdido para siempre a la persona más importante en tu vida. ¿Ausencia?,¿vacío?. Yo diría terror, ira...desconsuelo. No puedes creerlo, hasta el último momento, tus ojos negarán lo que ven, tus brazos negaran, hasta la muerte, que se quedaron vacíos. El mundo parece girar de igual manera, ¿cómo es posible que entonces tú estés sufriendo tanto?. Pero el verdadero dolor llega cuando de aquí en adelante estás tú solo ante la adversidad. De ahora en adelante dependes de ti mismo, porque ya no hay nadie que cuide de ti. Esa persona en la que antes de apoyabas, con la que reías de  tus aciertos y desventuras, simplemente ya no estará ahí. Y a pesar de que te has llamado a ti mismo fuerte y valiente, no encuentras dentro de ti la fuerza ni la valentía para asumirlo, para aceptarlo siquiera...Y mucho menos para cumplir aquellas promesas que hiciste en su día. Pero bien lo dijo aquel sabio: Fuerte como la muerte es el amor.