sábado, 13 de abril de 2013
Cárcel de cuerpos muertos.
Las palabras del viento fueron susurradas entre los barrotes de su cárcel del dolor, sin piedad, sin luz del sol. Sobraron sus lágrimas de cocodrilo, queriendo aparentar que la vida le había hecho pagar con creces el terror desperdigado entre los demás. Ni siquiera su misera sonrisa había podido borrar su pasado, impidiendo recuperar el tiempo malgastado entre puñaladas y malditos embustes. Ella sabía que todo el mundo merece segundas oportunidades y así se hallaba, esperando sentada encima de los cadáveres de aquellas amistades rotas, rozando con sus dedos la confianza envenenada. La oscuridad poco a poco encerraba su corazón, y las palabras del viento traían desde lugares muy lejanos la culpabilidad de sus actos. Y se dio cuenta de que su sueño se había convertido en una terrible pesadilla. En cuchillos se convirtieron todos los cuerpos descompuestos, alimentando su culpabilidad y arrancándole alaridos de aquel terror que un día ella misma se encargó de sembrar. Su cárcel poco a poco se convirtió en un mar tan angosto como su garganta, la cual poco a poco se cerraba, impidiéndole articular palabra; y así calló de rodillas, hundiéndose en su miseria y sintiendo como ya su amor no le pertenecía. Ante ella su mundo se iba desvaneciendo y el arrepentimiento de poco servía cuando ya la vida ni te quiere ni te busca, escogiéndote hasta convertirte en una pequeña hormiga, indefensa ante las pisadas de los transeúntes. Y así fue como, desapareciendo entre las sombras, se fue recluyendo en sí misma, olvidando que por norma todo dolor escondido trastorna.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario