sábado, 16 de mayo de 2015

Amor es, lo que tú quieres que sea.

No sabes lo que duele querer hasta que gira la esquina y tus pies te llevan a casa, aún cuando tu corazón sabe que para él, para los dos, nuestra casa ya no está. Y se marcha, como cuando ves el Sol caer y vuelves a caer sobre tu soledad, a esperar que vuelva a aparecer para levantarte la sonrisa. 

Y no, no es exactamente ese dolor que te lleva bajo tierra y te destruye los sueños; es ese tipo de dolor que sabe muy bien como llevarte bajo las sábanas y cumplir todos tus deseos. Ríes, lloras, sonríes, y todo de felicidad, porque somos como niños que no saben gestionar esas emociones que están a punto de desbordarles el pecho.  

¿Cómo dormir por las noches cuando tu mejilla se ha acostumbrado a su pecho?, ¿cómo caminar por las calles cuando tu mano siente que le falta otra mano tirando de ella, corriendo sin un rumbo fijo?, ¿cómo escuchar todas esas canciones si no está para girar la cabeza y sonreírte de manera cómplice? Porque son cosas que sin esa persona te parecen incompletas.

Porque cuando sientes lo que sientes y un día decidiste dejar de sentirlo, todo aquello vuelve como una bolita pequeña de maíz, que se calienta y de golpe crece, sin entender muy bien qué ha pasado; pero pasa, y te gusta como sabe. Un guante de boxeo que golpea en tu pecho, solo que el guante es una mano que te guía y unos labios que saben curar cada una de tus cicatrices. 

Millones de personas en este mundo han intentado describir que es para ellos el "amor", pero puestos a sentir, yo que quedo con todo este "dolor". 

jueves, 19 de marzo de 2015

Jugar al escondite es de cobardes.

"Lo difícil es ser aquel que brilla en la oscuridad"

Algún día, de algún mes, de, vete tú a saber qué año, decidiste que lo mejor era esconderte entre las sombras; y qué ironía que ésto sea así, cuando lo que más miedo nos da haya sido siempre la oscuridad. Nos escondemos entre miedos, inseguridades, heridas sin cicatrizar...o eso nos decimos, porque es más fácil no afrontar la situación que mandarlo todo a la mierda y dejar a más de uno con la boca cerrada. 

Creemos en verdades universales, cuando no conocemos el universo en su totalidad, cuándo ni tan siquiera nos conocemos a nosotros mismo por completo. Tampoco conocemos a los demás, pero nos tiramos a la piscina sin saber que a veces es nuestro futuro lleno de lágrimas. En mi caso, ni tan siquiera meto la punta del dedo para saber cuan fría tienen el alma. 

Qué lastima el resguardarnos y autocompadecernos por comentarios que se podrían perder entre el olvido si tan solo nosotros quisiéramos, si tan solo nosotros nos quisiéramos. Y qué lastima cerrar a cal y canto cada puerta y cada venta, reprimiendo nuestras ganas de sentir cada rayo de Sol, por miedo a quemarnos y sentirnos un poco más vivos. La vida está ahí fuera para disfrutarla, aunque nos hemos acostumbrado a pasar los domingos bajo una manta y un motón de sueños por cumplir. 

Porque jugar al escondite está bien cuando tenemos a quien diga aquello de "¡por mí y por mis compañeros!", pero ya sabemos que no todos estarán dispuestos a salvarnos. Están aquellos que juegan con nosotros, pero hoy por hoy doy gracias de tener a quien prefiere jugar a quererme, apostarlo todo y darse cuenta de que está ganando y que todavía la partida no ha terminado.

Es ahora y quizás, tal vez mañana, pero ahora más que nunca, cuando debemos agarrar las riendas, los cuernos y la carrerilla, porque nunca se sabe cuando dejaremos de ver esa luz del Sol.

jueves, 8 de enero de 2015

Algún día habrá que empezar.


      Qué bonito es poder decir, con la boca llena de sonrisas, que la felicidad, además de tocar a la puerta, también toca en lo más hondo del corazón. 

        A veces nos esforzamos demasiado por agarrar de la mano al dolor, por miedo a volver a caer en picado, y nos escudamos en lágrimas y en un "no, yo no puedo", simplemente por eso, por miedo. Y a veces los demás no se esfuerzan nada en hacernos sentir mal, porque nosotros no nos esforzamos nada en hacernos sentir bien.

       Supongo que la suerte no es algo que exista sin más, porque, como bien me dijeron un día, toda la suerte que necesitamos la fabricamos nosotros. ¿Qué es suerte si no somos capaces de agarrar la vida como si únicamente tuviéramos una? Joder, si tan solo tenemos una. Quizás, después de todas estas palabras, por fin puedo decir que las puse en práctica y que se puede; se puede mirar al frente sin que las miradas de los demás te hagan sentir mal. Porque si ellos no son perfectos, ¿qué coño vas a sentirte tú inferior? Y que si un día te hicieron daño porque no sabían valorarte, pues empieza a pensar que el favor te lo hicieron ellos al soltarte y permitirle a otros quererte como mereces.

     Puedo decir con certeza que muy pocas veces el miedo me ha dominado tanto como para no lanzarme a la piscina, al espacio e inclusive a un pozo más negro que la boca del lobo, pero bueno, aquí sigo. No se trata de martirizarse por lo que fue y ya nunca jamás; ni por lo que hicimos mal, ni tan siquiera por lo que hicimos bien y aún así no fue suficiente. Basta de pasado, basta de futuro. Es tu ahora, o tu nunca.

     En realidad, si mi ahora está lleno de sonrisas y risas no ha sido porque los demás lo hayan querido, sino porque yo me he querido. Tampoco es mentira cuando sentimos que el estar mejor puede depender de alguien, porque a veces necesitamos dejarnos un poco; dejarnos para que nos quieran como queremos.

      No sé, que el estar bien con uno mismo no es cuestión de palabras, ni de palmaditas en la espalda, ni de consejos que sabemos que todos saben dar, pero no aplicar. Que la felicidad, después de todo, siempre reside en uno mismo, por mucho apoyo que tengamos, o que creamos tener. Quizás el problema sea ese: no rodearnos de personas que nos hagan sentir bien.

     Y claro que no es fácil el toro por los cuernos y decir "hasta aquí hemos llegado", pero algún día habrá que empezar a querernos más y a odiarnos un poquito menos.