En esta historia no quise escuchar a nadie, porque solo estaba dispuesta a escuchar a mi corazón. Vaya putada cerrar los oídos y abrir los sentimientos, a sabiendas que la llave la perdí hace mucho y de muy buena gana. Simplemente quise llegarle muy dentro, como una de esas canciones que le hacen saltar, llorar o reír sin esfuerzo alguno; y quise dejarle huir lejos, creyendo que yo era el mejor lugar donde podría perderse.
En realidad, nunca he tenido ni puta idea del amor, o es que quizás me juntaba con quien sabía las reglas, pero no como se debían aplicar.
Pero, fíjate, aquí seguimos, creyendo que el amor es algo así como sentir mariposas en el estómago, confiar ciegamente, hacer daño o hacernos daño, e incluso olvidar lo que somos por recordar hacer felices a los demás. Pero, fíate, en realidad cada uno sabe, o quiere entender, lo que es el amor acorde con lo que siente. Supongo que no soy la única que pasa de escuchar a nadie, ni tan siquiera a esa voz de la experiencia que dice que jugárselo todo a una no es la opción más sensata.
Y si alguien sabe de verdad que coño hay que hacer para dar en la diana, que me cuente el secreto, y que nadie me diga que los magos jamás revelan sus trucos.
"Tranquila, todo tiene su recompensa", y creo que ya ni la quiero si es como esas bofetadas que duelen antes de impactar.
En realidad, me apetece arrancarme en pedacitos esos sueños que antes me hacían volar y que ahora solo me hacen darme golpes contra las ventanas cerradas, o arrancarme el corazón...¿qué duele más?
Creces y un día te das cuenta que de pequeño esperabas tanto, o esperabas solo a una persona, y que esa persona no ha llegado y claro, te sale preguntarte: "¿qué he hecho yo para no merecerme ésto"?
Anda que también, menuda mierda de reflexión. Mejor me voy al rincón de no llorar, que no me apetece calzarme las botas de agua y pisar sin querer algún sentimiento perdido por el camino.
Anda que también, menuda mierda de reflexión. Mejor me voy al rincón de no llorar, que no me apetece calzarme las botas de agua y pisar sin querer algún sentimiento perdido por el camino.