martes, 18 de junio de 2013

¿Perder o retener?

Jamás debemos cerrar una puerta, porque después de la tormenta siempre viene la calma, y es que un cambio nunca está demás para tomarse un respiro y continuar. Perder algo sólo puede significar que, o no lo cuidábamos como debíamos, o no estaba predestinado a seguir en nuestra vida; y eso no puede hacer que la caída sea inminente. Echar demasiado de menos algo es bueno cuando aún continua a nuestro alrededor y somos capaces de retomar aquello que un día hicimos para conseguirlo. Pero si el tiempo y las consecuencias deciden que ya no es momento, lágrimas no harán que todo vuelva a ser lo que fue antaño. Retener algo que no te pertenece siempre se vuelve en contra de uno mismo porque, sin quererlo, es como un animal enjaulado, que sólo almacena odio y desolación, deseando escapar a la mínima ocasión.  Y así va pasando todo, dejando escapar unas cosas por otras, intentando retener lo que un día nos hizo felices y  olvidando que por un momento no necesitábamos nada más para sonreír. No existen culpables cuando todo cambia, cuando ya nadie desea lo mismo, y que por mucho que no se quiera herir a los demás, alguien siempre acaba herido de bala.

lunes, 10 de junio de 2013

Nadie dijo adiós.

En el fondo ha comenzado una nueva etapa, y ya he recorrido una gran parte de ella, con mis más o menos, pero puede decir que con gran satisfacción.
Hoy me planto hasta dentro de unos meses, y me llevo conmigo numerosas sensaciones y numerosos recuerdos que siempre mantendré en la memoria.
Una décimas marcaron mi destino, haciendo que tuviera que decantarme por un camino que jamás habría pensado que me podría gustar tanto. Y en estos momentos no podría estar más contenta por la decisión tomada. 
Sé que todo hubiera sido distinto, que habría conocido a otras personas, que mis alegrías y tristezas habrían variado, pero no me arrepiento para nada.
He sufrido cómo la que más, me he esforzado y los momentos de flaqueza no han faltado. Pero también he tenido momentos de reírme hasta dolerme el estomago, de sonreír con cualquier tontería, de sorprenderme con cada nueva cosa aprendida...
Ahora sólo me queda recordar con alegría y, un poco de añoranza, el tiempo que dejo atrás, y quiero pensar que vendrán mejores. Eso sí, sabiendo que nada será fácil.
Voy a mantener ésto como un verdadero tesoro en mi memoria, y sobretodo doy las gracias a todas esas maravillosas personas que he conocido y que me han hecho vivir una de las mejores experiencias de toda mi vida.
Todo esfuerzo tiene su recompensa, y mi recompensa es saber que la vida siempre te sorprende de mil formas y a cada cual mejor.

Simplemente no es un adiós, si no un "hasta luego" :)

jueves, 6 de junio de 2013

¿El romanticismo ha muerto?

Una simple palabra puede clavarse en la carne sin compasión, envenenando la sangre de nuestro esperanzado cuerpo, sin oposición, corriendo tan rápido como el tiempo que no espera.
No hay barreras para cualquier arma que ataque nuestro corazón si proviene de nuestro querido y más allegado aliado, aquel que pensábamos que siempre estaría para frenar el dolor, y no para acelerarlo.
Aún así, después de escuchar aquellas historias para no dormir, dejamos que el miedo por el amor alcance un bonito suicidio en la creación del más sincero de los besos, creyendo que nuestra historia jamás morirá. Y aún así, el suicidio de ese beso acaba decepcionando a nuestro endeble y travieso corazón, que había apostado todo lo que tenía, hasta la vida misma. Un corazón que quería seguir buscando la melodía que le hiciera vibrar con cada nota; una bella y silenciosa melodía que sólo los corazones que creen en el amor siguen buscando.
Poco a poco ese deseo se ve refrenado por la traición, que sin buscarla, marchita la rosa del romanticismo, que crecía en el jardín de los amantes.
Por ahora, todas aquellas palabras obligan al maltrecho órgano a retirarse de escena, bajando el telón y retornando a su camerino, a la espera de un nuevo papel que le ayude a limpiar los restos de los tomates esparcidos, símbolo del rechazo. Se mirará al espejo y poco a poco retirará cada capa desgarrada, sin prisa, porque una herida mal curada puede infectar el futuro que está por venir.
Pensará en lo que todos creen hoy en día, que sin más oposiciones, toman como regla general: "El romanticismo ha muerto". Y sin más, querrá dejar de luchar, por todas las palabras, por todos los dolorosos actos.
Comprende que aunque el tiempo no espere, sí da segundas oportunidades a todo aquel que lo intente y que desee luchar, pero que su tren ha pasado, y que le tocará esperar al siguiente. No sabe cuando llegará, ni si será el indicado, pero lo intentará, sólo por demostrar una vez más que simplemente hoy el romanticismo no ha muerto, si no que está esperando en algún lugar para ser rescatado.